Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EDITADO PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 14 DE MARZO DE 1987 ABC DIRIGIR AUN NIÑO REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006 MADRID FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA RANSCURRIDOS diez o doce años de su estreno, he vuelto a ver la película de Antonio Mercero La guerra de papá basada en mi novela El príncipe destronado Creo que el primer acierto de Mercero fue cambiarle el título a la pieza, puesto que la guerra civil española, al cabo de medio siglo, sigue siendo un tema de actualidad cuyo rescoldo está lejos de extinguirse. Para justificarlo, Mercero, director exquisitamente sensible, no necesitó introducir alteraciones sustanciales en el tema, sino que le bastó con subrayar las constantes alusiones de Quico y sus hermanos a la guerra de su padre y acentuar la mentalidad reaccionaria de éste, no añadiéndole texto al guión, sino imágenes casi subliminales a la película- banderolas, fotografías, recuerdos bélicos- tan caras a estos grupos. Con tan leve insinuación hizo posible que el espectador reparara en la otra cara de la historia- s u trasfondo fratricida- semioculta por el asunto fundamental: el desvalimiento de un niño de tres años desplazado de su condición de benjamín por el nacimiento de una hermana. T presar, con sus naturales limitaciones mímicas y sin saber de qué se trataba, un personaje tan complejo como Quico, el protagonista. Este era un aspecto fundamental, puesto que sin niño no podía haber película, y echar mano de un niño retaco, físicamente retrasado, suponía un ardid tan burdo que convertía en grotesco un empeño, en principio, sugestivo y noble. Pero Mercero no se arredró ante la dificultad. Se pasó semanas enteras viendo desfilar a niños de tres años, guapos, feos, espontáneos o redichos. No creo equivocarme si afirmo que en aquellos días pasaron por sus manos más de cuatrocientas criaturas. Y cuando le llegó el turno a Lolo García y vio sus o os, oyó sus respuestas y observó su naturalidad, me puso un telegrama entusiasta que decía: Ya tengo niño telegrama que vino a coincidir con otro del productor del filme- receloso desde un principio- dispuesto a desistir del proyecto por falta de protagonista. Lo que Mercero hizo hacer a aquel niño ante la cámara es conocido de todos. Lolo García encarnó magistralmente al Quico, con lo que El príncipe destronado fue, con Antonio Mercero vino a demostrar Cinco horas con Mario y Los san- que, a más de la imaginación propia tos inocentes una de las novelas del creador de historias La cabique dejé dormir durante años antes na La Gioconda está triste unide decidirme a publicarla. Pero mien- versalmente aplaudidas) poseía tras el atranco de Cinco horas con unas dotes de director de actores Mario vino determinado por la ren- sencillamente admirables. Porque la queante marcha de la novela (con un dirección de un niño tan chico no Mario vivo, indigesto y antipático, eri- puede compararse con la dirección gido en conciencia del mundo) y el de un adulto. A un adulto se le insde Los santos inocentes por mor truye directamente; se le habla a un de una sequía que me dejó sin re- cerebro responsable. A un niño de cursos después de presentar a los tres años no servía de nada explicarpersonajes del drama, en El prínci- le la historia que iba a interpretar. pe destronado no hubo tal atasco, sino que su redacción discurrió fluidamente y fui yo quien decidió la demora, una vez terminada, por temor de que esa historia de niños para niños y mayores careciese del interés y la garra que yo había querido insuflarle. Entonces Mercero le creó un mundo de juegos paralelo al de esa historia, de tal modo que el niño jugaba durante horas y rodaba durante minutos, pero sin salirse de sus juegos. Los personajes de la película formaban parte de su vida habitual, un poco distorsionados, de manera que levantaran en el alma del pequeño, ya antes de actuar, sentimientos de simpatía o antipatía. Así, cuando el niño golpea al recluta que besa a la Vítora es porque Mercero ha tenido cuidado de que, al margen del rodaje, la Vítora sea un personaje positivo para el pequeño, le comprenda, comparta sus juegos y le obsequie diariamente con dulces y juguetes. De este modo, cuando Mercero le hace reaccionar ante la cámara diciéndole que el Femio está pegando y mordiendo a la Vítora y que la defienda, el niño se lanza contra él a puntapiés y puñetazos, con sus modestas fuerzas, pero con auténtica furia. Claro que no en todas las escenas los estímulos eran tan directos. Pero es lo mismo, lo que trato de decir es que el pequeño Lolo no estaba actuando durante el rodaje, sino jugando, combinando su vida cotidiana con la de ficción. Y el talento de Mercero consistía en anudar ambas vidas, en sacarle de la primera y meterle en la segunda (la película) sin que Lolo se enterase apenas ni dejase de jugar. A mi juicio, Mercero se reveló, en esta película no ya como un consumado director de actores, sino como un avezado psicólogo infantil. Recuerdo que la primera vez que Mercero y yo nos reunimos en Vailadolid para hablar de la película, yo le expuse mis dudas acerca de la posibilidad de hallar un niño tan tierno (tres años) que fuera capaz de ex- Lo extraño de toda esta historia es que en un país como el nuestro, tan proclive a los galardones, este hecho, excepcional en el mundo, de que un niño de tres años soportase sobre sí el peso de una película de hora y media con la mayor naturalidad, pasara inadvertido a la hora de conceder aquéllos. Porque una de dos: o el pequeño Lolo García era un prodigioso actor a los tres años y, como tal, acreedor a un reconocimiento público, o era solamente un niño como los demás, al que la sabiduría y experiencia de un director habían hecho pasar por prodigio, en cuyo caso era éste quien merecería la distinción. Miguel DELIBES de la Real Academia Española PRINCIPE DE VERGARA, 29 MADRID