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84 A B C ESPECTÁCULOS MARTES 17- 3- 87 El violinista Stéphane Grappelli la armó en el Festival del San Juan Evangelista A sus setenta y ocho años, electrificó a la nutrida audiencia La actuación del violinista Stéphane Grappelli, broche de oro al VI Festival de Jazz del San Juan Evangelista, produjo el overbooking en el Colegio Mayor. Muchos aficionados se perdieron la primicia del universal Grappelli, mientras los afortunados que la presenciaron se resistían a abandonar el local, permaneciendo más de cinco minutos aplaudiendo, tras el consabido bis intentando que volviera al estrado. Stéphane Grappelli apareció acompañado del guitarrista eléctrico Marc Fosset y del doble bajo de Jack Sewing. Y aunque sus acompañantes estaban electrificados, el responsable de la alta tensión emotiva de los conciertos fue el violinista parisiense. Un poco más calurosa por la noche, pero no con gran diferencia de la brindada por la tarde, pues el astro Grappelli posee un fuego interior, a pesar de sus setenta y ocho años, cuya incandescencia es perpetua. Su violín fue lírico, alegre, elegante, puro, humorista, sorpresivo, personal, mundano, evocador, sin renunciar a la variedad, pero sin traicionar su estilo. Y, naturalmente, virtuoso. Los acompañantes, mejor en dichas funciones de apoyo que en sus solos, compartieron la atmósfera emotiva del maestro. Muy bien Sewing, y perfecto Fosset, aunque no tanto en sus breves protagonismos, divertidos, que incluyeron unos pinitos de susurros y canturrenos: una muestra más de la epidemia de McFerrinitis que asóla al jazz actual. Como valor añadido hay que señalar que, olvidando los adornos vocales del guitarrista, no se repitió ni un solo tema en los dos pases. Como anécdota, que Grappelli recibió una placa, como motivo y recuerdo de su paso por Madrid, que le entregó el Ayuntamiento, colaborador del Festival. En cuanto al temario interpretado, breves piezas que competían en duración con los aplausos del público, citaremos algunas de las más aplaudidas: Honeysuckle rose Just one of those things As time goes by If had to be you Fascinating rythm I got rhythm Someone to wacth over me Im beginning to see the light Moon River Cheek to cheek y un largo etcétera de feliz y lúdico retomo al pasado. En el tema que popularizó Miller, Chatanooga choo choo se ejemplificó el humor del trío. Inicio de locomotora de Fosset, y cuando los sabihondos pensaban que sería Take the A train pues no. Al final, todos rieron. Y con la misma intensidad que habían aplaudido su demostración de técnica y sentimiento pianístico, con recuerdo a Tatum. Un desgranado Begine the beguine y un acelerado Tea for two También, cómo no, el espíritu de Django Reinhardt estuvo presente en Danse norvegienne y Nuages Ángel LUIS INURRIA Música Los notables London Virtuosi, en los conciertos del Ritz Hotel Ritz. 14- 3- 87. London Virtuosi. Obras de Mozart. Hummel, Beethoven y Gounod. El empeño parece afirmarse. La respuesta es por completo positiva: en el número de asistencias, que llenan el amplio salón, y en el clima de ejemplar respeto, silencio y atención a la convocatoria musical que precede a la fiesta gastronómica. El temor lógico sobre la actitud de unos oyentes que ocupan sus lugares ante las mesas puede abandonarse. Los conciertos del Ritz, continuadores de la tradicional, ya lejana y brillantísima, del gran hotel madrileño, desarrollan esta nueva andadura con ¡os más positivos resultados. Hay, justo es reconocerlo, una voluntad selectiva que garantiza la bondad del producto filarmónico: Esta vez los London Virtuosi. Puede ser que el muy notable conjunto británico de instrumentos de viento no constituya, para las proporciones y características del fondo, el grupo ideal, ya que la sonoridad en los fuertes pide mayor holgura de espacio. Un solista de cuerda, un trío, un cuarteto parecen más indicados. Con todo, pudimos disfrutar del regalo artístico en muy estimables condiciones de acústica y con la jerarquía lógica dados los instrumentistas reunidos, muchos de ellos caras bien conocidas por sus presencias en las mejores orquestas inglesas. Tal es el caso el oboe solista de la London Symphony, Anthony Candem, cerebro rector de este grupo, guía del mismo. Decirlo no impide una personal confesión: creo que en él es muy superior la calidad del músico, la seguridad técnica y el dominio expresivo a la clase de sonido, que, como el de su colega Hayley Walters, no me parece de gran belleza por falta de dulzura y delicadeza en el timbre. A ese respecto, juzgo muy superior el de los otros seis elementos del octeto- en armonioso equilibrio damas y varones- a los que en Gounod se unió el buen flauta Peter Lloyd. Los clarinetes Andrew Marriner y Gilí Smith, los fagotes Robert Bourton y Helen Peller y los trompas Tim Jones y Raoul Díaz se hacen acreedores a la cita expresa. Cabría destacar en el Octeto en mi bemol mayor del discípulo de Mozart Johann N. Hummel, la calidad de fraseo, el matiz y el color del primer clarinete y la primordial ejecución y transparencia de los trompas. En el programa figuraba como pórtico una deliciosa obra de Wolfgang A. Mozart, la Serenata en do menor de la que resalta el tiempo último, con el encanto de las variaciones. Pudimos oír después un juvenil Rondino de Beethoven, y una simpática Petite sinfoníe para viento de Charles Gounod, de un romántico, amable y refinado lirismo. En correspondencia cordial a los generales aplausos, flauta, clarinete, fagot y trompa lucieron un admirable virtuosismo en una página de Rossini regalada, que puso la mejor rúbrica a la sesión, que- aspecto de mucha importancia en ciclos de este carácter- tuvo la medida justa. Antonio FERNANDEZ- CID