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VIERNES 20- 3- 87- LA FIESTA NACIONAL -Octava corrida de las Fallas de Valencia -ABC, pág. 65 El carisma de Espartaco salvó la tarde Salió con El Soro a hombros por la puerta grande Valencia. Vicente Zabala, enviado especial Y otra vez en la plaza, Espartaco en el cartel. Le han echado al. torero de la tierra, a El Soro, como al que le echan un perro de presa. Mano a mano de dos diestros jóvenes. El uno, el que más torea en España. El otro, el que más cartel tiene en esta región. Colas para entrar en la plaza. Seis millones de pesetas para Espartaco. Tres millones y medio para El Soro. lleno hasta la bandera. Ficha de la corrida Plaza de toros de Valencia. Octava corrida de las Fallas. Lleno hasta la bandera. Cuatro toros de Jandilla, flojos y deslucidos, tambaleantes, sin el menor poder. Uno de Matías Bernardos muy bravo y muy noble y uno de Ramón Sorando. Espartaco, de saimón y oro, estocada (ovación, oreja y vuelta al ruedo) En su segundo, dos pinchazos y estocada caída (ovación) en el quinto, estocada (ovación, dos orejas y vuelta al ruedo) El Soro, de gris, plomo y oro, pinchazo y estocada (ovación) En su segundo, media y estocada entera (ovación, dos orejas y vuelta al ruedo) en el sexto, estocada (paseo a hombros y salida así por la puerta grande en unión de Espartaco) Había expectación entre el público, que se apretaba en los tendidos con la ilusión en la mirada. Estamos viviendo un claro resurgir de la fiesta nacional en lo que se refiere a la juventud, que retorna a las plazas, pese al escaso calor informativo que le prestan algunos medios. Es el tirón de la t r a d i c i ó n lo que cuenta, lo que arrastra a las masas hasta las plazas de toros. Si los americanos tuvieran este espectáculo... Adviertan ustedes que- todavía andan queriendo explotar el mítico perEspartaco sonaje de Búfalo Bill por los circos del mundo. Si los Estados Unidos o Rusia contaran con una fiesta de esta magnitud... ¡Hay que ver cómo estaba la plaza valenciana de color, calor y pasión a la hora de iniciarse el paseí- lio! El carisma de Espartaco Comenzó la tarde Espartaco a revienta calderas El toro de Jandilla era un amigo. Sería una ofensa para el animal llamarle enemigo de nadie. Su suavidad era tan grande, su cortesía tan impropia de un toro de lidia, que nos hace advertir a Fernando Domecq, ¡ojo! que de eso al borrego manso sólo hay un paso. Espartaco, que está en un momento cumbre, puede pelearse con los toros con temperamento, y si le echa usted un toro suavón y colaborador, incapaz de pelear con coraje, ni que decir tiene que hace con él lo que hoy con el que abrió plaza; pero el de Espartinas precisa un toro con más violencia para que luzcan su casta en contraste con la casta de los toros. Cortó la oreja (le pidieron las dos) en un periquete, como el que lava. Está sobrado de afición, de poderío y de cahsma con las masas, que ése es su gran secreto. El tercero de la tarde frenaba de salida, apretando para adentro. Espartaco se dio la vuelta y lo sacó para los medios. Allí dibujó tres verónicas y media. El toro se apagó en seguida. Estos toros de Jandilla andan ahora más cerca del toro de los años sesenta de aquellas ganaderías preferidas del Cordobés, que del toro pronto, alegre y repetidor que le dio merecida fama a esta ganadería jerezana. Lo que ocurre es que Espartaco le pega pases ahora mismo al burro de un botijero. Caldeó el ambiente con sus pases de aprovechategui de las pocas arrancadas del pollino con cuernos. Falló con la espada en los dos primeros viajes y con- cluyó de una estocada caída. Todo quedó en una fuerte ovación, que recibió desde el tercio. Juntó las zapatillas para recibir al quinto. Los brazos sueltos y la planta quieta. Un clamor de ovaciones. El de Jandilla no tiene fuerza. El presidente, sin cabeza, se empeña en que tome los tres f Z r puyazos cuando si lo 7 que quiere es aplicar el reglamento lo debería haber devuelto a los corrales. Sólo el carisma de Espartaco y su profesionalidad. -tiene El Soro ahora un temple portentoso- ha hecho posible que ese animal inválido fuera y viniera de un lado para otro sin caerse. Los círculos y contracírculos del toreo al natural, los redondos de muleta plana y parsimonioso recorrido, el pase de brazo adelante para llevarlo muy atrás, se convirtió en una sinfonía incompleta de entendimiento de la situación, y digo incompleta porque faltaba el toro, y eso, señor Domecq, no es de recibo, por mucho que se lo paguen ios empresarios y por mucho que lo exijan los toreros. Con el corazón en la mano, un criador de reses bravas no se puede ir contento de las Fallas con el pobre juego de unos toros que salieron adelante porque hay un torero con todos los resortes del dominio de masas y una técnica fenomenal que se llama Espartaco. Las dos orejas para él y la bronca, inmensa, para el presidente, que no concedió el rabo. La pita debería haber sido por no haber mandado el toro al lugar de procedencia. Era un enfermo de las extremidades. Inadmisible. No resto un ápice del éxito a Espartaco, que puede con el toro con fuerza, como lo tiene demostrado. A tope El Soro se fue a la puerta de chiqueros para instrumentar una larga de rodillas a su primero. A continuación, dos más, seguidas, y los lances a pies juntos. Hambre de palmas. Se le vendrían todas encima en el tercio de banderillas, con un par al cuarteo y dos de dentro afuera muy espectaculares; La faena de muleta careció de interés. El Soro se puso en seguida a la vera del animal, como el boxeador sin recursos que busca el cuerpo a cuerpo. El de Jadilla, que no anduvo sobrado de fuerza, le hizo un lugar a su lado, un huequecito, y allí, prietos, se pasaron los diez minutos sin el menor resquicio para el arte. Mató de un pinchazo y estocada. Grandes ovaciones para El Soro. El cuarto fue devuelto a los chiqueros por flojo. Era de Antonio Pérez. En su lugar salió un sobrero bis de Matías Bernardos. El Soro lo toreó mal de capa. Lo banderilleó sin lucimiento, pelmazo y repetido. El astado salmantino seguía el engaño con codicia. El Soro logró dos series de redondos con la punta de la muleta, pero ligando bien los pases entre el delirio de los paisanos. Una serie con la izquierda, abrochada con un molinete por detrás y el pase de pecho, según perdía el toro los vuelos de la muleta, hicieron que el gentío cayera en el paroxismo, que bordearía el éxtasis cuando el de Foyos la emprendió con los circulares, que hicieron honor a su hombre. La plaza era un. centro psiquiátrico. Brazos en alto, pasodobles, gritos de ¡Soro, Soro, Soro! media al encuentro y estocada caída. Las dos orejas, flores, mantones de Manila, un huerto de naranjas y el frenesí. El sexto, muy astifino, embestía topando (no me gustó la corrida de Jandilla, ¿lo digo otra vez? El Soro, pobre de recursos, mecheteó inseguro y desconfiado. Mató de una estocada. Dos toreros jóvenes, en mano a mano, muy para Valencia, visto con indudable picardía por la empresa autogestionaria, salvaron el flojo y descastado juego de los toros de Jandilla. Nos da miedo pensar en la corrida de Beneficencia de Madrid. Luego dice Leguina que el Rey le toma el pelo en el palco regio. Prepárate, presidente autonómico... ¿TIENE ALGO QUE VENDER? Utilice la Sección de Anuncios por Palabras