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ABC, pág. 42 I hay tantas historias de México, o de Chile, o de Argentina, o de cada una de las naciones iberoamericanas, contamos también con obras de conjunto publicadas con el título de Historia de Hispanoamérica o de América Latina. Las obras del español Morales Padrón o del mexicano Rodríguez Lapuente son buenos ejemplos al respecto. El dominicano Pedro Henríquez Ureña trazó un cuadro espléndido, en un compendio que sigue siendo indispensable, al editar su Historia de la cultura en la América Hispana aparecida en México en 1947. Otro ensayo clásico, por el vigor de su estilo y la objetividad de su visión, es el del venezolano Mariano Picón Salas, De la conquista a la independencia. Tres siglos de historia cultural hispanoamericana (1958) Cito estos títulos sólo a manera de ejemplo para señalar algunas manifestaciones significativas de un proceso a través del cual se va formando, en el ámbito de la historiografía, una imagen cada vez más clara sobre la existencia de una realidad histórica en la que están integrados los pueblos iberoamericanos, desde México al extremo sur del continente. Ya en 1920, otro mexicano, Carlos Pereyra, tuvo el mérito de elaborar una obra extensa, en oeho volúmenes, la cual, pese a sus muchas deficiencias de método y de información, presentaba un enfoque diferente al habitual, al mostrar a la América hispano- india como un organismo vital con entidad propia en la historia universal. TRIBUNA ABIERTA -5 ABADO 14- 3- 87 s existencia de organismos internacionales como la ALADI, CEPAL y tantos otros, es Por Jorge SILES SALINAS una buena prueba de ello. En la misma diParaguay, ni El Salvador, por decirlo así, son rección apunta el Consejo Episcopal Latinoaentidades cuyo estudio histórico pueda hacer- mericano (CELAM) órgano pastoral de la se con absoluta independencia de lo que Iglesia católica. A nadie se le ocultan las difeacontece fuera. de ellas. Y esto es así puesto rencias notables que se dan entre uno y otro que hay una gran corriente cultural que abar- país en el desarrollo económico, político o soca a cada una de las secciones del gran cial. Pero esas diferencias no son esenciales, son tan sólo de grado, aunque cuerpo histórico latinoamericano. las brechas tiendan a acrecenEs reveladora la forma en que tarse, como ciertamente ocurre nos ven los norteamericanos a la entre México y Guatemala o enhora de ponerse a estudiar nuestre Argentina y Bolivia, para dar tra historia. Nuestra cultura es, cualquier ejemplo. La verdad es para ello, una, por lo que se que el subdesarrollo, la penuria hace necesario enseñar desde de las poblaciones marginales, un ángulo de mira preferenteson realidades subsistentes, difímente unitario las manifestaciociles de desarraigar tanto en el nes de nuestra vida social. Las más rico como en el más pobre Universidades que poseen Dede nuestros pueblos. Y también partamentos de Estudios Laties verdad que en el fondo más noamericanos -impresionantes vivo e indestructible de esos mispor su número- utilizan manuamos pueblos alientan elementos les dedicados al conocimiento de de una tradición popular, ricos la Literatura Hispanoamericana o en valores humanos, que seguide las instituciones políticas, o Jorge Siles Salinas rán siempre presentes tanto en del arte, o de la economía, o dé de la Academia Boliviana el más poderoso como en elí la filosofía, siempre desde una í de la- Lengua más débil de esos países 1; -3 perspectiva integrádora. El mis í Lo decisivo está, como lo han visto los mo enfoque se da en las historias generales pensadores más objetivos y penetrantes; en de la cultura, con ejemplos tan valiosos como un hecho inobjetable: la simultaneidad de el de Lewis Hanke en su History of Latín nuestra vida histórica. Las etapas de nuestra American Civilitation Otro tanto podría de- civilización común son las mismas para todas Cierto es que también importa la historia cirse de la obra de John E. Fagg, útil por su las naciones que la integran. Tuvimos un Regeneral de América, pero siempre será preci- esfuerzo para mostrar la simultaneidad y co- nacimiento, un Barroco, una Ilustración, con so trazar la línea divisoria entre el mundo an- herencia lógica de los diversos cuadros histócaracteres impresionantemente similares. La glosajón y el de los pueblos de lengua espa- ricos nacionales, no obstante las limitaciones independencia se produjo en un espacio que ñola y portuguesa. Y en éste, en el vasto de criterio y los prejuicios de este autor. va desde 1810 a 1825, no por obra de una sector desde el río Grande hasta el estrecho Es aquí donde surge una serie de pregun- asamblea o de un pacto social, con represende Magallanes, nunca podrá perderse de vis- tas insoslayables. ¿Por qué no se escriben ni tantes de todas las jurisdicciones territoriales, ta la biografía particular de cada nación, pues se usan esos libros en nuestros países? ¿Por sino espontáneamente, sin acuerdos previos, la historia sumada e integrada de todos los qué no existe la asignatura de Historia de por la dinámica social de esa gran estructura pueblos hispanohablantes es la gran historia América Latina en la educación media o en la histórica que era la América española o porde Iberoamérica, plena de sentido y de con- universitaria? ¿Por qué no existe en nuestro tuguesa. El Romanticismo, el Positivismo, el sistencia. ámbito académico la especializaron universiModernismo, son corrientes que cuentan con exponentes ilustres en las diferentes regiones Vista esa realidad desde fuera, se diría que taria de los estudios latinoamericanos? La razón de estas carencias está, sin duda, de nuestra América. Así como los órganos o ella se hace más patente en su globalidad miembros de un individuo crecen al mismo que desde dentro de ella misma. Los alema- en que no se ha avanzado con la suficiente nes o franceses, pongamos por caso, perci- celeridad en la formación de una conciencia compás de vida, así también las partes inteben mejor que somos un gran todo, cosa que unionista, defensora de la solidaridad de grantes de una sociedad histérico- cultural atraviesan etapas semejantes en su evoluno nos acontece fácilmente a peruanos, o co- nuestros pueblos. Todavía hay altos dignatalombianos, o costarricenses, o lo que fuera, rios de Estado que hablan del espíritu ame- ción espiritual. puesto que nuestras tradiciones educativas ricanista que inspira sus actos. Difícil es satienden a subrayar los particularismos de ber qué significa ese hueco lugar común. Lo En los años actuales, tal vez el movimiento cada Estado, insistiendo en lo que nos sepa- que sí tiene sentido es hablar de una realidad más rico entre las manifestaciones diversas latinoamericana (o iberoamericana) o de un de nuestra cultura es el que representa el rera y olvidándose de lo que nos une. Hace ya muchas décadas, el británico Ar- espíritu, o una conciencia, o un ideal latinoadescubrimiento de nosotros mismos. El fenónold Toynbee dio su sencilla y estupenda ec- mericanista. meno más vivo de la hora presente- común No es poco lo que se ha logrado, por cierción sobre cómo debe enseñarse la historia a todos nuestros pueblos- es el de la recupara que ella sea entendida. Esta nunca po- to, en la formación de esa conciencia. La peración de nuestra identidad cultural. Nomndrá ser comprendida si se hace valer la parte brarnos los unos a los otros- argentinos a como un todo. El brazo no puede ser analizabolivianos, colombianos a paraguayos, mexido sino como parte de un conjunto al que llacanos a dominicanos, y así en todos los camamos cuerpo. Un país no pu. ede ser sos- como extranjeros suena a un modo aislado desgajándolo de la familia de puecaduco e intolerable de entorpecer nuestro blos a que históricamente pertenece. Ni sidiálogo. El recuerdo de lo que casi pasó enMARSELLA quiera a Inglaterra le basta su condición insutre dos naciones de alto desarrollo- Argentilar para que su historia resulte plenamente inna y Chile- en 1978 nos hace pensar en la teligible si no se relacionan los periodos de necesidad urgente de reeducar nuestra mira 2- 3 Dormitorios. Jardines. Piscina. Lago Etc su desarrollo cultural con la integral visión de da histórica, pues cuando uno ignora las raílo que ha sido y es la Europa occidental. EN PRIMERA LINEA DE LA ces de su propio ser puede caer fácilmente en esa forma demencial que consiste en igMEJOR PLAYA DE M A R B E L U U Esta fórmula clarísima es especialmente INFORMES: Juan Alvarez. Mendizabal 3 JfñF norar al prójimo, esto es, al que está más válida para los países integrados en nuestra TeL 91- 247 38 42 MADRID 5 i. próximo en el espíritu y en la sangre. comunidad cultural. Ni Uruguay, ni Chile, ni NUESTRA AMERICA Y NUESTRA HISTORIA LAYA APARTAMENTOS DE LUJO UN PARAÍSO EN LA COSTA DEL SOI V? v