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VIERNES 20- 3- 87 ESPECTÁCULOS A B C 73 -Crítica de cine Prod. Gordon Silver, para Fox (USA) 1986. Directora: Penny Marshall. Guión: David H. Franzoni, T. W. Melville y Patricia Irving. Fotografía: Matthew F. Leonetti. Color. Música: Thomas Newman. Duración: Ciento seis minutos. Principales intérpretes: Whoopi Goldberg, Stephen Collins, John Wood, Carol Kane, Annie Potts y Roscoe Lee Browne. Sala de estreno: Avenida. Comedieta intrascendente y entretenida en que se mezclan, alrededor de las dotes cómicas de Whoopi Goldberg, el mundo de los espías y el de los ordenadores. Whoopi Goldberg saltó al conocimiento público desde su encarnación de la infeliz protagonista de El color púrpura pero la actriz, pese a su indudable éxito como intérprete de acusados tonos melodramáticos, había llegado a alcanzar una cierta popularidad- -que le Hevó a obtener el papel en la película de Spielber- como acaparadora de una extensa gama de recursos cómicos. Y a estos recursos, precisamente, está dedicado su personaje- una operadora de ordenadores, abocada a las bromas y los chistes con sus compañeros- en Jumpin Jack Flash título original que se ha respetado extrañamente en su presentación española, aún con la coletilla del subtítulo Y arranca la aventura Jumpin Jack Flash de Penny Marshall Producción: Atlantic Enterteinment (USA) 1986. Director: Roben M. Young. Guión: William Mastrosimone, según su propia pieza teatral. Fotografía: Curtís Clark. Color. Música: J. A. C. Redford. Duración: Ochenta y nueve minutos. Principales intérpretes: Farrah Fawcett, James Russo, Diana Scarwid, Alfre Woodward, Sandy Martin, Eddie Velez, Tom Everett. Salas de estreno: Paz, Carlton, Urquijo y La Vaguada. Interiorización de una agresión sexual, con enfrentamientos y cambio en las relaciones víctimas- verdugo, de dudosa eficacia dramática. Extremitíes La humillación de Robert M. Young Producción: Cannon Group. Director: J. Lee Thompson. Guión: Robert Gosnell. Fotografía: Alex Phillips. Color. Música: Gary Chang. Principales intérpretes: Chuck Norris, Louis Gosset Jr. Melody Anderson. Duración: Ciento tres minutos. Salas de estreno: Bilbao, Consulado, Garden, Liceo, Palacio de la Prensa, Versalles, Victoria. En la línea de Indiana Jones aventuras más o menos exóticas, resueltas con tanta pobreza de medios como de imaginación y con exageradas dosis de mimetismo. J. Lee Thompson no ha sido nunca un realizador de primerísima línea, pero sí fue, en su día, un realizador de cierto prestigio, a quien se encomendaban trabajos de cierta envergadura económica y del que se recuerdan éxitos comerciales como La cañones de Navarone o, en menor escala, un par de secuelas de El planeta de los simios Con la edad- nació en 1914- la imaginación creativa parece habérsele ido agotando y, de otra parte, le ha resultado difícil reponerse del espectacular fracaso que supuso, en 1979, Caboblanco imposible intento de remake de la genial Casablanca En consecuencia, ha acabado trabajando para Menahem Golan y Yoran Globus, los magnates de la Cannon, en condiciones poco menos que de miseria, poniéndose al servicio de un Chuck Norris cada día más en declive e intentando poner en pie una especie de pastiche de Indiana Jones que hace que se perdonen todos sus defectos- que los tenía- a la secuela de En busca del arca perdida Es El templo de oro una película de aventuras a la antigua usanze, planteada- como lo estaban las de Spielberg- casi con esquema de serial Y podía haber sido divertida si se hubiera empleado en ella, además de una mayor inventiva y unas menores dosis de mimetismo, un poco más de dinero. Porque todo en el filme rezuma escasez de medios materiales, a comenzar por los horribles decorados, y el cine que se quiere superespectacular no puede hacerse escatimando el dinero. En consecuencia, las andanzas de Norris y Gosset, acompañados por Melody Anderson, ni apasionan ni, cuando son tratadas en clave de humor, divierten, y el filme se arrastra cansinamente pese a su vocación de dinamismo, dejando de interesar al muy poco de haber comenzado. La puesta en escena es rutinaria, el guión torpe y sin sorpresa y las imágenes, debidas al en su día supervalorado Alex Phillips, escasamente impactantes. Tampoco contribuyen a salvar la película los intérpretes. Chuck Norris se repite, acordándose, de vez en cuando, de su antigua condición de karateka. Gossett, en su día escarizado por Oficial y caballero se limita a servir a su compañero las ocasiones de eventual lucimiento y sólo Melody Anderson, sin ser, ni con mucho, una estupenda actriz, resulta, cuando menos, estimulante y hasta, por momentos, dotada de un peculiar sentido del humor, lo que se agradece sobremanera. César SANTOS FONTENLA El templo de oro de J. Lee Thompson En sus inicios, Extremities fue una obra teatral, con un solo escenario y dos personajes fundamentales: un violador que elige a sus víctimas- mujeres solas que viajan en automóvil mientras él lo hace en motocicleta, a las que aborda, obligándolas a conducirle a un paraje solitario para consumar su accióny una mujer a quien las circunstancias sitúan como presa propiciatoria. Su propio autor, William Mastrosimone, se ha encargado de ilustrar en un guión los antecedentes visuales de sus diálogos, el comienzo de las relaciones de la todavía joven y deportista Marjqrie, con su aspirante a violador, para centrarse luego en el encuentro de ambos en la casa de la mujer- que comparte con otras dos; un chalé relativamente apartado y con jardín- el día en que Marjorie se queda Porque una aventura es- con el plantea- sola. miento clásico del inocente casualmente enLa trama presenta una estructura con dos vuelto en una trama de suspense e intriactos y desenlace. En el priemro, el violador ga- la película en cuestión. La que corre la socarrona y chispeante Terry Doolittle cuan- llega a la casa y, a base de violencia e intimidación, domina y humilla a su víctima. Para do, tras manejar a su capricho su ordenador, luego, cambiar las tornas, ya en el segundo, en la empresa bancaria donde trabaja, camy pasar la víctima a desempeñar funciones biando afectuosos saludos con corresponsa- de transitorio verdugo. Robert M. Young, de les de medio mundo, e incluso recetas de co- quien cabe recordar él excelente documento cina, recibe un misterioso mensaje en la pan- dramático titulado Alambrista se ha dejado talla. Un agente americano, tras el telón de ganar por la citada estructura teatral, por las acero, que firma Jumpin Jack Flash al pe- incidencias del largo diálogo del violador y su dirle que le llame al día siguiente a una hora presa, y así la película, resulta reiterativa precisa, involucra a la inocente y juguetona- además de discursiva y enojosamente deoperadora en un asunto de espionaje y con- mostrativa- en su largo tramo central. Interetraespionaje. sa el planteamiento, las secuencias iniciales y Whoopi Goldberg tiene ocasión de desple- puede interesar asimismo- por sus efectos gar todo un arsenal de recursos cómicos, imi- melodramáticos- el final, con su positiva taciones incluidas, canciones y bailes alter- conclusión, pero ese interés se pierde en una nando con carreras, gestos y muecas, hasta especie de laguna central, compuesta por las alcanzar en ocasiones un ritmo considerable- muecas de James Russo, mente enloquecido y delirante. Si el espectaEsta última lleva a cabo un apreciable trador se identifica con la forma de hacer de la bajo de actriz, lejos ya- y no solamente por Goldberg, con su gracia, la película le diverti- edad- de la glamoürosa y sosísima esrá, más allá de la simple comedia de espio- trella de la televisión que se empeñaba en naje- con guión relativamente bien trabado- hacer cine. Farrah Fawcett realiza un meritoque sería con otra protagonista menos per- rio esfuerzo, aunque acaso abuse- por exisonal gencias del guión, obviamente- de la gliceriJunto a Whoopi, absoluto eje maestro y na de ojos. Junto a Farrah Fawcett y James Russo fundamento absoluto de la película, aparecen Stephen Collins y John Woods, como los per- -éste poco convincente pese a los excesos sonajes cuya condición última- aliado o gestuales- -aparecen la eficaz, pero aquí topo de la KGB- resulta dudosa- para la desdibujada, Diana Scarwid, y la sólida- y protagonista- hasta el último momento, man- morena- Alfre Woodard. teniéndose así una cierta tensión, casi siemLa tesis de La humillación es clara: exis pre resuelta de forma suficientemente cómi- te indefensión jurídica de la víctima de cualca. quier agresión sexual si no hay testigos. SePenny Marshall, la realizadora, muestra ofi- guramente porque, ante la ley, todos tenemos cio y buen estilo, aprovechando con habilidad- -debemos de tener- los mismos derechos y la baza sustancial de las virtudes expresivas tanto vale, sin pruebas, la palabra de la violade su protagonista. Lo cual no resulta mala da como la de su violador. Lo que no resulta carta de presentación de esta realizadora en tan evidente es el aprovechamiento dramático- cinematográfico de la misma. su primera película. P. C. Pedro CRESPO