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Joan Cardells Galería Gamarra y Garrigues Villanueva, 21 Marzo ra hueca o, mejor, la configuración, no la ocupación de un espacio. A primera vista evocan armaduras vacías, el taller de algún herrero antiguo. Pero luego surge la imagen de unas esculturas prehistóricas japonesas (Haniwa se llaman) de figuras vacías exquisitamente estilizadas. Por este camino de la estilización, Joan Cardells llega a ofrecer sólo torsos o, incluso, un cuarto de torso, la sugerencia de una simetría completa. Cierto es que para los japoneses la simetría nunca puede ser perfecta y tampoco estas esculturas lo son. Matices del mismo material, ligeras inflexiones en las formas... Lo que empezó asociado a una techumbre de chiringuito ha acabado transformándose en algo muy sutil. Algo más que un material pintoresco. Sin título uralita (1985) J. M. C. Una obra para un espacio Sala de Exposiciones del Canal de Isabel II Santa Engracia, 125 Hasta el 15 de marzo J OAN Cardells (Valencia, 1948) utiliza la uralita como material para sus esculturas. Su carácter laminar implica la escultu- Din Matamoro Galería Oliva Mará Claudio Coello, 19 Hasta el 18 de marzo De 11 a 14 y de 17 a 21 ¡No te preocupes! tras la ruina algo queda instalación de Nacho Criado MAGINO que los responsables del tema se dieron cuenta en seguida: la Sala de Exposiciones del Canal, de la Comunidad de Madrid, no sirve para sala de exposiciones. La exposición inaugural, dedicada a Dalí, lo mostró con creces. El edificio y el espacio son demasiado impresionantes, hacen gravitar su presencia con toda la fuerza de su industrialismo ecléctico y no hay cuadro que resista. Pero como el espacio está muy bien, no era cosa de dejarlo estar, sino de echarle cierta imaginación al asunto. Algo que se ha intentado con este encargo a diez artistas más o menos especializados en instalaciones y más que menos incusos en un carácter conceptual. Muchos aplausos, éste es el tipo de arte que muy raramente veremos por las galerías- complicadamente vendible y ubicable- y cuyo carácter poco mercantil le llama a manifestarse en entornos públicos. N esta primera individual madrileña, Din Matamoro (V i g o 1958) expone dieciséis dibujos y más de veinte pinturas; una obra dual en la que el esquematismo de los dibujos se encuentra al extremo de la exuberancia de los óleos y acrílicos. Sin embargo, ambos gozan del gusto por la materia, recién incorporada ahora por el artista, prisionera de grandes masas de color hasta fundirse en Regalo peligroso (1987) ellas, y conformando los relieves de un paisaje aparentemente extra- con rabia, una reacción con las ño y ajeno; también tienen en co- mismas reminiscencias infantiles mún una tendencia a cierta pecu- que las líneas utilizadas para exliar desmesura o exageración, un presarla. Una obra teñida de oposilenguaje exento de convencionalis- ciones que descubren tanto la promos, que no quiere derramar fácil- fundización que realiza el autor mente su mensaje si para ello como sus preocupaciones y contradebe perder su rigor y su atrevi- dicciones: rápidos caudales abunmiento. Esa figura humana hipocra- dantes se conjugan con elementos neal, que ha desarrollado despro- estáticos, entornos pertenecientes porcionadas extremidades, parece a mundos interiores o demasiado superviviente del temiWe paisaje lejanos, veloz y constante devenir, acrílico. En ocasiones el propio pero sobre una estructura concreta. personaje relata su historia a tra- Un exceso de color que no cumple vés de sucesivos dibujos con el di- la función de desviar la atención namismo expresivo del cómic; por del argumento, sino que potencia ejemplo, cuando sujeta lo que po- la comunicación y confiere vigor. dría ser un cuadro y después patea Elena del CASTILLO JUEVES 12- 3- 87 A B C 115 E I La selección está bien hecha y el catálogo es revelador de la densidad o planteamientos que yace tras las obras. Aunque casi todos los autores parecen extremadamente graves y rigurosos, finalmente emerge un cierto e injustificable espíritu de gratuidad, de juego, único capaz de establecer un diálogo con espectadores más bien ignorantes de las últimas preocupaciones de los artistas. Las instalaciones de la planta baja, incluidas en nichos de ladrillo y cristal, mantienen una relación evidente. Las sillas de Txomin Badía, los elementos de Ángel Bados, las cajas de Pello Irazu, resuenan entre ellas, otros tantos objetos abandonados, minimalismos marcados por un espacio, configurándolo. Todas son en hierro, algo muy lógico teniendo en cuenta lo que predomina en el interior de este antiguo depósito de agua. La entrada al lugar aún muestra los restos cumplidos del trabajo de Nacho Criado: tras un arco tipo torii japonés, y sobre el suelo, un círculo con cruz gamada y los ladrillos que una vez ocultaron la puerta. Eva Lootz ha apilado tierra, paja y piedras, y Leopoldo Emperador muestra un proceso- gabinete alquímico que indica el depósito de las ideas donde fue el depósito del agua. Gerardo Delgado se inventa una historia de tumbas holderlinianas y Concha Jerez llena de espejos los escalones. Angeles Marco, con un puente- trampolín, es la que más íntimamente se liga con la estructura y la función del lugar, y Carlos Pazos, arriba, arriba, grita desde un barco de juguete grande: ¡Naufragamos, Peter Pan! Un espectáculo muy respetabe, muy interesante, muy reflexivo. Un espectáculo para pocos. José Manuel COSTA