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HUMOR AL LORO La columna de Isidoro Por Isidoro Loi ADOLESCENTES Di todas las bebías salvajes, un much, i cho es la más tííficil de mancjar. -OAiJoksconlc: persona bien ¡nfoTrtiada sobre ódn la que no lienc obligación df c Iudiar. Ladics homc Journal- OLa ado cs naa es una época úe camt os rapJdoSs Entre los doce y tos dieirisicts HTios di; sus hijos. lo padres suelen envejccer baila vcinre años. -OQ i n a enviada a la Jiccciún prcgutiMs v respuesias de un períódico Estiniada scriora: Mi madic siempre mo esiá riftendo por al ique si no cuelgo la ropa, i ¡ue M no me siento derecho, que hablo demasiado rüpnjo. que baje el olumen de Li Mfilo! ¿Oui puede hACti un pobre, indefenso joven de diecisiete iinosYRespuesta: -Cuelga la ropa, siéntale derecho, habla más despacio y b a p ei volumen lie la radio- -Ollopar: lugat donde los adolescentes llegan a reabaslcceisc, Palabra de h o r r o r CONFESIÓN E oLa Uiiolescencia es la etapa en que los niños cmpie an a educar a us padres. -ÜPor se ero que sea un padre Juzgando j su hijo, nunca es lan severo como un hijo juzgando a su padre. Poncela- OMuchacha moderna. Muchacha que no se aMjsu de nada, exccpro de un moni un de pillos sunos poi lav r. -OLos adolescenies no han cambí idn demasiado Todavía crecen, dejan J C Í A V se casan. La gran tiiferencia es que hoy en día no siempre Jo hacen en ese orden, Don Isíiiüro. qué íc dina a los adolecen les? -Oue a n más pacienres con nosotros. Después de lodo, no somos suficiente mente ¡lAenes para sidierlo tí do. N alguna ocasión he contado ya- o c o n t a r é- los graves torménIOS del insomnio, los t xtraños hábitos que impone a nuestra ida. Al levantaros, por ejemplo, pregunto a mi mujer: ¿Ou ¿tal has dormido? B i c n gracias, a u n q u e me he despertado algunas veces. Y ella se interesa asi: ¿Y l ú qué tal has velado, cariño? -D e un lirón- s u e l o c o n t e s t a r- (AunquCf en días afortunados, p u e d o decirle: Sólo rcguíar, me hc dormido un montón de veces, Perü es hora de confesar nuestras debilidades y defectos, después de habernos lamentado por nuestros padecimientos. En mi ánimo de insomne está hoy el reconocer que he odiado con intensidad, febrilmente, a los durmiemes. sobre iodo a esos que ic dicen: P u e s yo, en cuanto me tumbo, caigo como un ce p o r r o -Mis ven an as han sido terribles con ffecucncia. En verdad, puedo decir que sólo mi natuml bondadoso ha vitado qutí comeTi rr! i v; irins rt esínaios contra ingenuos dormilones que hicieron ante mi alarde de sus profundos y prolongados soporesUna luz se encendió un día en mi cor a i ó n y me dije: No d e b o odiar asf porque otros sean felices durmiendo y yo oo. D e hoy no pasa, he de confesarme, D o l i e n t e por un sincero a r r e p e n t i miento, acudí a la iglesia más pró; iima y me recliné en un confesonario. -H a c e mucho tiempo, p a d r e que no me he confesado. comcnctí. -N o le preocupes, hijo, y cucnlamclo t o d o- respondióme una voz débil y plácida, de anciano Umcvolentc. Y entonces hice relación de mis pecados, de mis iracundos odios de insomne. Conté conté, conté, Llevada diez minutos acusándome de tales impiedades cuando aprecié un sintomáiicn riimo de pausada v honda respiración al otro lado de la rejilla. Callé y a c e r q u é la o r e j a Iba a p r e g u n t a r ¿M e ove usted, padre? pero un enlemeccdor ronquido, discreto pero inequívoco, me hizo permanecer en silencio. Mi confesor se habla donnido dulcemente. y gradas a esta h b t o r i a que es verídica, comprendí que ni yo odiaba tanto ni son tan malos los que duermen. Desdp entonces, cuando alguien me aít; ftura que ha dormido como un lirón, ya no se agitan en mí aouelios instintos criminales. Palabra de n o n o r Igrwclo TORRUOS 38