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64 A B C SOCIEDAD JUEVES 12- 3- 87 Ella está dispuesta a llegar hasta el final con la Peste del siglo XX: Se darán querella que interpuso por atentar contra su honor preservativos en las prisiones gran aficionado. Y no sólo eso. Según cuenta, comencé a curarme de los dolores de cabeza que le habían llevado a visitar a un médico psiquiatra, acompañados siempre de grandes depresiones. Y cuando creyó haber encontrado la cura de sus males, enfermé de pasión Desde luego, es bien triste. Volviendo a nuestra historia, hay que saber que después del encuentro fortuito en la pensión el joven anduvo cinco años sin saber de ella, que había marchado a estudiar ciencia. Aun con todo, jamás dejé de tenerla presente un solo instante Con todo, dio la casualidad de que una tarde calurosa y húmeda, de esto hace ya cinco años, viera a su amada a través de los cristales de la botica, despachando cortésmente a un cliente. Sin dudarlo un momento, penetró en el establecimiento. Por fin la había encontrado. Me sentí morir Así, era raro el día que no iba por la farmacia. Al principio, con cualquier pretexto; luego, tras haberle declarado sus intenciones, para falar un rato eso sí, siempre de por medio con la madera inexorable del mostrador de botica. Ella, insisto, siempre en su sitio, según parece le anunció que sus favores no serían correspondidos. El, sin perder la esperanza. Pasado un tiempo comenzó a enviarle cartas, de amor, claro está: Yo veo que me quieres y lo disimulas muy mal, se te nota, en tus gestos, en tus. ojos y en tus palabras que me quieres Ahora me río de ti; y he de salir con otras chicas y tú tendrás celos y pena, y no me llamarás, y yo me casaré con una chica. Tú me recordarás y sufrirás, yo te olvidaré, pero sabiendo que tú me quieres mucho. He aquí que el amante se confundió, pero fue firme en su propósito: Escribí cartas a otras chicas. Salgo con otras porque, ya que con ella no puedo, algo tengo que hacer. Pero no se puede sentir amor por dos personas, A veces, el relato de sus misivas se iba por otros derroteros y le decía: ¡Qué muslos tan maravillosos tienes! ¡Qué gorditas! ¡Qué cintura y qué nalgas! ¡Ay, quién pudiera acariciar esos muslos, tocarlos, palparlos, besarlos... Entonces, José Cabeza se adelanta y asegura que yo no creía que atentaba contra su intimidad y su honor. Pueden llamarse bromas un poco pesadas, igual que cuando escribía jugar con la piel de mujer Madrid. José Antonio Sánchez tila y manzanilla. Asegura que no la seguía, que sólo se trataba de saber adonde iba En fin. Llegó de este modo la hora en que juntó todos los borradores de sus cartas apasionadas y pidió un crédito en la Caja de Ahorros. Ya tenía las más de trescientas mil pesetas que habrían de hacerle falta para pagar los quinientos ejemplares que había encargado a Gráficas De Castro. Sólo le faltaba un prólogo a su novela como él la calificaba. Ni corto ni perezoso buscó en la guía telefónica y halló a un profesor, Aller Bermúdez, al que envió copia de la obra. El libro se puso a la venta a un precio de novecientas pesetas y, al parecer, tuvo éxito. María del Sagrario, una vez hubo tenido conocimiento de semejante locura, puso el asunto en manos de una abogada de reconocida reputación y cliente de su farmacia y se querelló contra Pepe por lesiones al honor, la intimidad y la propia imagen. El titular del Juzgado de Instrucción número 2 de la capiEl jinete del Apocalipsis del siglo XX, el SIDA, se encuentra alojado en los centros penitenciarios españoles. Según el director general de Instituciones Penitenciarias, el 30 por 100 de la población reclusa masculina es portadora del virus del. SIDA, en tanto que este porcentaje se eleva al 57 por 100 en el caso de la población reclusa femenina. En relación con los estudios científicos realizados en los centros de Carabanchel y Yeserías, el director general, Andrés Márquez Aranda, informó que en Carabanchel el 42,2 por 100 de los reclusos es toxicómanp por vía venosa y de éstos el 74 por 100 tiene anticuerpos de SIDA, lo que representa el 30 por 100 respecto al total de la población reclusa. En cuanto a Yeserías, el 74 por 100 de las mujeres es adicta a las drogas y de éstas el 78 por 100 tiene anticuerpos. O sea, que el 60 por 100 de los reclusos con anticuerpos son toxicómanos. El director general de Instituciones Penitenciarias, argumentando razones psicológicas, se negó a dar datos sobre los reclusos enfermos de la llamada peste del siglo XX Los datos- -dijo- -son remitidos a la Comisión Nacional de Seguimiento del SIDA. Tras subrayar que las pruebas sobre esta enfermedad en las cárceles son de carácter voluntario y no obligatorio, el director general informó a la Comisión que las únicas medidas posibles son las preventivas. En las cárceles- -dijo- -se distribuirán gratuitamente preservativos y un folleto explicativo. En cuanto al reparto gratuito de jeringuillas, el director general precisó que por ahora, no es propósito del Ministerio de Justicia repartirlas Andrés Márquez informó que en los centros penitenciarios hay un seguimiento a los infectados por el virus del SIDA y que los médicos y demás personal sanitario de las cárceles realizarán cursos de perfeccionamiento de la enfermedad, Asimismo manifestó que en principio se ofertará a todos los presos a que se hagan las pruebas del SIDA, pero no consideramos necesaria su imposición El cree que los motivos del rechazo son su nivel intelectual más bajo y su distinto ambiente social Sagrario se niega en redondo a airear el asunto porque, como dice, si he puesto la querella es por intromisión en mi intimidad tal herculina ordenó el secuestro de la edición. José Cabeza Grela recuerda, en un apartado bar de Cerceda, pueblino situado a unos cuarenta kilómetros de La Coruña, que todavía la quiere. Frente a unas tazas de ribeiro los demás, él de leche, piensa, en poder ver todos los días a María del Sagrario en las páginas de su libro, en las frases de sus cuarenta cartas, la última de las cuales termina como comienza la primera: Me marcho como te recibí, queriéndote como te he querido al principio. Siempre indeleble y tenaz. Pensando alguna que otra vez en suicidarse. Repitiéndole la madre, vieja ya, en gallego, porque nunca supo castellano que se olvide de ella. El repitiéndose que ha de estudiar una carrera a esas alturas de su vida porque intelectualmente no estoy a su nivel y casi decidido a cambiar su rutina por frecuentar sus ambientes sociales Con la ilusión de verla entrar por la puerta para decirle: Hola, Sagrario pero un hola de perdón por si la he molestado Anunciando que tengo material para escribir un segundo libro A esas horas ella se encontraría en la farmacia con su bata blanca, el pelo rizado... Escondiéndose de una pesadilla y de algunas pesonas. Sintiendo violada su discreción y su reserva con la duda imprevisible de que una mirada le descubra que ha leído el libro. Viviendo, de eso ya no cabe la menor duda, la historia más aburrida de su vida. Cantabria: rechazan a niños cuya madre murió por el virus Cantabria. S. N. Tres niños de diez, ocho y seis años, huérfanos de una mujer que falleció hace unas semanas víctima del SIDA, no podrán trasladarse al pueblo de Udías (Santander) por oponerse a ello la mayoría de los habitantes de esta localidad. Una anciana vecina de Udías, Felisa Cosío, que crió a Diana Cianea, madre de los niños, se había ofrecido recientemente a albergar en su domicilio a los tres huérfanos, ya que actualmente viven repartidos entre varios familiares. Aunque los médicos que atendieron a la madre certificaron que tanto el marido como los hijos no portaban anticuerpos del SIDA, y a pesar de que en el mencionado municipio se han dado charlas sobre el alcance de esta enfermedad, numerosos vecinos se han manifestado contrarios al traslado a Udías de los niños. Una mentira como remedio Pepe tomó al fin una determinación: Habría que ponerse de nuevo en contacto con ella. Sin más tomó el teléfono, marcó el número de María del Sagrario y... no halló más que una fría respuesta: Es mejor que me dejes en paz porque me voy a casar. ¡Pobre Pepe de Mallo! Seguro que en ese preciso momento sí que se sintió morir de veras. Pero antes de acatar tal resolución se decidió por hacer averiguaciones. Empeñado, se recorrió todas las iglesias de La Coruña por ver si estaban las proclamas de ella. Iba llorando como si se me hubiera muerto alguien. Aquellas lágrimas fueron un desahogo para mi sufrimiento. Descubrí que no era verdad, que me había engañado Y con éstas, volvió donde solía: a hacer guardia en los bares próximos á la botica y a tomar infusiones de