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ABC, pág. 52- -DOMINGO 29- 3- 87 Buena nueva La alegría Los rostros de los cinco beatos en la fachada de la basílica Ciudad del Vaticano. Santiago Martín, enviado especial Cuando faltan pocas horas para la beatificación de tos cinco españoles, el ambiente que se vive en Roma es de aiegría entre los que han viajado desde España para asistir al acto y de pacificación entre los representantes de las delegaciones oficiales, tanto de a ¡giesia como del Gobierno. Ayer, en la Embajada española ante la Santa Sede- aunque se percibían los problemas de fondo- e! cííma fue de cortesía por ambas partes Marcelo Spínola, uno de los nuevos beatos, contestó a su madre cuando ésta l e anunció que le había sido concedida la Gran Cruz de Isabel la Católica: Los colgajos y los tratamientos no me seducen, pues no dan mérito al que ios tiene Ahora, desde el cielo, debe de estar contemplando con una chispa de ironía los problemas que se han creado en torno a su beatificación y a la de los otros cuatro españoles que le acompañarán hoy a los altares. Porque para él, para las tres monjas carmelitas y para el fundador catalán, Domingo y So! resulta absolutamente indiferente el que la delegación del Gobierno español esté encabezada por un ministro o por otro cargo de distinto rango. No es, en realidad, a los difuntos a los que se honra, sino a los vivos, a los creyentes españoles que hubieran deseado verse representados aquí, en esta ocasión, por una delegación acorde con el momento histórico que se celebra. Posiblemente también es ése el deseo de los mismos que componen la embajada oficial del Gobierno. Preguntados por ABC, todos han insistido en que ellos son unos mandados y que la decisión no es suya. Mientras tanto, ayer, en la recepción que se ofreció en la Embajada española, intentaron cumplir con sus responsabilidades de la mejor manera posible y derretir el hielo que en los días pasados se había ido creando. Al acto asistieron, desde luego, altos dignatarios de la Iglesia: el cardenal Baggio, camarlengo y subdecano del colegio cardenalicio; el cardenal Willebrands, prefecto del Secretariado para la unidad de los cristianos; el cardenal Innoccenti, ex nuncio en España, y monseñor Romero de Lema, que permanece aún en el Vaticano, pero que está jubilado. Fue Romero de Lema el único español de los arzobispos que trabajan en el Vaticano que aceptó la invitación del embajador. Por parte de la Iglesia española estuvieron presentes dos de los tres prelados de las diócesis en que murieron los nuevos beatos: Tortosa y Guadalajara. También asistieron los arzobispos de Tarragona, monseñor Torrella, y. de Zaragoza, moncc De la com AP decir que. lo más sigr encías. El Vaticano I no han pretendido plomático negándose a asistir. Se han limitado a enviar una delegación de una categoría menor, del mismo o parecido al que tiene la representación oficial del Gobierno. Ni estuvo presente monseñor Martínez Somalo, el máximo representante español en el Vaticano, ni lo estuvieron ninguno de los cardenales españoles: Suquía, González Martín y Jubany, presentes los tres estos días en Roma. El ambiente, sin embargo, fue cortés y distendido. Ninguno de los integrantes de ambas delegaciones quiere la confrontación y menos en estos días de gozo. Leopoldo Torres habló en nombre del Gobierno y afirmó que es voluntad del Ejecutivo asumir totalmente y en su integridad la historia de España. Subrayó que la virtud más necesaria en este momento en nuestro país es la de la tolerancia, y que las beatificaciones no debían ser un motivo para otra cosa. En este mismo tono le contestó el cardenal Baggio, como representante más elevado de la Iglesia en ese momento. Sorprendió, sin embargo, que no tomase la palabra ninguno de los obispos españoles. Mientras tanto, los miles de compatriotas que han viajado hasta Roma para acompañar a tos nuevos beatos en el día de su exaltación ocupan ya las calles de la ciudad y las lienan con su alegría. Las jóvenes sevillanas que bailarán dentro de unas horas en la plaza de San Pedro intentan dominar sus nervios; y en la fachada principal de la basílica vaticana ondean los tres tapices con los rostros de los beatificados. Esto es lo más importante de la jomada: la Iglesia puede ofrecer con legítimo orgullo a cinco de sus hijos como modelo de vida y de muerte. Todo lo demás son pequeneces que no pueden empañar el esplendor de un gran día. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, el Señor mira al corazón. Samuel Caminad como hijos de la luz... Despierta tú que duermes. Pablo Si estuvierais ciegos no tendríais pecado, pero decís que veis. Evangeiio El domingo pasado, el relato de la Samaritana nos escenificaba los pasos de ese proceso imprescindible que, bajo la responsabilidad del hombre, conduce al hecho de creer: El agua- Dios, la sed- necesidad de Dios, los pozos- soluciones humanas insuficientes, la verdadera adoración- el espíritu y la verdad, el pecado- Ios maridajes ilegítimos... son momentos decisivos e inevitables en la historia personal de cada creyente que haya de merecer este nombre. El Evangelio del ciego de nacimiento curado por Jesús es una rica historia cargada de datos también identificables en la vida de cada uno de nosotros; acompañado además por las certeras advertencias de las dos lecturas que le acompañan: La mirada de Dios... hijos de la luz. Alguien podría pensar que la fe como don y el creer como actividad son líneas paralelas llamadas a encontrarse; no es exactamente así. La fe como don está dentro del hombre y es anterior a toda actividad, es la Luz interior. El hombre nace herido por la luz; esa luz va a ser su pasión, va a decidir cada biografía. Nuestra primera responsabilidad y la última va a ser la luz que nos ha herido al nacer. Un cadáver es un cuerpo abandonado por la luz. Ver, llevar luz dentro es una necesidad, pero también es un riesgo. La luz es para ver. La luz que nos hirió es para ver e! sentido de sí, de lo (s) demás y la armonía mutua. Es pues lógico que haya cegueras y oscuridades. Pueden ser totales o parciales, de nacimiento o adquiridas, provisionales o definitivas, curables o incurables, pecado o desgracia. Jesús viene a curar nuestras cegueras, cualquier ceguera; pero se encuentra con dos ciases de ciegos: los que desean ver y terminan creyendo, y los que no quieren ver y terminan pecando. El diagnóstico de cada uno só! o lo sabe Dios. Sentirse heridos de luz y obrar en consecuencia, tiene un eco, unas resonancias sociales. Siempre hay alguien, algún espacio humano, algún recodo personal, donde la luz resulta insoportable. A los judíos, sacerdotes incluidos, no les molesta que el muchacho ahora vea físicamente (esto es secundario en esta historia) Los judíos están irritados con la luz de Jesús: Mientras estoy en el mundo soy la luz del mundo. El cristiano y la Iglesia debíamos sentir más preocupación por la luz interior coherente y humilde que por el resplandor apabullante; debíamos además tener una certeza: aquí y ahora no son más fecundos ios aplaudidos que los rechazados. La luz interior y su coherencia no son valores en alza, ni entre los ci: 3 se dicen cristianos. Se palpa una apología de la oscuridad. Jaime CEIDE S Ciudad del Vaticano. Efe, Ep Una numerosa representación de la Iglesia española, formada por veintinueve. obispos, más de quinientos religiosos y unos 17.000 fieles, asistirán hoy a la ceremonia de beatificación de cinco españoles en la Basílica de San Pedro. Los prelados asistentes a la ceremonia son los cardenales Suquía, González Martín y Jubany, además de todos ¡os prelados cuyas diócesis tuvieron algo que ver en la vida de los cinco nuevos beatos. Igualmente asistirá una importante representación de los obispos iberoamericanos, entre ellos el cardenal de Caracas, monseñor José Alí Lebrún; del de México, monseñor Corripio Ahumada, y el secretario de la Conferencia Episcopal azteca. E rfASPASA SALA ROCSERA Con instalaciones. Zona Generalísimo Teléfono 456 57 92, de 11 a 2