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de las artes ABC Setting out for market de Francis Wheatley (1785) Paisaje (1982) Acuarelas del castillo de Norwich Paseo Castellana, 81 Revelación de Rafael Ubeda Galería Paul Klee (Claudio Coello, 21) Galería La Kábala (Conde de Aranda, 10) Galería Balboa 13 (Núnez de Balboa, 13) Marzo Banco de Bilbao. (SiglOS X V I I I y X I X) Marzo E aquí una exposición que será decisiva para el gran público (para bastante del minoritario también) por lo que intrínsecamente es y por la rara oportunidad que ofrece de poder contemplar, sin tener que viajar a Norwich, en Norfolk, el espléndido panorama de la acuarela inglesa de los siglos XVIII y XIX (finales del primero y primera mitad del segundo) en una selección tan cuidada y didáctica que permite seguir el desarrollo histórico del género dentro de la gran tradición paisajística inglesa. Sin que pueda afirmarse que el paisaje inglés nace espontáneamente en la pintura a la acuarela (Constable no se entendería sin el antecedente holandés, Van Ruysdael sobre todo) lo que sí es cierto es que el paisaje a la acuarela contribuyó decisivamente a la revolución del gusto pictórico en las Islas Británicas, donde el landscape hasta finales del XVIII, se consideraba un ejercicio menor y más bien plebeyo en comparación a los consagrados temas académicos. Una historia es preferible a un paisaje, a un bodegón, a una marina- -decía Jonathan Richardson, The Connoisseur 1 7 9 1- porque si estos cuadros pueden agradar no pueden mejorar la mente, no impulsan hacia ningún sentimiento noble... H mental (hasta melancólico puede presentirse en Sterne) que recorrería la vieja Inglaterra rural y la Europa menos dieciochesca ya (en la peregrinación de Childe Harold) Sería curioso establecer la relación cronológica de estas acuarelas con el movimiento lakista y ver cómo los pintores de Norwich descubren la poesía de las aguas con la misma pasión que Wordsworth agua, las hierbas y las flores te siguen... los bosques solitarios que amaba Coleridge sé de un bosque cerca de un gran castillo los cielos de Keats puras eran y blancas las nubes, como ovejas saliendo del arroyo y nada digamos de las románticas abadías en ruinas que encantaron a sir Gualterio Scott, como esta acuarela de Turner titulada Malmesbury Abbey tan apta para ilustrar cualquiera de las baladas evocadoras del bardo escocés. La mayoría de las acuarelas de esta selección deberían verse bajo la perspectiva de la teoría de lo pintoresco dice Andrew W. Moore, director artístico del museo de Norwich, y añade: A medida que pasa por la sala, el espectador experimenta sensaciones parecidas a las del pasajero de una diligenciacorreo que hace un viaje pintoresco. Todas estas acuarelas componen un voluntario (como en el caso de Turner y Girtin) o involuntario acervo documental, la crónica colorista de la alegre Inglaterra, llevada a cabo con una curiosidad y una meticulosidad costumbrista plenas de espontaneidad y, ahora, de lejana poesía. No es posible en esta introducción detallar la nómina de los pintores, el desarrollo del género, la variedad de sus técnicas, por más que lo demande nuestra fruición. Pero sí queremos urgir al visitante de exposiciones a que acuda a esta fiesta de la escuela de acuarelistas de Norwich. N la pintura española, en la gran pintura española (podría decirse que en el arte español en general) hay siempre nombres en trance gozoso de revelársenos, pero a la oportunidad de su descubrimiento suelen oponerse muchas veces circunstancias hostiles, de motivaciones muy varias, con lo que la manifestación de los valores se aplaza y su virtualidad sigue ignorándose. Así pasa con Rafael Ubeda (Pontevedra, 1932) quien, tras acabar sus estudios en la Escuela madrileña de San Fernando, se traslada a Breda a completar su formación en la Hoger Akademy St. Joost, y después pasa a la Accademia di Belle Arti di Roma; vuelve a Holanda, al taller de Willen van Leusden, y al del profesor amsterdamés Flip van der Burgt, integrándose en el Grupo Internacional de Artistas Grabadores Zebra. Vivió varios años en Italia después de obtener (1965) el Gran Premio de Roma en Pintura de Paisaje, y en Milán fue seleccionado para la realización del gran mural (162 m 2 al fresco) en Nazareth de Galilea, basílica de la Anunciación. Ha sido profesor de Pintura en la Escuela Superior de San Jorge, en Barcelona; de Perspectiva, en la de San Fernando; de Dibujo y Grabado, en la Escuela de Bellas Artes de Tenerife, en la IONA de Isere... Larga sería la relación de sus premios internacionales, así como la de museos en que está representado (Arte Contemporáneo de Madrid, Provincial de Pontevedra, Art Museum de Heidelberg, Gezelschap Kabinet de Utrech, Rat Haus de Aurich, Museum Künstlerkreises de Norden, Real Academia de San Fernando, etcétera) Era necesaria esta presentación en sociedad precisamente porque él la rehuye siempre: Tiene Rafael E Ubeda esa inacabable peculiaridad de los artistas inhabituales: la solédad. Tiene, además, en contra suya el ser inteligente, sensible hasta la neurastenia, culto Tiene, pues, casi todo lo que estorba al éxito en España. Su pintura, enraizada en una Galicia más esencialmente gaélica o kímrica que folclórica al uso, enlaza con toda natural i d a d con el e x p r e s i o n i s m o centroeuropeo, a cuyo encuentro fue su sensibilidad. Pensar que el clasicismo italiano y el expresionismo holandés pueden confluir en un breve remanso de paz céltica, diríase que es una utopía dice Francisco Pórtela. No es utopía, sino realidad en esta personalísima pintura, simbiosis de lo telúrico primordial y de esa constante del arte europeo que es el expresionismo, no del expresionismo meramente colorista, o fauve sino del expresionismo plástico que nace de lo psíquico y es siempre, como observa Maurice Gleure, un neorromanticismo trágico, angustiado, existencialista, aunque en Rafael Ubeda se informe también de un sercasmo inteligente y, a veces, surreal. Y de una musicalidad (el pintor es también músico) que convierte el vigor en precisión, la estridencia colorista en exaltación rítmica, proporcionando a su contemplación una sensación sinestésica pocas veces igualada. La pintura promete volverse más sutil, más música y menos escultura decía hace un siglo Van Gogh. En Rafael Ubeda se cumple la promesa. La pintura de Rafael Ubeda es de un virtuosismo lineal sólo comparable a la calidad tímbrica de su colorido, y no sería difícil proponer aquí una equivalencia entre su pintura (notas de su paleta, tonos, composición, armonía) y su violín. A. M. C. A B C II3 El mismo sir Joshua Reynolds pudo compartir tal teoría, entre otros motivos porque no era un romántico. Turner sí lo fue, y por eso su Muelle de Calais ya no puede parecerse ni a Claudio de Lorena ni menos a Poussin. Esta es la cuestión: que la emoción del paisaje, su pintoresquismo sentimental principalmente, es la primera manifestación del romanticismo inglés, que movió a los poetas y a los artistas a viajar por otros caminos que los de Roma y la Real Academia, un viaje sentiJUEVES! 2- 3- 87