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de las artes ABC Dos obras de Vega Ossorio incluidas en esta exposición La exposición de la semana Vega Ossorio R EENCONTRAR la obra de Galería Alfama José Vega Ossorio (MériSerrano, 7 da, 1945, premio Blanco y Negro 1980) equivale a corroborarla idéntica a sí misma, cierto que depurada más y más. Esta na creadora y tomar de nuevo su identidad que percibimos en ella palabra precisa (propuesta como quiere decir personalización; rela- gramática del color por Cecilio cionada, claro que sí, con una de Pía, maestro de Juan Gris, Cossío, las sutiles corrientes del arte de su Bores, Solana) su justo adjetivo. tiempo, nada extemporánea por Este renacimiento de la pintura a tanto, pero dotada de esa indivi- su orden necesario, como vemos dualidad que es, en definitiva, la en Vega Ossorio, es un síntoma única originalidad posible. Este más, el más visible, de una necesireencuentro puede advertirse tam- dad de orden más vasta. El arte ha bién como un choque de los ojos sido siempre signo del tiempo vivo, ya acostumbrados a lo azaroso y, que es el presente orientado ya al la mayoría de las veces, desorde- futuro inmediato, de donde la motinado, con lo preciso, con lo justo y vación del largo crepúsculo de la exacto, como en el poema de Ra- pintura anterior a ésta de Vega Osfael Alberti: sorio, su desordenada y exacta vinculación con el tiempo que le tocó vivir. Todo cambia en estos mo Después de este desorden im puesto, de esta prisa, mentos, y a la experimentación urde esta urgente gramática necesagida por los marchands d esthéti ria en que vivo, que (que todavía mantienen una vuelve a mí toda virgen la palabra tensión multinacional que ya no de precisa, manda nadie) sucede hoy el imvirgen el verbo exacto con el justo pulso irresistible- necesario- de adjetivo... retornar al orden, al verbo exacto de la pintura, fenómeno que veniPorque hay una poesía plástica mos comprobando en los últimos del orden (como podemos ver en años y del que hemos ofrecido daBen Nicholson, todavía vecino de tos- nombres- como ahora haceMadrid) una poesía de pulcritud y mos en el caso de Vega Ossorio. rigor cuyo sistema de claros signos vuelve donde solía, al cuadro que En esta pintura ordenada y clara, había abandonado, cuyo lenguaje en la que el color entona su aria se despereza en su cama revuelta, pura y sin estridencias y el dibujo ansioso de devolverse a su discipli- es un apoyo sutil, un delicado JUEVES 12- 3- 87 Marzo- abril tes para desarrollar el único fin pretendido, que es el de la pintura. Pues esta vuelta a los objetos sencillos, domésticos, humildes testigos casi siempre de la vida de cada día, es otro de los sigrtB! de e. la nueva estética, de la pintura nueva, que reacciona contra la retórica de los gestos agresivos y, a su manera, fastuosos (como en su momento reaccionaron Chardin o Morandi) El mundo de Vega Ossorio cabe en una mesa ¡la de cosas que caben en una mesa de cualquier época de la historia de la pintura! y se basta con unas flores, un libro, una copa... Un mundo, sí, inanimado hasta el instante en que el pintor lo trasciende a pintura, al mundo que el pintor lleva dentro. Una figura de mujer anima gozosamente el orden limpio del ámbito. Muy poco más. Un algo más, aquí, sería retórica decorativa. Vega Ossorio (como Vermeer, como Morandi o Juan Gris, como Cossío) limita apasionadamente los objetos de su repertorio. Prefiere no dispersar su sensibilidad. Pero cada uno de estos cuadros se distingue respecto al otro, cada uno porta su original distinción. Los objetos pueden reiterarse, pero cada cuadro tiene su acento distinguible. Y es una sola la adjetivación de su lenguaje pictórico, tan íntimamente dotado de gracia y sencillez: la elegancia. A. M. CAMPOY A B C 11 1 José Vega Ossorio acompañamiento, pues el gran solista es el color, Vega Ossorio ordena un mundo cotidiano e intimista, compuesto por un repertorio de objetos antirretóricos, pero suficien-