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ABC, L abrir un libro encuentro la recordatoria de su fallecimiento: el 27 de marzo se cumplen veintiún años de aquel día. Un recuerdo piadoso y una reflexión sobre el hallazgo. ¿Conoce la actual promoción de iniciados en la investigación quién fue José María Albareda? ¿Sabe lo que ella debe a esta egregia figura de la ciencia española en la concepción y desarrollo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, del que fue secretario general? Me temo que lo ignora o, si lo sabía, lo haya olvidado, porque él, como otros, estaba en acera distinta, la de la sombra, de los que, enlazados de generación en generación dogmatizan en nuestro mundo intelectual ahora como antes. El silencio para aquéllos llega a ser un atributo de la persona. Y, sin embargo, Albareda fue el artífice, cerebro clarividente, de esa gran obra que subsiste a través de vicisitudes de todo signo desde su nacimiento en los primeros días del año cuarenta. Recogía la valiosa herencia de la Junta para Ampliación de Estudios e imprimió al nuevo organismo todo el impulso de su capacidad organizativa con el conocimiento profundo que tenía, por haber vivido en él, del ambiente científico del exterior. TRIBUNA ABIERTA VIERNES 27- 3- 87 A 1 JOSÉ MARÍA ALBAREDA Fue desde la juventud un viajero infatigable, pero su formación investigadora la llevó a cabo en Suiza y en Inglaterra cultivando la Edafología, que introdujo después en España como una nueva ciencia al servicio del mejor aprovechamiento de nuestros suelos. Simultáneamente daba vida al Consejo de Investigaciones, siguiendo en buena parte el patrón de la Max Planck Gesellschaft y antes de que se estructurara el Centre National de la Recherche Scientifique con el que coincidía en los institutos propios y los investigadores profesionales en un criterio de continuidad. En él consolidaron su posición figuras científicas que hoy nos prestigian y de él salieron la mayor parte de nuestros profesores universitarios que multiplicaban en su vida académica los grupos de investigación por todo el área nacional. El Consejo ha sido cantera de investigadores genuinos y de maestros que apetecían la docencia en una conjunción de investigación y enseñanza. La motivación del Consejo se expone con brillantez en la disposición ministerial que lo creaba, pero se ha hecho caricatura del texto que, para ser objetivo, hay que situar en los momentos en que aparecía. Se vivía entonces en un clima de fervores religiosos y patrióticos como exaltada reacción, que era cobertura de actitudes y situaciones aun entre personas y medios que hoy asombrarían no poco si se enumeraran. Un historiador de este periodo, o, refiriéndose a un religioso, tan meritorio en el más puro ejercicio de la caridad cristiana como declarado oponente al régimen que se instauraba, ha escrito que discurriendo sobre la unificación de las ciencias en torno a la Verdad eterna, cifraba ante los jóvenes del grupo Escorial que le seguían nuestra misión intelectual en una integración bajo un común denominador: teología de la ciencia natural, de la experimental, teología de la historia, del derecho, teología del arte... Este era el estilo de la época, y no lo recuerdo en detrimento del religioso, sino como muestra del tono de esos primeros años aun en personas tan alejadas por su es- sos de la competencia por su mediocridad la obstaculizaban en ocasiones, deformando Por Manuel LORA TAMAYO con ello su fisonomía. Una mística oculta, de piritualidad de cualquier oportunismo. El Con- haber existido, no hubiera dado lugar a pernisejo, incorporando ciertamente nuestras ciosas disparidades ni a las desviaciones inconstantes tradicionales, se movía, sin em- teresadas que se producían. Si hubo discrimibargo, con la amplitud de la universalidad de naciones hay que atribuirlas a la limitación la ciencia en su múltiple y diversa representa- humana y no a cualquier extraña intencionalición. Albareda llevó a cabo la ordenación que dad. exigía el planeamiento de la esA l b a r e d a fue o r d e n a d o pecialidad que cultivaba, pero al sacerdote del Opus Dei en dimismo tiempo y, sobre todo, en ciembre de 1957. Antes de aumás amplias dimensiones, el sentarse para un retiro espiritual proyecto de la investigación esprevio a la ordenación me visitó pañola, en un vasto programa en el Instituto de Química con el que promocionaba sus distintas aire tímido característico de cualáreas fomentándolas en cualquier intervención que afectara a quier lugar de España donde su persona. Llego al sacerdocio existiera un grupo prometedor y- me decía- como la aspiración promoviendo la formación de inconstante de mi vida y quiero vestigadores en nuevos dominios ejercerlo en plenitud. Recuerdo para cubrir una tupida red de la enumeración que hacía: connuevas realizaciones. No descuifesionario, homilías, dirección de daba nada, aunque no pocas veejercicios espirituales. Consideces había de luchar con críticas raba que la atención exigida era y difamaciones no sólo desde incompatible con la que reclamaM. Lora- Tamayo fuera, sino también desde dentro ba el cargo de secretario general de la Real Academia y aun de parte de personas que del Consejo y solicitaba de mí de Ciencias tenían con él mayor afinidad. que durante la obligada ausencia Con dolor, pero con suave energía, conven- de su retiro hablara de ello al ministro dé cía de la rectitud de cualquier actuación cen- Educación para que fuera pensando en sustisurada. Marañón, contestándole al ingresar tuirle. No me extrañó nada su decisión, que en la Real Academia de Medicina, dijo del ciertamente emocionaba por la carga espiriConsejo: Podrá tener para algunos sus pun- tual con que la exponía. Decliné el encargo tos criticables en el sentido de que, como porque yo no tenía entonces con Rubio toda condición humana, las posibilidades de García- Mina la amistad suficiente que años su realización no eran únicamente las que después nos unió para un asunto tan delicahan servido para llevarla a cabo. Podían ha- do, pero se encontró intermediario de autoriber sido otras. Mas ningún hombre de ciencia dad que tratara con aquél el problema planespañol puede demostrar que esas otras eje- teado. La respuesta fue obvia: el ministro, cuciones hubieran sido más fecundas Y con el buen sentido que le caracterizaba, se más adelante, en el mismo texto comenta: mostró comprensivo ante el deseo de Albare Nada hay más difícil en nuestros días, por- da, pero estimó que no debía por el momento que la pasión viene perturbando desde largo acceder a él porque, sin otra circunstancia atrás, que el reconocimiento de la justicia; distinta de la ordenación sacerdotal, podría nada más difícil que esto tan sencillo de decir entenderse que el puesto de secretario del cuando debe decirse que las cosas son como Consejo era incompatible con el sacerdocio. son. Pasaron pocas semanas, durante las cuales el nuevo presbítero vivió las emociones de ¿Cómo era humanamente José María Ala- primeras misas en distintos ambientes y, ya bareda? Es difícil la síntesis de su personali- de vuelta en Madrid, me hizo partícipe de una dad, pero yo lo he definido en otra ocasión nueva confidencia: Monseñor Escrivá, gran como un cerebral con enorme capacidad canciller de la Universidad de Navarra, dispoafectiva que sabía controlar. Podía absorber- nía su nombramiento para rector de ella y Alse en sus pensamientos, ajeno del todo a lo bareda deseaba que la situación suya en el que le rodeaba, exponer con modestia pero Consejo se resolviera antes del nombramiencon firmeza y precisión sus criterios o con- to. No hubo tiempo para preparar una actuacentrarse en tierno diálogo con un niño. Así ción eficaz porque la noticia se hizo pública a era la dimensión de este hombre que amaba los pocos días. Su elección para el rectorado la Naturaleza como obra de Dios y concebía de la nueva Universidad fue un acierto, atencomo servicio a El su quehacer diario llevado dida su vocación académica de origen y la hasta el agotamiento físico. Propició siempre categoría internacional alcanzada que habían la apertura del Consejo, aunque no faltaron de prestigiarla. Pero, conocedor de sus pridentro elementos incontrolados que ternero- meras intenciones, esta nueva carga sin liberarse del puesto del Consejo creo que fue un serio golpe a su ilusión por el pleno ejercicio sacerdotal a que aspiraba. MOVILAUTO ES OPEL. Bravo Murillo. Mt. T t l 4461 2 50 Bravo Murillo. 6.1. Tel. 254 W ft 8 Así lo pensé entonces, como pienso ahora en el recuerdo, que a su repentina muerte no fue ajena la pesadumbre física y moral por esa acumulación de responsabilidades que él asumía, sin duda, con el gozo superior de una santa obediencia. Esto complementa para mí el trazado de su personalidad.