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ABC, pág. 44 TRIBUNA ABIERTA SÁBADO 14- 3- 87 A NA Rossetti: entre el oleaje liberal de Cádiz y la calle Malasaña, entre el mármol en éxtasis de la Santa Teresa del Bernini yla helada coquetería inexpresiva de Paulina Bhorgesse; del diván de nubes para un amor casi carnal y celeste a las otomanas y rasos neoclásicos en el frío deliquio de Canova. El amor místico y el amor profano, en su lucha de llamas y transverberaciones, en su búsqueda ansiosa ¿no serán, a la postre, el mismo amor? La colegiala Ana Rossetti deja temprano ante la estatua de la Santa Niña unos jazmines húmedos por donde, igualmente puros, igualmente vivos, reptan, apenas larva, los deseos imprecisos. Conoce Ana, como los santos, los miedos de las noches veladores en la larga galería dormitorio del internado, donde las camas castas, empavesadas de cortinas, fantasmales como navios nocturnos, apenas si cuentan para la defensa de furores satánicos con el asperges y una estampa de la madre fundadora. No es Claudine, la colegiala de Colette, picara y ligera como una gata persa. Ana tiene más alto destino: los vitrales del claustro con ángeles de gemas, la azucena en la jarra transparente, el cuello desmayado para la ajorca- garfios, pinchos, tenazas- del martirio. Y los himnos de Prudencio: Una mano inmunda desgarró tu costado, la hacen reclinarse con la languidez férvida de la primavera. Primavera del huerto donde el manzano fuera prohibido y donde los tulipanes se yerguen cerrados con el brío caliente de la tierra. Donde Leviathan, la antigua serpiente, tiene su ciénaga de esmeraldas y azufres, la larga cola hundida por los légamos de la carne que esbeltos arcángeles alancean con arpones de lises. UNA CIERTA SONRISA quier momento puede entrar derribando el biombo el chico Wrangler, Bibi Andersen o Coco Chanel. Por Pablo GARCÍA BAENA Imprevisible Ana Ana borda detentes, escapularios, agnus- Dióscura, gemela triple del inocente menadéis. Labra gradillas, randas, cañamazos. Lee ge donde la culpa se disfraza de fina lencelos novenarios milagrosos, el año cristiano, la ría y la premeditación tiene el encanto de los hojita parroquial. Canta al melodio en las sa- juegos prohibidos, la terrible perversidad inexbatinas. Pinta bullones de nubes en cortinillas perta de la infancia. y limosneras. Tiene un rosario de olivas de Ana ama lo tangible, lo instantáneo, lo peGhetsemani, otro de nácares de recedero: el varón caballo de Uccello, Mozart junto al limón de la Loreto, otro de semillas de la Tebebida helada, el vello del durbaida; las cuentas entre sus demiente marcando de iniciales los dos largos y mundanos que paembozos adúlteros. Ella, la derecen hechos para desacotar cepredadora, la altanera, planea ñidas calzas, son como rosas con su flash y los hace suyos, consumidas en el fervorin de la imborrables. súplica. Y una tarde, soplaría el levante desde la Cortadura o el Cuando Ana escribe ejerce Observatorio, los apuestos galauna potestad, la de saber que la poesía no es un país quimérico y nes católicos de don Francisco remoto. La flauta de Erato puede Muñoz y Pabón la enamorarán sonar en ese joven que en la capara siempre, y a su espera se lle recibe unas monedas por su dará los brochazos de Myrurgia música. en los lóbulos, hará algún triduo preparatorio y tenderá la colcha ¿Irreverencia? La pasión, la ceguera, el éntreme donde no de damasco celeste, presta para supe, mientras no se invente un la aparición. Pablo García Baena lenguaje distinto, tienen el mismo Del oratorio al boudoir galante Poeta balbuceo, con las debidas dissólo un paso, un pequeño paso de chapines de tacón rojo y borla de avestruz tancias, en el místico y en el burlador. Fresobre pieles salvajes. El artificio de lo natural cuentemente el arte nos da imágenes a la preparado nos lleva a la liviandad de lo im- vez santas y turbadoras como el San Juan perdible. Anadiomena con lunares postizos a Bautista de Leonardo, algún Correggio o el lo Watteau, Salomé en las visiones- cabellos Ángel de Salzillo. Conocida es la anécdota de gorgona entre la niebla- de Moreau o de del lego que acompañaba a Stendhal en una Wilde, la Beata Beatrix prerrafaelista pueblan visita artística: Es pecado que estas estaesa cerrada cámara, casi un cuarto negro, tuas puedan confundir fácilmente en la idea donde arde la mirra y Ana es sacerdotisa de de un amor profano. las complacencias, presidiendo, como en el Por esa linde contusa se mueve Ana, y el grupo de Carpeaux, el estiaje ebrio de la danresultado es la belleza extenuante de sus palabras en los lechos de llamas del martiroloza. Pero el ambiente, si pecaminoso por lo ornamental, nc es irrespirable y en cual- gio o en el irresistible encuentro de una discoteca: La cima es el Amor. rapiña y audacia que parecen inverosímiles. Conoció y trató de cerca a los más famosos Por Arturo USLAR PIETRI corsarios y piratas, ende la Academia Venezolana de la Lengua tre ellos al francés Peque el Rey de España provee, los ingresos dro el Otones, y al más famoso capitán Henry que obtiene de América y lo que los más Morgan, corsario de Inglaterra, que atacó mugrandes príncipes de Europa allí poseen. chas ciudades del imperio español en el CariTodo enriquecido de cartas geográficas y de be, entre ellas Maracaibo y Panamá, y que figuras en talla dulce por Alejandro Olivier logró muy ricos botines, para terminar, ennoOexmelin. Al pie aparece la fecha en núme- blecido por la Corona, como gobernador de ros romanos: 1686. Era, evidente, la primera Jamaica. edición de aquel fabuloso libro que el holanEl atrevimiento, la audacia, las astucias de dés Oexmelin, o Esquemelin, como otros le guerra que ponían en práctica para tomar por han llamado, dedicó a los piratas, corsarios y sorpresa convoyes y puertos, los relata, con bucaneros que merodeaban por el Caribe a don evidente de contador de cuentos, el imfines del siglo XVII, a la caza de flotas espa- provisado médico y pirata asociado. Su admiñolas cargadas de tesoros o al ataque de po- ración por aquellos hombres es sincera, desblaciones costeñas. cribe complacido los sangrientos hechos, los El holandés vino desde Francia a las In- abordajes, los combates de artillería, la toma dias, en condición de siervo, y quedó al y pillaje de las ciudades sorprendidas, y el servicio de uno de aquellos hombres sin ley rico botín de plata, cacao y objetos de valor, que se habían refugiado en la isla de La Tor- que luego se repartía, según una tarifa muy tuga, frente a la costa de La Española, con- precisa, entre los aventureros. vetida en refugio y punto de encuentro de piHojeé con delicia los dos breves volúmeratas y bucaneros. Muy pronto comenzó a nes, regateé un poco con el mercader y salí participar en expediciones, ejerciendo dudo- de la tienda con no menos fruición que el sos conocimientos médicos, y fue testigo, y propio Morgan con alguno de sus fabulosos seguramente actor, de grandes empresas de botines. H ACE poco tuve la oportunidad de entrar a una de esas livreries ancíennes que abundan a lo largo de la estrecha calle Bonaparte, en París. No iba en busca de nada específico, sino del gusto de los viejos libros y de la inagotable esperanza de toparme con alguna maravillosa sorpresa. Tuve suerte de aventurero esta vez. Mis ojos se detuvieron en el lomo de un pequeño tomo encuadernado de piel oscura, en el que podía leerse, no sin dificultad, un título incompleto que mentaba aventureros y las Indias. Era nada menos que un ejemplar de la primera edición de una de las obras más fascinantes que se han escrito sobre el pasado americano. El largo título, que llenaba la página liminar, y que traduzco del francés, decía: Historia de los aventureros, que se han destacado en las Indias, que contiene lo que han hecho de más notables en los últimos veinte años, con la vida, los usos, las costumbres de los habitantes de Santo Domingo y de La Tortuga y una descripción exacta de sus lugares donde se describe el establecimiento de una Cámara de Cuentas en ias Indias y los montos, tomados de esta Cámara, de los oficios tanto eclesiásticos como seculares CUENTOS OE PIRATAS