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Dr. Julio GONZÁLEZ IGLESIAS José Ramón PARDO J. L. MARTIN DESCALZO El cepillo de dientes los discos más vendidos El pecado original Posiblemente el precursor del cepillo de dientes fue el pluvial egipcio pajarillo que limpia los dientes de los cocodrilos a orillas del Nilo tras sus sangrientos festines. A falta de semejante ayuda de cámara, el hombre, eterno plagiario de la Naturaleza, hubo de valerse de otros auxilios para llegar al mismo fin. Acaso comenzara con los dedos y las uñas, escarbando como pudiera los restos inoportunos de comida entre los dientes. Cuando las reglas de urbanidad se fueron imponiendo se valdría de palos y raíces, costumbre que aún perdura en ciertos pueblos de África y de la India. Hipócrates recomendaba frotarse los dientes con lana empapada en miel y vino y su doctrina se respetó durante siglos. El gran dentista Fauchard, hacia 1728, puso de moda las esponjas con idéntica intención. La cosa era frotar la dentadura, ya fuera con lana, lienzos o esponjas. Hasta el siglo XIX no se empieza a hablar de los cepillos, y los primeros en usarse, como es de suponer, tenían las cerdas de origen natural, es decir, de pelo de tejón y jabalí, sobre todo. En la era de los plásticos, el nailon vino a hacer la competencia y poco a poco fue ganando terreno a las fibras naturales. De él se dice que es más eficaz que su competidor y que, sobre todo, no tiene el canal medular de los pelos de animal, donde fácilmente anidan los microbios. Actualmente hay cepillos de fibras sintéticas para todas las necesidades. Pequeñitos para niños, blandos, duros o medianos para adultos, especiales para los aquejados de piorrea y para los que llevan aparatos de ortodoncia, con conos de goma para los espacios interdentarios... Sería interminable mencionarlos todos. En líneas generales, un cepillo de dientes ideal debe tener un mango fácilmente aprehensible y adaptable al hueco de la mano, una cabeza no demasiado grande para que llegue a todos los recovecos de la boca y sobre todo a los costados de las últimas muelas. Las fibras, medianamente duras, elásticas y flexibles, con puntas redondeadas. En cuanto al modo de usarlo, actualmente se acepta que no hay fórmulas universales, cada uno debe hacerlo con arreglo a las peculiaridades de sus dientes; la cosa es que al final haya eliminado la placa dental. LPs cassettes 1 (1) T H E F I N A L C O U N T DOWN 2 (3) CON EL PASO DEL TIEMPO 3 (7) MAXMIX 4 4 (4) CAPRICHO RUSO 5 (2) CON TODA EL ALMA 6 (11) THEFINAL 7 (10) ELDUODINAMICO 8 (13) ENTRE EL CIELO Y EL SUELO 9 (29) P O E T A S EN N U E V A YORK 10 (5) TRUEBLUE 11 (12) GAUDI Europe José Luis Perales Varios Luis Cobos Nana Mouskouri Wahm El Dúo Dinámico Mecano Varios Madonna Alan Parson s Proyect 12 (14) IN T H E M I D D L E O F NOWHERE Modera Talking 13 (18) NO ES PECADO Alaska y Dinarama 14 (24) LIVEMAGIC Queen 15 (6) EVERY BREATH YOU TAKE ThePolice 16 (41) NOTORIOUS DuránDurán 17 (15) BROTHERS IN ARMS DireStraits 18 (22) VOLVER Amaya 19 (9) CANCIONES DuncanDhu 20 (16) B. S. O. 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Volviendo a ver el otro día El milagro de Ana Sullivan me llamó de nuevo la atención aquella escena en la que uno de los personajes, al ver cómo los esfuerzos de la maestra se estrellan en la cerrazón mental de la pequeña ciega sordomuda, le dice: Pero ¿usted nunca ha sentido el desánimo? ¿Nunca se ha dicho: esto es imposible? A lo que la maestra responde: Ese es el pecado original: desistir. No sé si la respuesta es muy teológica. Pero es ciertamente muy verdadera y humana. Uno de los grandes pecados de los hombres es el desaliento, el tirar nuestras esperanzas por la borda al primer o al tercer choque, el sentirnos un día desanimados tras una cadena de fracasos y decirnos a nosotros mismos: No hay nada que hacer, esto es imposible. El día en que esto hacemos hemos empezado a mutilar nuestra alma, que nunca vivirá entera con las alas cortadas. Él que desiste de luchar, el que se resigna a cualquier fracaso, ya está condenado a no llenar su vida, a dejarla a medias. Y es terrible comprobar que a los más de los hombres les escasea más la constancia que la inteligencia. No es que muchos carezcan de dotes para triunfar. Tienen inteligencia, tienen capacidades para hacerlo. Pero tal vez les falta eso que es lo más decisivo de todo: la constancia, la perseverencia, el tesón inquebrantable. Porque un hombre medianamente inteligente pero tenaz vale muchísimo más que otro inteligentísimo pero veleta. Confieso que yo nunca he estado muy conforme con ese tono negativo y despectivo que el diccionario añade a muchos adjetivos castellanos: obstinado, terco, tozudo, cabezudo, contumaz, emperrado, porfiado, testarudo, terne, persistente... Son, es cierto, negativos cuando se trata de encerrarse en las propias ideas o cuando uno se niega a revisarlas. Pero son, en cambio, positivísimos cuando se refieren al coraje de mantener la apuesta por la vida, a la constancia en luchar por aquello que se ama. Me parece exactísimo aquello que decía Luis Vives de que la constancia y la tenacidad son los principales puntales para un hombre que quiere triunfar Yo he repetido ya alguna vez en este cuadernillo que me impresiona el saber que los buscadores de petróleo tienen que excavar un promedio de 247 pozos para encontrar uno que les resulte rentable. Y no se desaniman por su cadena de fracasos. Siguen buscando, porque saben que un solo pozo fecundo vale la larga serie de búsquedas estériles. ¿Y la vida de un hombre valdría menos que un pozo de petróleo? ¿Y el encuentro de un verdadero amor sería menos rentable? La verdad es que, en la vida común, los más se desaniman al tercero, al quinto fracaso. Tiran la toalla. Concluyen que no hay nada que hacer. Y tal vez la fortuna les esperaba en el séptimo o en el décimo intento. Tal vez sea cierto. Tal vez nuestro pecado original sea el desaliento. Quizá es eso lo que hace que haya más fracasados que triunfadores. 47