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MIÉRCOLES 25- 3- 87 CULTURA A B C 47 Arquitectura y sociedad: La modernidad de un debate antiguo La arquitectura se asoma a los escaparates de la modernidad como un producto más con que alegrar las discusiones al hilo de la moda. El debate entre arquitectura y sociedad retoma, no obstante, los ecos de una discusión antigua que enfrenta al hombre con su imagen. De la polis griega a la noción de urbanismo generada por las grandes ciudades surgidas en la Edad Media, desde la revolución renacentista a nuestros días, el rostro de la ciudad nos reveía el latido íntimo de cada sociedad. Tres arquitectos, como pórtico al II Seminario de Arquitectura y Periodismo que comienza mañana en El Paular, se interrogan sobre el papel de la arquitectura en el mundo moderno. Confusión y equilibrio entre actualidad y pasado ESDE los albores de la Humanidad, los tres grandes asuntos que han preocupado al hombre han sido religión, salud y vivienda, y a su solución ha dedicado tiempo, esfuerzo y entusiasmo de modo individual y colectivo. Solo cuando estos tres problemas se consideraron mínimamente resueltos, los hombres volvieron la mirada hacia otras cuestiones, casi siempre utilitarias y, por tanto, encaminadas a hacer más fácil el vivir cotidiano. Pronto el hombre descubre que no es suficiente la utilidad de las cosas y siente la necesidad de hacerlas bellas. Poner de acuerdo este último principio con la necesidad de guarecerse de tas inclemencias del tiempo, ha sido la obsesión durante miles de años de los arquitectos: desde aquellos que ejercieron como tales sin tener consciencia de ello, hasta tos que hoy, con. mayor o menor fortuna, nos afanamos en este antiguo oficio. Probablemente, muchos dirán que se trata de un esfuerzo demasiado grande para el resultado obtenido, que los habitantes de las ciudades de hoy se sienten frustrados e insatisfechos. Sin embargo, en esa razonable queja flota sobre todas las cosas el rechazo a la escala desmesurada que ha adquirido el tamaño de la ciudad, escala que sobrepasa con mucho la del hombre, que, una vez perdidas sus referencias, se siente infeliz. No se trataba de D Cuando, ya en este siglo, los estudiosos del tema empiezan a preocuparse por la ciudad como algo en sí misma, todas cuantas propuestas teóricas se han formulado sobre el posible modelo de la misma han sido hechas sobre la base de que et modelo de vivienda era suficientemente adecuado ocuando menos se consideró como un problema menor. ¿Qué extraño culto ancestral nos lleva a la aceptación de este confuso equilibrio entre modernidad y pasado? Aceptar que el hombre deba resignarse a ser tan sólo un espectador del tiempo en que vive, renunciando a vivir su época, renunciando a conformar no soto su futuro, sino su presente, renunciando a modificar su habitat para adaptarlo a sus propios usos y costumbres, tanto como sea necesario para tratar de alcanzar ta felicidad, sería, en cierto modo, una forrria de suicidio cultural. Grabado atribuido a Mantegna una cuestión de escata, sino de subsistencia pura y simple, la demanda de los siervos de la gleba que vivían hacinados alrededor del castillo del señor feudal. Desde aquel embrión de ciudad hasta las grandes metrópolis de hoy tenemos que admitir que algo se ha avanzado, aunque en la evolución la Humanidad haya ido dejándose jirones de su propio ser por el camino. Mientras, entre todos, buscamos una justa felicidad, cabe recordar las palabras finales que Woody Alien pone en boca del personaje que él mismo juega en Annie Hall Sí, doctor; mi hermano, que se cree una gallina, debería estar en el manicomio, pero... necesito tanto los huevos. José Luis VALENCIANO LLOVERA El rostro de la ciudad L A ciudad es el medio que, al menos por ahora, ha encontrado el hombre para desarrollarse tanto en comunidad como individualmente, es decir: para vivir y convivir. Esta notable necesidad humana requiere de espacios diferentes, pero estrechamente ligados, pues se influyen mutuamente, ya que por la ley de la causa y el afecto a todo conflicto interno le corresponde una expresión externa y viceversa. Esta relación es tan fuerte que por pequeña que parezca la causa su efecto o expresión puede ser muy grande. El mayor impacto que la ciudad produce en nosotros lo recibimos a través de la percepción de su espacio urbano exterior y de éste, el elemento más importante son los edificios que expresan formalmente, en cada tiempo y lugar, algo vivo que llamamos ciudad, constituyendo precisamente su rostro. Tal vez sea porque una imagen vale más que mil palabras, tal vez por lo que representan o simbolizan, pero sin duda alguna por algo tan sencillo como su comunicación directa mediante la fuerza de la estética, por lo indiscutible de lo bello y armónico. Belleza y armonía mutante con el tiempo por muchos factores y que se alejan cada vez más de la referencia física del individuo, trasiadándose poco a poco hacia los aspectos raciales y trascendentales del mismo, donde se encuentran la composición y Ja sensibilidad; en definitiva, donde radica la abstracción. Para entender hoy lá lectura de la ciudad es necesaria, por lo tanto, emplear otra escala posiblemente más compleja, pero mucho más rica que nos facilite (por ejemplo) la comprensión de por qué su rostro pasa, en ocasiones, de contener vanos a ser un solo vano. Esto sólo se consigue con una escala que se base en la sensibilidad y la razón. La Configuración de ta ciudad, la materialización formal de lo que en ella ocurre, recae principalmente sobre el arquitecto y específicamente lo que se refiere a su estética. Sin embargo, por trabajar con gran cantidad de NECESITAMOS Con e xperiencia profesional. Taquimecanagrafía, correspondencia y archivo. Incorporación inmediata. Absoluta reserva a colocadas. Enviar historial y fotografía al Apartado número 8.256. 28080 Madrid condicionantes, de los que muchos de ellos son ajenos a su voluntad y difícilmente controlables en el proceso de su trabajo pero inevitablemente se reflejan en el rostro urbano, no es el máximo responsable, aunque, eso sí, no le queda más remedio que dar la cara por otros que también lo son. Esto es triste, pero no lo importante. Lo verdaderamente grave es no poder evitar, desde el principio y el poder individual, todo aquello que, como la especulación del suelo, ei crecimiento ilimitado de las limitaciones de la normativa, la mala construcción, la complejidad de la gestión, la decadente oferta de los productos inmobiliarios sustentada en la demanda y la incapacidad de selección por falta de la deseada preparación de ésta última, son las principales causas que producen la erupción que convierte, a veces, el rostro de las ciudades en esperpéntico, pues no hay diseño que fácilmente pueda digerirlas. Por el contrario, con un poco más de interés, reflexión, conciencia ciudadana y buena voluntad, seguramente no podríamos desterrar por completo esa sensación que, a ratos y de forma alternativa, tenemos todos de que la ciudad es un infierno o un paraíso, pero es muy posible que continúe siendo el mayor espectáculo del mundo Alvaro GARCÍA LUJAN