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VIERNES 27- 3- 87- RELIGION -ABCpág. 55 Díaz Merchán: En España, el Estado tiende a invadir todos los sectores Primeras declaraciones como ex presidente del Episcopado Gabino Díaz Merchán, arzobispo de Oviedo y ex presidente de la Conferencia Episcopal Española, participó en la realidad de los últimos seis años de España de un modo privilegiado, y no sólo como observador, sino también como protagonista. Nacido en Mora (Toledo) hace sesenta y un años, fue ordenado sacerdote en Comillas (Santander) en 1952. Trece años después, en 1965, fue nombrado obispo de Guadix- Baza, convirtiéndose en el prelado más joven de Europa. El día de la fiesta de la ciudad de Oviedo, San Mateo, en 1969, tomó posesión como arzobispo de la región asturiana, sustituyendo a monseñor Tarancón, cargo que compatibilizó en los últimos años con la presidencia de la Conferencia Episcopal. Ahora, don Gabino- así lo llaman la mayoría de los asturianos- está dispuesto al reencuentro con sus responsabilidades pastorales en Asturias que, si bien nunca fueron abandonadas, él mismo reconoce que no les pudo dedicar el tiempo necesario desde aquel 23 de febrero de 1981, cuando el intento de golpe en el Congreso y con los obispos reunidos para elegir a su presidente. Don Gabino es un hombre cordial, sencillo y claro. Se le encuentra psicológicamente aliviado de su responsabilidad anterior y, al comentarlo, sigue haciendo la observación del día de su relevo: Siento que me han quitado un gran peso de encima... que estaba persuadido de que aquello no se consolidaría en un retroceso; de que no prosperaría una marcha atrás en el camino sociopolítico emprendido por la nación. Los mejores recuerdos de estos seis años son los ocho viajes apostólicos en los que he acompañado al Santo Padre Juan Pablo II. No se prestigian las instituciones democráticas ¿Cuáles son las tendencias e ideologías en los obispos españoles de hoy? -Los obispos españoles no estamos divididos en posturas enfrentadas. No tenemos, alimentada por medios propagandísticos más que por la reflexión y el diálogo. La gente de sea que el Gobierno le resuelva todos sus problemas, como si fuera el papá de todos los españoles. No se están prestigiando las instituciones democráticas, como foro en el que se debaten con altura y seriedad los grandes problemas del país, sino que se está poniendo de moda la presión social en la calle, las huelgas y las manifestaciones callejeras, que a veces degeneran en piquetes violentos. ¿Cuál es el estado actual de las relaciones Iglesia- Estado? -Trato cortés. Buenas palabras. Escasos resultados. Desconfianza recíproca. Convencimiento y esperanza de que puedan mejorar mucho, supuesta la buena voluntad de ambas partes. ¿Considera usted un fracaso que durante su mandato en la presidencia de la Conferencia Episcopal haya sido legalizado el aborto en España? -Considero que la legalización del aborto: fue un fracaso para España, y que ha producido gran decepción en un buen número de españoles que esperábamos del Gobierno 1 medidas más positivas para modernizar a nuestra sociedad. Es una aberración legalizar la libertad para suprimir la vida de seres humanos inocentes. En importantes sectores de las naciones más avanzadas se está operando un cambio de mentalidad en contra de la legislación abortista. ¿Cree usted que la historia podrá llegar a juzgar el reciente documento de la Santa Sede sobre procreación y manipulación genética como un nuevo caso Galileo -Es un asunto que viene preocupando mucho, no sólo a los obispos y al Papa, sino: también a muchos científicos. Creo que el do- cu mentó es oportuno. En el fondo está el respeto por la vida humana y por la dignidad de la persona, que no está reñido con un sana progreso de la ciencia o de la técnica. El caso Galileo fue muy distinto. ¿Cuál es su visión de la Iglesia española actual? -L a Iglesia en España vive un momento de gran esperanza y ofrece signos de buena salud. Está situada ante un gran reto: encontrar el camino propio para realizar su misión en la sociedad española contemporánea con fórmulas nuevas que aseguren su identidad religiosa y su apertura creadora a los problemas culturales y sociales de la sociedad moderna. Este reto lo tenemos en común con toda la Iglesia en Occidente, aunque nosotros lo percibimos tal vez con especial intensidad debido a los cambios sociales profundos y acelerados, operados en España en los últimos años. La modernidad no está reñida con la creencia en Dios. ¡Todo lo contrario! Lo moderno sin Dios se vuelve hacia las aberraciones de la vieja sociedad pagana y por ello se convierte en hostil al auténtico progreso humano. Nuestra sociedad quiere libertad y democracia, pero no tiene madurez democrática todavía La enseñanza no debe ser patrimonio de los Gobiernos, sino de toda la sociedad gracias a Dios, bloques ideológicos. Tenemos la firme decisión de no intervenir en luchas políticas partidistas, -así como de hacemos presentes, desde nuestra misión propia, siempre que lo requiera el bien común de la sociedad, de los derechos humanos y de los valores religiosos. ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema de la sociedad española actual? -La sociedad española tiene muchos problemas en el momento presente. Puestos a enumerar, señalaría los siguientes: el paro en cantidad y en calidad muy importante, la competencia europea para nuestras empresas, el campo, que siempre ha sido la cenicienta; la falta de seriedad en muchos casos para el trabajo bien hecho, la demagogia política, la insolidaridad entre los pueblos de España en un movimiento centrífugo que hace que se pierda conciencia de Ja unidad nacional, etcétera. Nuestra sociedad quiere libertad y democracia, pero carece de experiencia, no tiene madurez ni estilo democrático todavía. Aquí hay un vacío de instituciones intermedias, y el Estado propende a invadirlo todo, con el consentimiento tácito de los españoles. Nuestra sociedad se. masifica cada éía más, Recuerdo de aquel 23- F ¿Qué le aportaron los seis años últimos, en la presidencia de la Conferencia Episcopal Española? -Una experiencia muy rica acerca de la Iglesia en su dimensión católica. Relaciones con otras Conferencias, relaciones con la Santa Sede y con el Papa, asistencia a los Sínodos, etcétera. Me he sentido alentado y ayudado por muchos cristianos, y hostigado y hasta insultado por algunos. Para unos y otros guardo agradecimiento, porque todo colabora a su modo al mayor bien de la Iglesia, si lo contemplamos desde la fe. ¿Podría contar alguna anécdota o recuerdo de estos seis años que se inician aquel veintrés de febrero... -Del veintitrés de febrero sólo recuerdo mi preocupación por si hubiera podido haber muertes en el Parlamento. Esto habría desencadenado una sucesión de hechos graves e imprevisibles. Pero yo estaba tranquilo por-