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NTES do pTOscpuir i l lelaío de- Rabiccí conviene rccoidar iiuc lantn los reyes como los nubles y los L atidlICTtis de ia RccunquisU u ban hablilla I mente do tipos de caballos: lo ll nmdos pat irr nc UC cnin a i c iballos de k: ¡iMiino y ¿c Lujo- que se uliJi aban para ir de vtujc u en la apTiiximacidn ai campo cnemií- o, y k caballar de armas- que criin loi ijuc se cmplcihan en las batallas. Loa inmeTos eran, al piirecern animiide conicxíura recia v ánimo tranquilo... probablemente del tipo- pcichcíón asiurcón- o niiv rro (cahoza íma de c ra r c a a ojos ioícligcni y muy bcarados, grandes oflares, cuello icric y crestado, amplia candad torácica, ijarcs comi tente i. cuntlos irascTOi redondeados e inm e n s a m e n t e fuertes, patas de longitud media, rirsisicnre? musculosas, movimienios excelentes y gran peso y presencia) Los segundoü. muy al conlrario. er n caballos de gran tamaño v especialmente seleccionados por lU i u e n a iu resistencia y su velocidad en la carrCTa. Seguramente, de orijicn- árabe puc no hay que oJndar- y asi puede leciic en el- Cantar de Mío Cid -que durante muchos Mglos el mejor bolín que un criHiano podía tomar de un árabe era su caballOr. y caballos el mejor regalo o presente- que el caballero podía hacer a su Seiíor, Como lo demucs tra el propio Cid. ya en el canto 40 del poema, y (ras la batalla de C a U í a y u d enviando al rey de Castilla un presente -de tieinta cabjülos; A LOS CIBB CIMLLO PE LA MIITOBU VIDA Y HAZAÑAS DE BABIECA (22) 1 t ue en bueía hora nació- dice el poema- -sus dos OJOS le clavaba, embrazó el escudo y lue -o ba ¡ó ek astil de la lánz; i. acuiioneó a Babieca, el nballn que bien anda, y fue 1 atacarlos con lodo su corazón y su almaj Fue. además, el día que gana su famosa espada- Ti ona- v, sin duda, una de las batallas más duras y sangrientas entre moros y cristianos, ya que las huestes de Bücar triplicaban dicha jornada a las del Cid. en tal medida que Alvar Fúñci no dudó en decir que- esta batiilla que empieza es el Señor quien la harái dando a entender que Ja suene de sus vidas estaba en manos de Dios, Sin embarco, los del Cid ganaban ia batalla, aunque en el campo quedaserj miles de- caballoíi sin caballeros- v ciemos de cabezas con yelmo rodando por el suelo, -Siete millas bien cumplidas se prolongó el pelear- dice el poema, antes de que don Rodnpo se plan sc ante el rey Búvvjr y se produjese esta escena: MÍO Cid Campeador j Biicar ¡legó it alcanzar: -Volveos acá. rey Bücar. que venís de allende el mar. 1 J J tVí sías con el Cid de luenga barba, ¡legad, que hemos de besamos ambos para pactar amistad. Repuso Búcar al Cid: -Tu amistad corifunda Ata. Espada llenes en mana y Vo fe veo aguijar: ¡o que me hace suponer que en mi qmércsla probarMas si este caballo mío no me llega a derribar, connñgo no has de juntarle hasta dentro de la mar. Aqui le repuso el Cid: -Eso no será lerdad... Entonces- -prosigue el poema- -ambos cctniendientes se lanzaron al galope ifndido v en una carrera mortal. Delante va eJ árabe -Buen cavallo tiene Búcar c grandes salios faz- d e i r i s el cristiano t- mas Babieca el de mió i d alcanzándolo va l, hasta Lie a tres brazas del mar Don udrieo alc. 4ii7 a v mata de un solo taio al rey Bucar. Por lo que se deduce que Babieea no tenía rival en cuanto a velocidad ni en cuanto a luería y resistencia, Peío. por razones de espacio, aquí hay que poner ho pumo final al éapftulo. La qu viene les b ibUiré de los últimos días del Cid C a m p e a d o r y de aqui lta batalla q u e según la leyenda, fianó Bjibieca después de muerto el hér K Íes e 1 Í sodeis mió áíestro bragot D nqucz que el Criador nos a dado a -iiesti 3 guisa Tended con vuestra mafío, mbtJF vos quiero a CüsúeJla con mandado desfa bataUa que o emos arrancado; a ¡rey Altons que me a aviado quieto! enbiai en doa treinta cavallos. rodos coa sictías e muy bien entrenados, señas espadas de los argones colg ndo (Poíieriormenic el Cid hana varios- preíenlcS más a su rev V siempre con caballos tomddos lie los árabes. Tra la toma de Valenda dice: Si a voi pivgicse. Min ya. V no f p rr evr mnl. mandaros quiero a Castilla, donde eslíí nuestra heredad, y a nuestro rey don- 4 íbnsu, que es mi señor natural, ac todas estas gunancins que hcmoí hecho por cú. quiero darle cien caballos. tdchíd, vos J Hcvar; p ir íiu. ¡K die la mano. y firmemente rogad que a mi mtiier y mis hijas. que en aquella tierra están. i fuera iu uierreií fanfa. ya me las deje sacar... De- -p iú y le msmdíJ otros dosCientos para que el rey no piense mal dcl que en Valencia manda- Por HHIO ello bien puede decirse, pues, que los caballos de armáis da lii Riji ünqui iicL española fueron caballos de ori en árabe y que es en esos siglos cuando de v c r t l a d naciii el p u r a s a n g r e hispanO árabc. por ía constante mezcla y los cruces que tuvierii quedarse entre las razii proviniemcs del Norte y las del Sur, Próximo c; ipiuilo: Asi era Babiccav... un pura sangre hispüno- arabe de IOÍH pies a la cabeza o de la c a b e u hasta el r a b o- como el mismísimo Cid observa tras la batalla de Cuarte: Desde CuHera rtlvi mío Cid cí hicnhadado. muy alegre de lo que por hb campos capturaron: ín cuanto MIIC Babieca éc la cabeza hitsta el rabo. En otro luear del- Cantar- el poeta riJirta la batalla contra el rey moni W VM y l; i s n n rsrft- n de- Babieca de cara al mar- (por cierto, que es en este pasaje aparece el verso que despu ¿s han diado todos los especia escrilorcs d t cübalJos, H donde se lljtma a- Babieca caballo que bien anda: S Julio MERINO 66 La líliima batalla de- flabieca-