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POR EL HONOR DE LA GUARDIA CIVIL Recibieron la orden de no disparar y la cumplieron a pesar de verse acorralados y apedreados por los agitadores. Les desarmaron y les vejaron. Demostraron en la humillación su serenidad y su espíritu profesional. Hay que saludar a este puñado de guardias civiles que, en Reinosa, cumplieron con las órdenes que habían recibido. Sin duda fue prudente la consigna de que no se disparara contra los alborotadores. Pero, por el honor de la Guardia Civil, no se puede volver a repetir lo que ocurrió el viernes en Reinosa. La paz y la prosperidad de España descansan en buena parte sobre esta Institución ejemplar. Durante ciento cuarenta y tres años, la Guardia Civil ha hecho custodia del honor, de la bandera y del amor a la patria. Los guardias civiles no pueden ser desarmados, vejados y secuestrados por operarios de una fábrica sin que se resienta el respeto popular por la Benemérita y se manche el honor defendido a lo largo de los años con tanto heroico sacrificio. El nuevo director de la Guardia Civil, Luis Roldan, el primer civil que manda la Institución, tiene el deber de comprender que no se puede poner en cuestión el honor de unos hombres ejemplares. Sí la prudencia política exige que no utilice sus armas un Cuerpo militar como la Guardia Civil, operaciones como la de Reinosa habrá que encargarlas movilizando recursos humanos y técnicos suficientes para que no vuelva a suceder lo que allí ocurrió, y que es, sin duda, uno de los pasajes más graves de la historia contemporánea de España. Si el presidente del Gobierno, bajo cuya autoridad está la Guardia Civil, no ha enrojecido de vergüenza por la vejación recibida en Reinosa, permítase que lo hagan por él muchos lectores de este periódico que saben lo que significa la Benemérita Institución para la paz de España. (Editorial e información en páginas interiores) I