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MARTES 17- 3- 87- LA FIESTA NACIONAL Cuarta corrida de las Fallas de Valencia ABC, pág. 75 El petardazo de Ortega Cano Lucio Sandín va a dar guerra Valencia. Vicente Zabala, enviado especial En esto del ambiente taurino siempre surgen las sorpresas más inesperadas, por eso son sorpresas, sino serían rutina. Hoy me ha sucedido una anécdota digna de relatarse, aunque no dé el nombre del protagonista, para no perjudicarle de ninguna manera. Resulta que estábamos almorzando en un céntrico restaurante Petro Trapote, propietario del Joice Eslava, de Madrid, y el antiguo director general de la Seguridad del Estado, Francisco Laína, el hombre que gobernó España durante horas, cuando Tejero ocupó el Congreso de los Diputados. El cuarto era un sobrero de la ganadería Hablábamos del tema de Reinosa, de la situación actual del país, de la ola de huelgas, del Torreón, grandullón, bien armado, parecía todo de una manera coloquial, de forma cor- el padre de los tres toros anteriores. Manseó dial, como tema de sobremesa. De pronto el en varas y protagonizó un espectáculo de carreras y desbandada de banderilleros en el dueño, que nos estaba segundo tercio. sirviendo, sin que nos percatáramos de que En la muleta hizo todo lo posible para que nos estaba escuchando El Niño de la Capea no le pegara un pase, nos tiró encima de la aunque el salmantino, erre que erre, tenaz y mesa dos carnés de maestro, no renunció en ningún momento a identidad como la sola consecución del triunfo, que, por otra parte, lución de España era imposible. Le encontramos en estos comienzos de temporada tan torero como finaliLaína los cogió. Y zó la anterior. Muy meritoria la labor de El cuando los miró, con Niño de la Capea en este toro, aunque alguuna sonrisa fría le dijo nos no acertaron entenderlo, ¡qué sabe la al restaurador, como se gente! El buey se fue aldesalladero con un dice áribf a; 1 Estamos pinchazo, estocada y tres descabellos. en una democracia. Yo tomé los carnés y Lucio Sandín me quedé de piedra. Se trataba de una reproducción del que tenía entonces el capitán general de la región, don Jaime Milán del Bosch, y otro del que era teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina. Laina lo tomó con humor. El dueño del local no sabía que estaba sirviendo al civil que más hizo por frenar la acción de los que tomaron el Parlamento. Ni que decir tiene que me apresuré a aclararle quién era te persona que venía con Pedro Trapote. El hombre, confuso, recogió los carnés al tiempo que decía: Tiene razón el señor, estamos en una democracia... -Ficha de la corrida Cuarta corrida de las Fallas de Valencia. Buena entrada. Cinco toros de Baltasar Iban y uno del Torreón. Todos ellos mansos y deslucidos. Niño de la Capea, de azul marino y oro, pinchazo y estocada (ovación) En el cuarto, pinchazo, estocada y tres descabellos (silencio) Ortega Cano, de salmón y oro, pinchazo, estocada y nueve descabellos (bronca) En el quinto, estocada (bronca) Lucio Sandín, de azul y oro. Estocada atravesada (ovación y vuelta al ruedo) En el sexto, media estocada y cinco descabellos (aviso y ovación de despedida) La estocada, de rápidos efectos, dio paso a un broncazo de campeonato. Torero Muy mal de los cuartos traseros andaba el tercero, al que Lucio Sandín trasteó con garbo. Por la falta de fuerza llegó al último tercio defendiéndose, tirando derrotes y tarascadas. Pero el diestro madrileño no se arredró. Entre los pitones, consciente del peligro, pero terriblemente responsable, se la jugó con absoluta entrega, sin importarle el riesgo. Sabe que es muy difícil llegar hasta las ferias, y una vez que lo ha conseguido hay que salir dispuesto a morir, como hizo Lucio en esta cuarta corrida de la feria valenciana. Mató de estocada atravesada. Le obligaron a dar la vuelta al ruedo. El sexto era otro manso, de cara alta y cuello corto. Lucio Sandín se empleó. Lo sacó a los medios. Sobre la mismísima boca de riego mantuvo una porfía digna de un toro más claro de embestida. ¡Qué asco de corridita de los Herederos de Baltasar Iban! Sandín lo intentó todo. Faena larga que dio lugar a un aviso cuando acabó de medía estocada y cinco descabellos. Fue despedido con una fuerte ovación en agradecimiento a la entrega de la que hizo gala durante toda la tarde. Cuando abandonamos la plaza, ateridos de frío, las bandas de música desfilaban alegres y estruendosas. En cada esquina de Valencia hay una falla. La noche anterior se produjo la Planta de esta gigantesca crítica a la actualidad española, desde el Mercado Común a Butragueño, desde el impuesto del IVA a determinadas actitudes del Gobierno. En total, setecientos monumentos que han sido confeccionados por doscientos quince artistas acompañados de setecientos especialistas, novecientos cincuenta ayudantes y ochocientos peones y aprendices. Como se verá, las Fallas son una estupenda fuente de trabajo. Un trabajo que está condenado a las llamas. Esa es su salsa y la razón de ser de su existencia. Petardo Maestro El Niño de la Capea anduvo a gorrazos con el torete descastado que salió en primer lugar, un cornúpeta que no trasmitía la menor emoción, sin fuerza, deslucido ¡mira que es grave el problema de la crisis de la fiesta en el toro de lidia! y así es imposible que pueda lucirse ningún torero. Hemos pasado del toro bravo al toro boyante, de las dulces embestidas al borrego, y esto no puede seguir así. Reconózcalo El Niño de la Capea, que no consiguió el lucimiento que se esperaba de él, ¡qué pena! Acabó de dos pinchazos y estocada. Escuchó una fuerte ovación. Muy mal anduvo Ortega Cano con el primero de su lote. No acertó a cruzarse. Le vimos desacoplado, inseguro, lleno de dudas ante el gazapón toro de Baltasar Iván, que desparramaba la vista, no dejándole colocarse entre pase y pase. El público, que no suele ver al toro, sólo se percató del movimiento de las zapatillas del cartagenero, lo cual disgustó a los graderíos, que acogieron el trasteo del diestro con no muy buenos modales precisamente. Creció la pita con el mal uso del estoque al descabellar. Hasta nueve intentos precisó después de un pinchazo y una estocada. Ortega Cano escuchó una bronca. Muy cuesta arriba lo tenía Ortega Cano con el público cuando abrió la faena de muleta al quinto. Resulta que se había negado a banderillear. Esto aquí no lo perdonan. El matador está en su derecho de tomar o no los palitroques. El caso es que la cuadrilla, con Rafael Corbelle al frente, hicieron una siembra de madera en el suelo entre sustos y pasadas en falso. El toro no iba. Ortega Cano tampoco se decidía a tragarle. Palmas de tango, almohadillas y rechifla general mientras el de Cartagena se defendió medroso y desvergonzado al estilo de cierto torero de Sevilla... GRAN ACONTECIMIENTO. EXTRAORDINARIA EXPOSICIÓN PINTURAS MAESTRO COTIZACIÓN INTERNACIONAL SALÓN CANO PASEO DEL PRADO, 26. T. 2287752 PALMERO