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ABC, pág. 40- TRIBUNA ABIERTA SÁBADO 14- 3- 87 lenguaje por el fingi NTRE las dos miento y de las conesferas se productas por el simuladuce el diálogo; cro, La hoja roja es son, así, dos vasos cotambién un apólogo, Por Pere GIMFERRER municantes. Entiéndauna fábula moral soseme: no hablo tan sólo, claro está, de dos esferas sociales ro. Sólo este género de mundo es inexpugna- bre las repercusiones en la vida privada de- aunque la permeabilidad y permuta entre ble, por singular; no se asienta, sean cuales un tiempo histórico concreto. Porque claro ellas esté implícita en lo dicho- sino también fueren, en valores de la tribu, sino en la está que es éticamente inaceptable que Eloy de dos niveles de comportamiento. La estruc- irreemplazable identidad personal, en aquel y Desi sean como son y hayan vivido como tura bimembre vertebra la obra entera; todo hombre de carne y hueso a quien Unamu- han vivido, con independencia de que para el libro de Cervantes está hecho de tales yux- no, que no casualmente evoco ahora por se- ellos tal cosa no parezca una desdicha, simplemente porque no aciertan a taposiciones o superposiciones de niveles (lo gunda vez, situaba en el centro imaginar otra; y el hecho de que visto por Sancho y lo que el hidalgo cree ver; de toda actividad filosófica. Al fin cada uno halle en el otro cierta y al cabo, Eloy ha vivido, en cierla realidad y la ficción en la cueva de Monteforma de salvación moral no bosinos, o en el episodio de los duques, por ci- to modo, vicariamente, ha vivido rra la afrenta objetiva a la digniun simulacro de vida, y Desi, tar sólo dos casos; finalmente, la relación endad humana que se encierra en más que su vida propia, ha tre el texto y el supuesto manuscrito de Cide la desposesión de la capacidad Hamete Benengeli, y más genéricamente en- aceptado vivir la del microcosde elegir ser ellos mismos que mos rural y clásico en el que natre la primera parte y la segunda, y aun entre ha marcado sus vidas. Con todo, ésta y el apócrifo de Avellaneda) No insistiré ció y creció. La hoja roja revela, ver sólo esto en La hoja roja sepues, aquí su verdadero tema úlen ello, como tampoco en la resonancia de ría soslayar la pura evidencia de estructuras bimembres en los dos orbes de timo. De la confrontación de dos que Eloy y Desi han conocido la seres que viven solitariamente Fortunata y Jacinta. Pero sí haré notar que, felicidad y probablemente serán en definitiva, ésta es también la construcción en dos mundos distintos- adhefelices juntos; existe un reducto riéndose a sus respectivos valode La hoja roja. No se trata, o al menos no individual en el que la dicha no res, más sin capacidad para sustancialmente, de una obra sobre la soledepende sino del arraigo en un analizarlos- nace la conquista dad del jubilado (al modo, casi coetáneo, de entorno, y en tal reducto Desi Pere Gimferrer de la identidad personal y la vida Zavattini y De Sica en Umberto D) sino del posee evidentemente una- fortade la fleal Academia en un mundo propio que se susvaivén y la final convergencia dé dos mundos Española leza de (a que Eloy carece, pero tentará en tal identidad. superpuestos, ya que no contrapuestos. En Eloy puede en cambio procurar a efecto: el mundo de Desi, preindustrial, iletraLlámese o no amor ai Asentí. Desi unos asideros que el mundo preurbano do, anterior a la sociedad urbana, posee su miento que finalmente hermana a Eloy y no ofrece a la muchacha. propio código verbal y expresivo (del que el Desi, les habrá servido para salir al encuentro A ver es sólo un leve síntoma) y, lo que de su auténtico ser en el ser de otro, para reDespojado de armazón y tablazón, el mees más, se abrocha y encofra en sí, en su conocerse en la otredad. No recurro inadverti- canismo artístico de Delibes ha depurado al sistema autónomo de pautas de conducta. El damente a este término: lo acuñó Octavio máximo su funcionamiento; diríase que vemundo de Eloy, en apariencia más sólido (en Paz para aludir al proceso descrito en Las mos, al descubierto, los nítidos engranajes la medida en que asienta sus premisas en enseñanzas de don Juan, de Carlos Castañe- verbales, el puro destello de la palabra en liuna etapa histórica posterior) es en el fondo da, que, como es sabido, narra la confronta- bertad, no tan distinta como pudiera creerse más frágil, según se le revela cruelmente en ción iniciática entre un antropólogo y un brujo de aquella palabra viva que Maragall salula jubilación. Porque lo más lejano a la socie- de Nuevo México, esto es, el diálogo entre daba en las breves sílabas de una zagala en dad industrial no es tanto la sociedad prein- dos mundos del que nace una peculiar reía- el monte. Diría alguno que ésta es una histodustrial como una etapa anterior de la propia ción que lleva al reconocimiento mutuo no ria chejoviana; yo he preferido saludar en ella sociedad industrial. El primitivo (y entiéndase menos que al autorreconocimiento. No con- la herencia de una tradición literaria secular y que uso la terminología antropológica, o so- viene, sin duda, llevar más lejos el paralelis- admirable, aquella inconfundible tradición cioeconómica sólo en gracia a la brevedad, mo, porque en La hoja roja lo descrito no es castellana en la que, como Alfonso Quijano el aquí y en todas partes) vive en un mundo un proceso de iniciación en el envés del mun- bueno, cada cual dirá, al modo clásico, de sí distinto, y, a su modo, perfecto, es decir, aca- do visible, sino el puro ascenso de dos seres mismo: Yo sé quién soy. Existir en otros, bado y completo, según las premisas que le desde una condición de vida en precario has- verse machadianamente en el espejo, es sason propias. En cambio, respecto a su hijo y ta la capacidad de ver y sentir (de experimen- berse existir. La hoja roja nos invita a reconen general respecto a cuantos le rodean, tar, en el sentido orteguiano, la vivencia) res- ciliarnos con lo auténtico y con lo otro, a exEloy vive en una versión inacabada o imper- pecto al mundo visible, de acuerdo con una perimentar, como en el poema de Pedro Salipercepción genuinamente propia, fundamen- nas, l a a l e g r í a de v i v i r en o t r o d e fecta del mismo mundo. tada en su ser verdadero, Sólo porque Eloy vivir sintiéndose vivido Toda literatura es ¿En qué mundo, siendo así las cosas vivi- trata a Desi y Desi trata a Eloy ha llegado diálogo; todo verdadero diálogo es reconocirén en lo sucesivo- caído el telón- Eloy y cada uno de ellos a ser quien de verdad es, miento. Eloy se reconoce en Desi y Desi en Oesi? En su mundo propio, en el que su rela- no quien aceptó ser o creer ser para engarr Eloy. Ambos nos miran; somos nosotros, y ción ha empezado a crear y creará en- e futu- zarse en una colectividad aceptada acn ticanos reconocemos en un doble juego de espejos. mente. E EN TORNO A LA HOJA ROJA (y III) Edic. Destino. I Fabricación Propia de j Mesa TV O 65 xO 45 xO 5O- 25.9OO pts. Mesas deTYcentro, ríncón, auxilíares, consolas, estanterías, urnas. peanas Y baño. MEraCRILATO 1 I i medidas especiales j Jfe ¿lppl de ABC, ¿QUKRK PONKRl N NKÍXXjO? Busque k cat en la sección de Anuncios por palabras No nos conmueve, en suma. La hoja roja únicamente porque Eloy y Desi están muy solos, sufren decepciones simétricas- con ef hijo o con el Picaza- y, finalmente, cada uno halla cobijo en el otro; nos conmueve, sobre todo y por encima de lo dicho, porque ni Eloy ni Desi son verdaderamente ellos mismos hasta que cada uno se reconoce en el otro. La historia de La hoja roja, es la historia del itinerario de dos seres al encuentro de sí mismos. Dicho queda, por lo demás, que La hoja roja es también una estampa de la vida provinciana española hacia 1959; en la medida en que, todavía en la época descrita de modo más acusado que en años posteriores, la cotidianidad fascista se definía en términos de impostura e inautenticidad, de usurpación del CAMBIO DE DOMICILIO La entidad COFLUSA, S. A. acordó en su junta general extraordinaria celebrada el día 18 de febrero de 1987, trasladar el domicilio social a Inca (Mallorca) Polígono Industrial; s n. Lo que se hace público en cumplimiento cte lo dispuesto en el artículo 86 de la ley de Sociedades Anónimas. -EI administrador, Antonio Fluxa Rosello. OPEL molof 90 Concha Kspina. 2 Q V íctoi de la Serna. 12