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jBC, pág. MO- RELIGION -MIÉRCOLES 25- 3- 87 Mañana se cumple el XX aniversario de la encíclica Populorum progressio Juan Pablo II subraya el sentido revolucionario de la misma Ciudad del Vaticano. Miguel Castellví Para Juan Pablo II, la crítica radical de un falso concepto del verdadero progreso y la condena del liberalismo junto con la del colectivismo totalitario, realizadas hace veinte años por la Populorum progressio siguen siendo válidas. Lo dijo ayer en la solemne conmemoración de la encíclica de Pablo VI celebrada en el Vaticano, en la que además del Papa intervino el presidente de la Comisión Justicia y Paz, el cardenal Etchegaray. La encíclica, dijo el Papa, condenó una ¡dea errónea de progreso concebido como si lo único que cuenta fuese el enriquecimiento material y egoísta a costa de acabar con los recursos naturales, de arruinar el ambiente ecológico, de no atender a las necesidades humanas de cada trabajador Este concepto se ha demostrado equivocado y hoy se tiene la experiencia de que él desarrollo ni es lineal ni supone un crecimiento indefinido como se pensaba entonces. Somos conscientes- añadió Juan Pablo I I- de los límites intrínsecos y extrínsecos que presenta la finitud de la Naturaleza, las exigencias éticas, la verdadera vocación humana y su finalidad. El progreso, dice la Populorum progressio debe concebirse en cambio como tránsito de condiciones de vida menos humanas a otras más humanas Esta noción, exigida por la vocación propia del hombre y su finalidad temporal y eterna, supone una crítica penetrante tanto de las diversas formas de capitalismo liberal como de los sistemas totalitarios inspirados en el colectivismo. En ambos el valor económico es visto como valor supremo, con la consecuencia de que el hombre es convertido en servidor del desarrollo Consecuencia de este planteamiento es la amenaza para la paz que, según Juan Pablo II, representan no sólo las divisiones ideológico- políticas existentes entre Este y Oeste, sino también las económicas y sociales entre Norte y Sur. La encíclica indica cómo estas diversas laceraciones inciden unas en otras afirmando que el desarrollo es el nuevo nombre de la paz Esto significa que la división entre una parte del mundo, rica en bienes, y la otra, pobre, influye sobre las divisiones políticas y acentúa su carácter conflictivo y su potencial explosivo El Papa habló también de los cambios que se han producido en estos años. Uno de los más importantes es el gran crecimiento tecnológico que ha llegado a manipular las mismas fuentes de la vida Otro es la red de sistemas globales de información que nos rodea por todas partes y penetra en nuestra vida privada. Desgraciadamente, estas sofistiPablo VI publicó el 26 de marzo de 1967 la encíclica Populorum progressio que significó la puesta al día de la doctrina social de la Iglesia cadas formas de la tecnología contemporánea, buenas en sí mismas, pero distribuidas con tanta desigualdad y utilizadas por algunos sin preocupaciones de orden ético, han servido demasiado a menudo para proyectar y realizar intervenciones contrarias a la vida y la dignidad del hombre Otro preocupante ferómeno de nuestro tiempo es la llaga del paro que sigue creciendo en perjuicio de los jóvenes sobre todo. Es éste- -dijo Juan Pablo I I- un síntoma preocupante no sólo del estado de nuestra sociedad, sino también de las condiciones de la economía, que se demuestra incapaz de poner remedio. El Papa recordó por último que la encíclica ya hablaba del problema de la deuda internacional, al que el Vaticano ha dedicado recientemente un documento. La diócesis de Madrid ha organizado una serie de actos para el jueves y el viernes, en el Seminario de Madrid, para unirse a la conmemoración de la encíclica Populorum progressio publicada por Pablo VI el 26 de marzo de 1967. Las conferencias serán a las 8 de la tarde en San Buenaventura, 9. La encíclica en frases Una renovada toma de conciencia de las exigencias del mensaje evangélico obliga a la Iglesia a ponerse al servicio de los hombres. La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto ni puede ejercitarse este derecho con detrimento de la utilidad común. No hay razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera a la necesidad propia cuando a los demás les falta lo necesario. El liberalismo sin freno que conduce a la dictadura fue justamente definido por Pío XI como generador del imperialismo internacional del dinero. La insurrección revolucionaria- salvo en el caso de tiranía evidente y prolongada- engendra nuevas injusticias y produce nuevas ruinas. Es a los padres a quienes toca decidir, con pleno conocimiento de causa, el número de sus hijos, aceptando sus responsabilidades ante Dios y ante sí mismos. Hay que construir un mundo donde la libertad no sea una palabra vana y donde el pobre pueda sentarse a la misma mesa que el rico. Sentimos viva satisfacción al saber que en ciertas naciones el servicio militar puede convertirse en parte en un servicio social Con los actuales sistemas comerciales los pueblos pobres permanecen siempre pobres y los ricos se hacen cada vez más ricos. La hora de la acción ha sonado ya: Todos los hombres y todos los pueblos deben asumir sus responsabilidades. Mientras que en algunas regiones una oligarquía goza de una civilización refinada, el resto de la población, pobre y dispersa, está privada de casi todas las posibilidades de iniciativa personal y de responsabilidad, y aun muchas veces incluso viviendo en condiciones de vida y de trabajo indignas de la persona humana El desarrollo no se reduce a un simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre. Si la tierra está hecha para procurar a cada uno los medios de subsistencia y los instrumentos de su progreso, todo hombre tiene el derecho de encontrar en ella lo que necesita. El bien común exige algunas veces la expropiación, si, por el hecho de su extensión, de su explotación deficiente o nula, de la miseria que de ello resulta a la población, del daño considerable producido a los intereses del país, algunas posesiones sirven de obstáculo a la prosperidad colectiva. Desde luego no se podría admitir que ciudadanos, provistos de rentas abundantes, provenientes de los recursos y de la actividad nacional, las transfiriesen en parte considerable al extranjero, por puro provecho personal, sin preocuparse del daño evidente que con ello inflingirían a la propia patria. Una reforma agraria improvisada puede frustrar su finalidad. Una industrialización brusca puede dislocar las estructuras que todavía son necesarias, y engendrar miserias sociales, que serían un retroceso para la Humanidad. Es cierto que hay situaciones cuya injusticia clama al cielo. Es grande, en estos casos, la tentación de rechazar con la violencia tan graves injurias contra la dignidad humana. Sin embargo, ya se sabe: no se puede combatir un mal real al precio de un mal mayor. No basta aumentar la riqueza para que ésta sea repartida equitativamente. No basta promover la técnica para que la tierra sea humanamente más habitable. El hambre de instrucción no es menos grave que el hambre de alimentos. Un analfabeto es un espíritu s ubalimentado. Hoy en día, nadie puede ya ignorarlo, en continentes enteros son innumerables los hombres y mujeres torturados por el hambre. No se trata sólo de vencer el hambre. Se trata de construir un mundo donde todo hombre, sin excepción, pueda vivir una vida plenamente humana. Cuando tantos pueblos tienen hambre, cuando tantos hogares sufren miseria, cuando aún quedan por construir tantas escuelas y hospitales, todo derroche público o privado, toda carrera de armamentos, se convierte en un escándalo intolerable.