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26 A B C NACIONAL El eje Madrid- París JUEVES 12- 3- 87 Primer aniversario de la cohabitación en Francia Madrid. Juan M. Amorós El 16 de marzo hará exactamente un año que se celebraron elecciones legislativas en Francia, en las que la unión de los dos partidos conservadores, Reagrupamiento para la República (RPR, neogaullista- conservador) y la Unión por la Democracia Francesa (UDF, liberal- centrista) triunfó en los comicios, haciéndose con la mayoría absoluta y desplazando al Partido Socialista a la oposición. Esta victoria conservadora en Francia, por las peculiaridades de su sistema electoral, planteó una situación de cohabitación que, si bien no es nueva, cada vez que se ha producido ha desembocado en soluciones calificables, casi, de contradictorias. La cohabitación es una situación que se produce únicamente en sistemas democráticos presidencialistas (tal es el caso de Francia) y es imposible en sistemas democráticos parlamentaristas (caso de España, Alemania, Austria y, en general, todas las democracias europeas) El sistema político francés prevé, por una parte, la elección de un presidente, representante del Estado, con grandes atribuciones y poderes por un período de siete años, independientemente del Parlamento, cuyos miembros, elegidos cada cinco años, escogen el Gabinete ministerial y el primer ministro entre los representantes y líderes de la mayoría. La diferencia entre los períodos de vigor de una y otra institución (Presidencia y Parlamento) ha provocado en nuestro vecino país que Francois Mitterrand, presidente de la República y miembro del Partido Socialista permanezca, aún en el cargo cuando la mayoría parlamentaria la ostenta una unión de partidos conservadores, y, en consecuencia, los miembros del Gabinete, así como el primer ministro, Jacques Chirac, pertenecen a esta unión. En la cúpula del Ejecutivo francés, por tanto, cohabitan un presidente y un equipo gubernamental de signo contrario, con todas las tensiones que ello pudiera generar. La Constitución francesa, a pesar de prever esta situación, no clarifica en absoluto las áreas de competencia de uno y otro órgano de la Administración, por lo que, los conflictos han de ser solventados haciendo uso de distintos artículos de la Magna Carta que atribuyen una serie de especiales recursos a una y otra figura política. A un año vista parece que las dos figuras de la Administración francesa van, sin embargo, entendiéndose y aunando sus posturas en lo que concierne a la política exterior; la colaboración internacional antiterrorista, las relaciones con Oriente Medio y la intervención francesa en el Chad son problemas surgidos tras la cohabitación resueltos favorablemente mediante la colaboración del Ejecutivo y la Presidencia. No ha ocurrido lo mismo en política interior, donde proyectos como la reprivatización de varias empresas públicas y la televisión, han atacado directamente los postulados del Partido Socialista, en defensa de los cuales Mitterrand no ha dudado nunca en oponerse con todas sus fuerzas. (Más información en páginas centrales) Mitterrand, el buen francés Mantiene muy íntima la sed de la grandeur También Frangois Mitterrand, como De Gaulle, podría comenzar así sus particulares Memorias de esperanza Los orígenes de Francia se pierden en la noche de los tiempos... Pero a las noches las sigue el alba. Y al amanecer, en la ideología de Mitterrand, se le podría denominar humanización de la máquina. Es decir: convertir Europa en un mecanismo que funcione bien, sin contradicciones. Cuando le hablan de la España gobernada por el socialismo, Mitterrand responde, como un antiguo camarada, que él estuvo allí, en Suresnes, en 1974, cuando el nuevo PSOE comenzó su andadura. Con sombrero, bufanda y abrigo, todas las prendas negras, parecería sin pie de foto un dirigente soviético de la era pre- Gorbachov. Sin embargo, hay siempre una referencia gótica, acaso de gár? gola burlona, tras su imagen severa, como de inquisidor en las cercanías de París o como un gendarme jubilado ante un espléndido plato de quesos. Ha proclamado urbi et orbi en muchas ocasiones, que lo que de verdad pretende es estar de acuerdo consigo mismo. Alguien quiso ver en su dentadura, malévolamente, la heráldica de un mal confuso. Otros analizan su figura casi como la de don Antonio Machado. Todos dicen que, como buen francés, está contagiado por el Estado soy yo Se dedica en el ocio a la familia, los amigos, los perros, los asnos y los robles. Le queda, como una herida, la preocupación por el Tercer Mundo: por la brecha creciente que separa los países ricos de los subdesarrollados... También por la amenaza de la guerra atómica. Se podrían encarnar en él, fácilmente, todos los tópicos del París del Sena, y en los primeros atardeceres del medio siglo se oía a Juliette Greco o a Georges Brassens atravesando, entre gatos, la Puerta de las Lilas. Al presidente de la República Francesa le sienta bien, muy bien, lo francés, p F A Chirac, el brillo de la rectitud Se dice, desde hace siglos, que Francia está en pugna con París. Ahí echa sus raíces la importancia de ser alcalde de la capital y, desde su asiento, haber ejercido la dulce tarea de la conciliación. Una labor con evidentes aristas. Jacques Chirac demuestra que cada vez que un francés llega al poder le sobreviene el peso de la historia en su estilo, en su modo de hablar, en su peinado, en su forma de ir paso a paso por la vida. Diríase que se le inyecta una dosis antigua de majestad. Hubo expectación ante su triunfo político, que lo llevó a la jefatura del Gobierno, y está demostrando que la cohabitación no es mala y que Mitterrand y él practican dos formas distintas de mirar en idéntica dirección. Su antecesor, Fabius, era el prototipo del yuppie en la política francesa, pero Chirac llegó, de algún modo, a rehabilitar otras- tradiciones. La famosa cohabitación es, en el fondo, un tributo a la neutralización, pero no a la incertidumbre pasional del toro y el torero. Es una cierta complicidad que, como tantas realidades francesas, se resiente de una innata tendencia a lo espectacular. Es, en fin, lo que se llama gobernar mirando al tendido, obsesionado con potenciar el sector privado, con la idea de una Europa moderna grabada a fuego en un paisaje cuyo ancho horizonte también traspasa, sin esfuerzo, los Pirineos. En la lucha antiterrorista, España ha encontrado a un excelente colaborador en Jacques Chirac, acaso porque el equilibrio con el jefe del Estado estimule una cierta- y eficaz- complicidad en el exterminio del mal. Existen ejemplos penúltimos inquietantes sobre las preferencias de los franceses en materia política, un poco hartos de ideologías severas y en busca de testigos divertidos, como el malogrado Coluche, o comprometidos, como Yves Montand. Así lo dicen los sondeos. Pero Chirac cree en el brillo de la rectitud. Faustino F. ALVAREZ LOCALES NUEVO ZOCO ARGANDA MAR MENOR DUPLBKADOSAOOS ENTRADA: Usted decide; resto hasta 20 años LE LLEVAMOS AVERLOS (LOS FINES DE SEMANA) MAS INFORMACIÓN: TELF. 2 799176 RESIOENCIAL PRIMAVERA Capitán Haya 56- 6 C. MADRID 3 ME nn l Eii; m i: m