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V 66 A B C LA FIESTA NACIONAL Séptima corrida de las Fallas de Valencia VIERNES 20- 3- 87 En- las Ventas El Día del Padre... y muy señor mío Alberto Martínez volvió a demostrar cualidades Valencia. Vicente Zabaia, enviado especial Me despiertan mis hijos con una llamada desde Madrid por aquello del Día del Padre. Me felicitan, me cuentan el partido de anoche del Real Madrid, me hablan del arte de Juanito y me dan ánimos para llevar mejor el día que me espera. A las doce, toros; a las tres espera la crónica mi compañera Encarna con la taquigrafía a punto. A continuación, tente en pie en el restaurante de mi amigo Enrique Grau, el ambiente más taurino de Valencia; viene acompañado de su hija Yolanda, que hará notarías el próximo año, y de su cuadrilla de subalternos con el Parri y Jesús en la barra y la conversación de toros a flor de labios y El Soro torero de la tierra en el corazón. Y en seguida a los toros. Día del Padre, pero de padre y muy señor mío para un servidor de ustedes, que es un aficionado de toda la vida; pero la afiRafi Camino ción no le da a uno de sí como para contemplar doce toros en el espacio de seis horas y, encima, bolígrafo en mano y garrapateando en el tendido. Así que, a pleno sol (por la mañana daba el sol en mi localidad de sombra) con visera de cartón como en mis mejores tiempos juveniles de la peña Los de Hoy, en la andanada del seis de Madrid, contemplé la embarullada actuación de Litri con un nervioso y pegajoso novillo de Alvaro Domecq. Hubo desarme, achuchones y casta, mucha casta en el joven novillero de Huelva, que ha sacado el corazón del padre. Mató de pinchazo y estocada atravesada y tres descabellos. Escuchó muchas palmas. En el cuarto, que era un torito, Litri lanceó valiente. También se había lucido en un quite al tercero por faroles con las dos rodillas en tierra, con la marca de la casa. El novillo de Alvaro Domecq, después de haber derribado en el primer tercio, se echó la siesta en banderillas. Tras unos estatuarios de Miguel, vino el litrazo, que esta vez le salió movido. Siguió con la derecha, pero el novillo se volvió a caer. Menudo berrinche se habrá llevado el ganadero, con toda razón, en estas Fallas con la corrida de toros de ayer y la novillada de hoy. Litri trató de arreglarlo todo con una voluntad heroica. A ratos compuesto, otras voces atropellado, el caso es que buscó los aplausos por todos los caminos, aun a costa de no pocos empujones y hasta volteretas. Mató de un estocada y cortó la oreja, que había buscado con tanto ahínco. Rafi Camino puso toda la voluntad del mundo para agradar a los valencianos mañaneros, que cubrían más de tres cuartos del aforo de la plaza. El toro de Domecq se le iba a las tablas, mansote y huido. Rafi echó el resto en un largo trasteo- -empleando ambas manos con grandes deseos de complacer a un público, que no acabó de entrar en la faena del chiquillo del maestro de Camas- -que padeció lo suyo con el novillo berreón y probón en sus embestidas. Pero no hubo forma de alcanzar el perseguido éxito. Mató de pinchazo y estocada. El quinto era de la ganadería del Torreón. Iba bien por ambos lados. Rafi corrió la mano con temple. Se sucedieron los pases larguísimos, engatusando a la res hasta donde le daba de sí el brazo. Con la zurda logró una serie limpísima, a la que siguió otra menos vistosa, para continuar tranquilo y conocedor del oficio en buenos pases con la zurda, que le supusieron muchas palmas y el reconocimiento general a la facilidad que tiene el chico para torear. Mató de una estocada atravesada. Le concedieron una oreja, pedida por unanimidad, y dio la vuelta al ruedo. Buena la formó Alberto Martínez en un quite al segundo y en los lances de saludo al tercero: las manos abajo, el compás abierto, ei percal arrastras, sacándolo por debajo de la pala del pitón. Los aplausos de los paisanos y de los que no lo somos echaban humo. El de Alvaro Domecq llegó a la muleta quedándose corto y amagando por el izquierdo, con mucho peligro. Alberto Martínez se quedó muy quieto. Baja la mano una barbaridad, somete mucho, con un valor estoico, tirando espléndidamente del animal, tapándole la cara con el engaño y llevándole muy embebido en el trapo. Parece mentira, con lo poco que ha toreado este crío. Mató de una estocada arriba. El toro tardó en caer. Su torpísima cuadrilla no sabe que cuando los toros están heridos de muerte hay que retirarse del animal, en lugar de agobiarle despertando su instinto defensivo, lo cual le hace mantenerse en pie. Por esta razón perdió la oreja y hasta le llegó un aviso. No obstante, dio la vuelta al ruedo. Con el sobrero de Alcurrucén, Alberto Martínez demostró que puede ser un colosal torero. El novillo se le quedaba. El diestro valenciano volvió a emplear el sistema de la mano baja, de la muleta barriendo la arena. El novillo, soliviantado por la traca (coincidió la faena con la mascletá que se nos metió en la plaza de intrusa y nos producía la impresión de que estábamos en el Líbano. Era imposible escuchar la música del bien torear del joven torero, que va para figura si el demonio (que es un canalla) no se pone por medio. Alberto Martínez tiene todas las cualidades que se requieren para mandar en el toreo; Ahora depende de él y de la suerte, que no le falle nunca. Dio la vuelta al ruedo después de sufrir las consabidas volteretas, alguna muy seria, como cuando se quedó enganchado en el pitón y no había manera de desprenderle de él. Pero todo ello es propio de un principiante que no regatea esfuerzo con enemigos realmente difíciles. En Aranjuez se lidiaron toros de La Castilieja, mansos. Niño de Aranjuez, palmas y pitos. José Antonio Carretero, silencio y ovación. José Luis Seseña, vuelta y aplausos. Los rejoneadores españoles superaron a los portugueses Madrid. José Luis Suárez- Guanes La corrida de rejones de ayer fue una victoria de los rejoneadores españoles sobre sus compañeros lusitanos. Curro Bedoya y Ginés Cartagena superaron con amplitud a los hermanos Ribeiro Telles. Nuestros compatriotas entendieron mejor la tendencia huida de los toros portugueses de Infante da Cámara, que, a partir de las banderillas, lucieron mayor ímpetu, muchas de las veces por haber sabido encauzar con bien los caballeros sus embestidas a través de las banderolas de sus rejoncillos. El veterano Curro Bedoya demostró su oficio y su fácil sobriedad. No dio rienda suelta a ninguna concesión. Clavó y toreó a caballo siempre en el centro del ruedo. Sin buscar nunca el abrigo de las tablas. Destacó uno de los pares al quiebro y también uno a dos manos en la línea de aquellos que inventó Ángel Peralta y que dio por primera vez en esta plaza allá por 1953, en una tarde de pinceladas de Cagancho. Mató de un rejón bajo y las palmas tenues fueron premio parco para sus merecimientos. Joao Ribeiro Telles trotó demasiado, no se acopló y no encontró el ritmo pausado de su escuela lusa. Destacó un par al violín como aquellos que- también en ios años cincuent a- ponía Bernardino Landete. El hijo de David Ribeiro lo colocó en terrenos del siete, en el sitio opuesto de uno sensacional de Landete en el tres, en una corrida de la Policía. Mató con brevedad y se silenció su labor. Sorprendió el ardor juvenil y la garra del debutante Ginés Cartagena. Cierto es que abusa de los efectismos, de que hace demasiado gala de su doma. Pero son vicios iniciales para buscar el aplauso. Pero hay madera, que es lo importante. Un quiebro haciéndolo todo el jinete, entrando. en el terreno del astado, con una valentía inusitada, fue lo más importante de su labor. Clavó algunas veces por los adentros, recurso válido cuando se está en unos primeros pasos que son esperanzadores. Mató al segundo rejón y saludó post mortem con el equino con las patas en alto, como hacía aquel rejoneador segoviano que se llamó Josechu Pérez de Mendoza. Dio la vuelta al anillo después de una mayoritaria petición. Antonio Ribeiro Telles- otro hijo de David- tuvo ante sí al toro con más pies. No se acopló con él nada más que en dos estupendos pares al quiebro, en los que dejó llegar al bovino dentro de la más pura escuela de su país: esa que renovó Mestre Baptista y siguieron Lupi y Moura, Salgueiro y Zoio. Bajó el tono después y al matar al segundo rejón no hubo manifestaciones. Las lidias en colleras transcurrieron en tono dispar: espectacular la de Bedoya y Cartagena, que dieron la vuelta con ligera petición, y opaca la de los Ribeiro, aunque Antonio destacó sobre Joao. En los toros segundo y quinto intervinieron los toreados lusitanos, que consiguieron en su primer turno la pega en la segunda ocasión y lo intentaron, sin frutos, por cuatro veces en el quinto, saliendo lesionados tres miembros de la cuadrilla.