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SÁBADO 14- 3- 87- CULTURA -ABC, pág? 43 Bernard- Henri Levy: Los cantantes y los publicitarios usurpan el lugar de los intelectuales El neo- filósofo, en campaña por los derechos de la clase pensante París. Juan Pedro Quiñonero Bernard- Henri Levy (BHL) ataca de nuevo a bombo y platillo con un nuevo ensayo, Elogio de los intelectuales que pretende reivindicar el puesto de esta especie pensante en nuestra sociedad, usurpado, a su juicio, por el cantante y el publicitario, liquidando las posiciones antaño controladas por los profesionales BHL (no confundir con BHV, Bazar Hotel de Ville, los célebres almacenes) estima que Estefanía de Monaco está suplantando a Simone de Beauvoir; Yves Montad está cumpliendo la función de Raymond Aron, y Renaud (un cantante local con pretensiones) habría usurpado el papel a Jean- Paul Sartre. BHL considera insorportable que un empresario célebre, Bernard Tapié, se haya convertido en una estrella mediática en detrimento del puesto que debiera ocupar un intelectual BHL considera inadmisible y vergonzante que los cómicos de ta lengua (Coluche, Thirry Le Luron) hayan suplantado a los profesionales de la cosa intelectual- cultural, para quienes BHL reivindica un papel motor en el debate de las ideas Este Eloge des intellectuels ha sido publicado por la revista Globe (una cosa en plan fino- -moderno- snob -buen gusto... y por la editorial donde trabaja BHL, Grasset. Por supuesto, la tropa mediática se ha lanzado como una turba detrás del escándalo Tras las pretensiones redentoras y gremiales de BHL, su breve opúsculo plantea dos debates de distinto signo: intelectual y meramente corporativo. En el terreno puramente intelectual, BHL se limita a constatar ta evidencia: la dimisión de los intelectuales, su desaparición de la vida pública, su sustitución por pensadores gadgets (Montand, Coluche, Tapié, entre otros) que degradan el debate intelectual en unos términos que BHL considera inadmisibles En el terreno corporativo- gremial, BHL postula por una restauración administrativa que los cantantes, empresarios y comicuchos retornen a sus negocios, y dejen al intelectual, los debates intelectuales, que, a su juicio, le corresponden, según su propia concepción de la división del trabajo cultural. En el terreno intelectual, BHL vuelve a insistir en un problema que planteó, por vez primera, Max Gallo, en un célebre artículo publicado por Le Monde a tres columnas, en primera página: el intelectual francés está sufriendo una metamorfois profunda, y hace años que ha dejado de ser la suerte de pitonisa universal capaz de adoctrinar al mundo sobre el modelo económico yugoslavo, la revolución cultural china, la caña de azúcar cubana, la ruptura con el capitalismo. Con el entierro de Sartre, Francia perdió al más ilustre de los prototipos de este modelo nacional, en vías de extinción. BHL se inició a la vida intelectual aspirando, precisamente, a prolongar tal modelo con pretensiones sin duda proféticas: BHL ha sido, sucesivamente, comunista y anticomunita, maoísta y antimaoísta, revolucionario y conservador, católico y judío, marxista y antimarxista, nuevo- filósofo y rebelde sin causa Por supuesto: BHL ha considerado imprescindible cambiar cada temporada, con una celeridad rayana en la más patética ligereza. En su defensa de la función del clérigo intelectual, no obstante, BHL no ha dejado de usurpar las tareas de publicitario: la oferta de nuevos productos debe pasar por el fetichismo discretamente kirsch de lo nuco envuelto en el celofán multicolor del gadget que repite, en blanco y negro, un vídeoclip haciendo el elogio del consumidor de productos que soportan la prueba de los círculos de lectores. Cuando la muerte tentó a Machado en la soledad de Baeza Madrid. Pedro Corral Después de recorrer los espacios cerrados del alma y los espacios abiertos del paisaje castellano- aunque amplios, también interiorizados- el profesor Ricardo Gullón atravesó ayer, en su tercera conferencia del curso sobre Los mundos poéticos de Antonio Machado que imparte en la Fundación Juan March, los lugares baezanos del pensar meditabundo de un Machado que ha perdido a Leonor. Había muerto- -dice Guitónaquella muchacha que había alterado completamente su vida y avivado su personal forma de poetizar. En carta que dirige a Juan Ramón, Machado escribe: Estuve a punto de suicidarme, pero no lo hice porque sentía en mí una energía interior que no podía matar. Corre el mes de diciembre de 1912. Según el profesor Gullón, entre ese año y el de la publicación de Nuevas canciones (1924) Machado escribe bajo la influencia de Unamuno, a quien convierte en su guía espiritual. El poeta- señala Gullón- tiene necesidad de una permanencia espiritual en los espacios del recuerdo, en el altozano donde Leonor ha quedado para siempre. Su ayer está embellecido por la memoria que lo transfigura, y Machado crea un espacio etéreo, quebradizo, sumamente frágil, para la remembranza. Este espacio es de la pasión meditabunda donde ya sólo existen olvidos: esas partes de los recuerdos que más oprimen al hombre y que, en Machado, cristalizan en la palabra. En esos años, a juicio del profesor Gullón, el poeta vive dos experiencias paralelas: la del pasado en Soria, con Leonor ¿No ves, Leonor, los álamos del río... y la del presente en Baeza, instalado definitivamente en la soledad, cuando la contemplación de la belleza del campo andaluz le produce dolor Ay, ya no p u e d o c a m i n a r con ella... Ricardo Gullón estudiará el próximo día 17, en la conferencia que clausurará el curso, los espacios renovados del poeta que vuelve, después de siete años, a Segovia con la herida cicatrizada y s i e n t e la n e c e s i d a d de amar. ¿A quién? No importa. En todos los amores hay algo de invención. Gabriel Celaya: Sólo me suicidaré de alegría Madrid. T. H. Demicheli Si un poeta ha escrito las nanas de la democracia española- e n la que todos los jóvenes de los años setenta nos hemos acun a d o- él es Gabriel Celaya. Trece de marzo, viernes (día aciago) un rumor- ¿es el rumor el antecedente del periodismo? recorre las Redacciones de la Prensa madrileña. Gabriel Celaya se ha suicidado Teléfono mudo. ¿Será verdad? Una calle frente al Parque de Berlín. El portero de la finca sonríe algo socarrón. Gesto de complicidad, una seña: En el bar Allí, ciegamente existiendo, fieramente afirmando, como un pulso que golpea las tinieblas, junto a su mujer y a unos amigos- d e fondo: la tonadilla de una máquina tragaperras- el autor de Cantos Iberos, afable, sencillo, firme como un olivo milenario, suelta una saludable risotada: ¿Ya me quieren suicidar? ¡No mientras yo viva -tercia su mujer. -Y o sólo me suicidaré de alegría. Todo un epitafio. MUDO YO, GRACIÁN: Excuse el discreto el embarazar, y mucho menos a personajes se refiere aquí el padre Gracián a mis lectores que viven muy ocupados; y sería peor desazonar a uno de ellos que todo lo restante del mundo. Lo bien dicho se dice presto. El buen modo se vale aquí de su destreza: con una misma verdad lisonjea a uno se refiere aquí el padre Gracián al lector a quien caigo bien y aporrea a otro se refiere aquí el padre Gracián al lector a quien caigo mal Hase de hablar a los presentes en los pasados. Julio CERÓN Con el buen entendedor basta brujulear entiende aquí el padre Gracián por brujulear dar a entender y cuando nada bastare entra el caso de enmudecer.