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14 marzo- 1987 ABC Hícrarío ABC III arquetipos: el rey soERSEGUIR la El libro de la semana d o m i t a la c h i c a esencia de la neoyorquina... Más novela es emallá de la crítica relipresa imposible. Puede giosa o de la sociedad recordarse la ingeniosa contemporánea, en fórmula de Forster o vano buscaremos la cualquier otra que ponMANUEL VICENT constitución de una ga en guardia contra realidad específica, en las tentativas esenciaEdiciones Destino. Barcelona, 1987. 192 páginas. 975 pesetas que los personajes listas Y, sin embargo, pese a que todo eso es verdad comprobada que estaba enamorado. En realidad, nadie tengan su propio peso y entidad, donde las y controlada, el lector de novelas- que es el sabe quién mató a Abel, ni cómo murió, un relaciones sociales se produzcan según las resultado de una tradición, no se olvide- modo simbólico de racionalizar la parábola exigencias del microcosmos erigido y la trama se desarrolle a partir de los supuestos gesabe de la existencia, impalpable, difusa, del primer asesinato. nerados por ella misma. Estamos, repito, ante multivalente, pero real, de unos componentes Este fondo de racionalización me parece un apólogo, alargado hasta adquirir aparente sin los cuales lo que convencionalmente llaclave en la articulación del texto. Vicent bus- forma novelesca. mamos novela deja de existir. La dosis de esos elementos puede variar; su manifestaLas cualidades de Balada de Caín deberá ción reviste rostros y ropajes múltiples; pero encontrarlas el lector en su estilo. Manuel Visu presencia dota a los textos de esa narraticent es un magnífico articulista, dueño de vidad germinal, los hace, en suma, novelesuna prosa brillante y precisa. Y estas caractecos. Elementos cambiantes, inconsútiles, cierrísticas se manifiestan aquí de modo sobreto. Con todo, se encuentra en Proust y en saliente. Fastuosas metáforas, relampagueos Cervantes; aparecen en el Lazarillo y en el verbales, andadura rítmica medida y segura, Ulyses de Joyce. Ni la novela lírica, ni la pipotencia semántica que no se consigue a excaresca, ni la metanovela se ofrecen exentas pensas de la excesiva gravedad del discurso. de tales elementos. Los teóricos podrán arProsa limpia, bien construida, desplegada con güir sus razones; sería trivial adoptar frente a nitidez. Desde este punto de vista, el texto ellos un tono pedante e invocar al archilecestá lleno de alicientes. Pero el estilo- e n su tor de Riffaterre... sentido formal- no basta para conformar un mundo novelístico. Este es el fundamento ¿Cómo podríamos denominar esos eleprevio. Y el caso es que ese mundo pugna mentos, bajo qué enunciado cabría dartes por asomar en algunas ocasiones: así, por una cierta entidad? Generalizar es peligroso, ejemplo, en las páginas sobre el Nueva. York pero rehuir la posibilidad de la acotación resubterráneo, con esos cocodrilos blancos y sulta a todas luces estéril. Tal vez no iríamos ciegos que dan vueltas por las cloacas. No descaminados si habláramos de constitución pasan de ser un apunte. de la realidad Cuando en el texto se constituye esa realidad con modos, insisto, multiforEn su condición de apólogo, el libro de Vimes, estamos ante lo que reconocemos cent se presenta con funciones doctrinales como novela, en el sentido moderno del térclaras, conectadas con el desarrollo ideológimino, que, en definitiva, es el único pertinenco de ciertos sectores de la sociedad españote. Luego, le damos a esa realidad constituila, que descubren ahora con fervor los horida nombres diversos: mundos, climas, suszontes del laicismo radical y la crítica de la tancias, ambientes... Cuando esa realidad no mentalidad del nacionalcatolicismo. Son notose constituye, pese a ofrecérsenos con tales rias las concordancias existentes entre algunovelas, nos encontramos ante productos esnos pasajes de la obra y las columnas periotéticos malogrados en sus pretensiones. Sin dísticas de) escritor. Balada de Caín es un duda, pisamos terrenos movedizos. Los juitexto muy incardinado en las circunstancias cios sobre la existencia de la realidad fundaespañolas, y no sé si extrapolable a otros da por la obra literaria pueden ser harto disámbitos foráneos en que el debate ideológico cutibles. Ortega, por ejemplo, se equivocó al ca hacer la parodia de los personajes bíbli- pisa ya otros tramos, pues la laicidad perteponer en duda las cualidades novelísticas del nece al patrimonio común. Miró de El obispo leproso. Yerros así aconse- cos, con Jehová a ia cabeza. Dios puede ser un vaquero o un luchador de catch los ánPese a todas las reservas expuestas, el jan ser prudentes a la hora de emitir juicios sobre la cuestión. Pero es claro que pruden- geles son gorilas; Eva, una pobre mujer ator- premio Nadal parece confirmar con este título mentada y agnóstica; Adán, un triste hombre su búsqueda de niveles de calidad, tras el lacia e inhibición no son nociones equivalentes. acobardado, y el Edén, en fin, un criadero de mentable episodio de hace dos años, sufiBalada de Caín, la obra con la que Manuel monos. Por este camino, Caín acaba comul- ciente para destruir a cualquier galardón en Vicent obtuvo el premio Nadal 1986, es un gando en la catedral de San Patricio, antece- un país con más pulso literario que el nuesrelato- huérfano, en mi opinión, de sustancias dido de su perro, quien lo hace con unción tro. (En el momento en qué escribo estas línovelescas. El autor ha pretendido novelar la extraordinaria Son motivos tomados del su- neas, un nuevo fasto comercial está tefigura de Caín. Para ello no ha acudido a un rrealismo, sobre cuya licitud artística cual- niendo lugar; se conocerán ya sus resultados tratamiento simbólico o alegórico. El Caín del quier objeción sería impertinente. Otro episo- cuando el lector acceda a esta reseña. Es que aquí se nos habla es el mismo personaje dio clave en este sentido es el que presenta alentador que el Nadal adopte de nuevo su líbíblico, aunque adornado ciertamente de de- a Jehová encerrado en una jaula para ser nea tradicional de seriedad. Posee los avales terminadas envolturas imaginarias, que nunca vendido como esclavo en pública subasta, precisos para hacerlo. Apostar por los novellegan a alterar su núcleo fundamental. Esas 120 kilos en canal, todo magro, sin una piz- listas muy jóvenes es seguramente el desafío envolturas afectan, en primer lugar, a los ca de grasa Tal propósito racionalizádor en- con el que se enfrentan los editores españotiempos del relato: uno más o menos bíblico laza la Balada de Caín con algunos módulos les de prestigio. El Nadal se encuentra en las y otro rigurosamente contemporáneo. Con el de la narración dieciochesca, sobre todo con mejores condiciones para intentarlo. Cuando se repara en la política ejemplar llevada a primero, la historia se sitúa en un cierto clima la cuentística. oriental; con el segundo, el lector se ve trasEsta última referencia viene a abundar en cabo en el mundo de la edición italiana, la ladado al Nueva York de nuestros días. Dis- la orfandad de sustancias novelísticas del re- comparación no nos favorece precisamente. tan de ser entidades sin comunicación, de lato. La ucrania, el cambio de los tiempos Verdad es que por medio de otros factores: la manera que se imbrican, y las escuadras de históricos la no sujeción de los personajes producción literaria forma parte de la producaviones y de buques de guerra pueden tran- a las constricciones de la propia trama, des- ción general de un país y la literatura no es sitar los espacios y edades de la Biblia. Caín, hecha una y otra vez, pueden desembocar en mejor, ni peor, ni distinta que el resto de ese saxofonista en la ciudad de los rascacielos, el resultado del apólogo o de la fábula, pero país. no ha matado a Abel, bailarín homosexual de! no de una novela. Aquí no hay personajes en Migue! GARCÍA- POSADA P BALADA DE CAÍN