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MIÉRCOLES 25- 3- 87- OPINION -rABC, póg lo largo de hora y media ha respondido el presidente del Gobierno a las preguntas que se le han hecho en la rueda de Prensa de ayer. Quizá por la reiteración de algunas cuestiones, quizá por la superabundancia verbal y la escasez de novedades, el conjunto ha resultado tedioso, de tono plano, sin verdadera luz. Pero no es esta valoración genérica la más urgente que debe hacerse de la rueda de Prensa, sino aquella otra que responda a otras interrogaciones principales. ¿Por qué se ha convocado a los periodistas cuando apenas faltan dos ías para el debate parlamentario de la moción de censura? ¿Por qué no ha esperado el presidente del Gobierno a hablar donde más debe hacerlo, que es en el Congreso? Esta actitud, inusual en otras democracias europeas, parece calculada para restar importancia al debate de la moción de censura, para trivializar la generalizada conflictividad y el descontento social. Han quedado adelantadas respuestas y hasta divagaciones. Lo cual, inevitablemente, producirá un efecto de depreciación de no poco de lo que en el Congreso se le diga. Para el Parlamento, no se puede estimar positiva esta actitud presidencial. Para el p a r t i d o de la oposición, Alianza Popular, que ha presentado ¡la moción de censura, ño es actitud cortés, ciertamente. Unida la rueda de Prensa a otros análogos precedentes, no es posible decir que el actual presidente del Gobierno sea un político con capacidad parlamentaria, sino lo que hoy damos en llamar un comunicador. El comunicador en este, como en otros casos, ha tratado de colorear la realidad. Ha intentado modelar ciertos datos incontrovertibles, como si quisiera disminuir algunos hechos o lograr que otros dejaran simplemente de existir. El problema de fondo no es, sin embargo, el de la moción de censura ni el comportamiento poco parlamentario del presidente del Gobierno. El gran problema de hoy es la división interna, profunda, probable; mente histórica, que se abré en estos días dentro del socialismo español. El dilema afecta en verdad a la raiz de lo que se ha lla- A LA DIVISIÓN SOCIALISTA mado el felipismo: si el Gobierno del PSOE hace hoy una política de connivencia con los sindicatos aproximará a la nación a una suspensión de pagos, en un proceso de grave debilidad para los equipamientos productivos y los resortes de nuestra competitividad. Pero si el Gobierno hace, por el contrario, una política de ajuste económico y de firmeza ante la UGT, el Partido Socialista puede perder el respaldo de buena parte de sus bases, cansadas de soportar unos sacrificios y unas decisiones que, erróneamente, cree derivadas de un pacto con el mundo financiero. Ese temor a perder las bases se refleja en las cifras de las elecciones sindicales y la victoria de Comisiones Obreras en un alto número de grandes empresas. La guerra entre sindicatos, sobre todo en el marco de las empresas públicas, ha adquirido estos días niveles de inquietante virulencia. Don Nicolás Redondo parece sentir un miedo cósmico ante la posibilidad de perder un milímetro de terreno. La subasta de maximalismo izquierdista puede llevar a los sindicatos hasta el terreno de la irrealidad y al Gobierno a un espectacular descalabro. Asistimos a un pulso muy duro entre dos tendencias. La oficialista está encabezada por los señores Guerra y González como es sabido. Pero la línea discrepante empieza a contar con algunos pesos pesados del socialismo, temerosos ante las respuestas meramente verbales que el jefe del Gobierno ofrece ODO el actual sector laboral radicalizado- -aparte están las otras conflictividades de los mundos agrícola, educativa y de la sanidad- -tiene una característica común: está ocupado en empresas públicas. Además, todas ellas han tenido a lo largó de los últimos ejercicios contables- -la única excepción fue, en el último, Iberia- -enormes déficit presupuestarios. De este modo se han convertido sus trabajadores en perceptores de salarios financiados, de modo muy importante, gracias al sacrificio de todos los contribuyentes españoles. Dentro de esta realidad obrera, la de la minería del carbón ofrece unos datos concretos especialmente preocupantes. Las cifras de la empresa estatal Hunosa corroboran, desde su fundación, que es una entidad socializadora de pérdidas de modo gigantesco. Por este motivo ya por dos veces ha tenido que verificar con su capital operaciones acordeón; o sea, que al haberlo perdido totalmente ha tenido que reducirlo en su balance a cero para a continuación ampliarlo en la cuantía que el Estado se veía obligado a invertir para continuar el- alud de pérdidas. En ningún momento se logra atisbar enderezamiento de la situación. En 1980, las pérdidas por lo que se llama la tonelada subterránea, o sea el todouno o carbón recien extraído sin lavar, alcanzaban las 5.708 pesetas corrientes en 1980. En 1985 llegaban a 10.733 y en 1986 se estima su cifra en 12.162, siempre por tonelada. T LOS FOCOS RADICALES El trabajo minero es duro y arriesgado, y ha sido capaz de proporcionar en el pasado cuotas de bienestar significativas para España. Sin embargo, el enlace entre la falta de claridad en las expectativas del sector público- -desconoce, sin ir más lejos, la cuantía de las reservas asturianas y su probable coste de extracción- y el que en la región nadie acierta a ofrecer una política adecuada sobre su futuro provoca una alianza social en la protesta, que desemboca en una estéril búsqueda de un statu quo que a nada conduce. Es especialmente grave esto porque en el mundo comunitario se plantea ya sin rebozo alguno que España debe cerrar nuevas instalaciones siderúrgicas. Léase a los expertos en estas cuestiones Marcel Genet y Eric G. Friberg en el artículo Cómo deben cortar la producción las siderúrgicas europeas, aparecido en The Wall Street Journal dé 23 de junio. Tras Valencia, ¿acaso Asturias y acaso tan sin explicaciones serias como la primera va a ser la amenazada? Esto ha engendrado irritación y solidaridad regional con la otra empresa pública deficitaria asturiana, Ensidesa. La falta de claridad en la política industrial del Gobierno actúa, pues, de parcial lenitivo sobre la protesta asturiana. Pero esto no cabe en relación con la situación laboral de Renfe. Lo que sus trabajadores pretenden es, en unos momentos de crisis nacional, un estatuto corporativo privilegiado a partir de una seguridad en sus puestos de trabajo inexistente en casi todo el resto del panorama de nuestra población activa. El modelo francés de huelga ferroviaria, que tanto trabajo costó frenar al Gobierno Chirac, sé ha puesto en marcha frente al débil Gobierno González. Por si fuese poco, ciertos sindicatos parciales de la aviación estatal, capaces de paralizarla sin necesidad de otras solidaridades, acentúan la presión. Nuestro sector estatal ha sido escogido, de modo cla risimo, y a causa de su debilidad casi congénita, como piedra de toque para la ruptura del bloqueo salarial acordado por el Gobierno. Si cede ante la radicalización, el caos económico avanzará Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC de Sevilla Francisco Giménez- Alemán Subdirector: Antonio Burgos ABC Subdirectores D. Valcárcel. J: Vila, J. Javaloyes, M. Adrio, R. de Góngora, J. Amado Jefes de Redacción: J. A. Guntíin (Conínutíad) J. C. Azcue (Internacional) B. Berasáteguí (ABC litera A. Fernández (Economía J. I. G- a Gaizón (Cultura) A. A. González (Continuidad) R. Gubéirez (Continuidad) L Lz. Nicolás (Reportajes) C. Mariboná (Continuidad) -J. L. Martin Descalzo (Sociedad) J. Orno (Edición) L. I. 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