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JUEVES 12- 3- 87- OPINION ABC, pág. l9 OS datos que publica el Instituto Nacional de Estadística referidos a la contabilidad nacional de 1986 ofrecen, como es lógico, un primer panorama muy útil de cómo se ha portado nuestra economía el pasado ejercicio. Conviene señalar el alivio que, según todos los indicios, tuvo la economía española en 1986 en el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) de un 3 por 100 en términos reales, el mayor porcentaje desde 1978. Este tirón positivo se debe en gran medida al experimentado por la industria- -un 4 por 100 de incremento, el más alto desde 1974- donde, además, se encuadra el formidable 6 por 100 de subida del sector de la construcción. Igualm e n t e es f o r t í s i m o- -el mayor desde 1974- el desarrollo alcanzado en la demanda: un 5,7 por 100. Dentro de ella la inversión crece un 12 por 100 en términos reales. El consumo privado también evoluciona muy favorablemente al superar en un 3,6 por 100 al del año anterior, tasa que es del orden del doble de la de hace un año. Los sectores en que progresa con mucha fuerza el consumo son los correspondientes a electrodomésticos, vehículos y muebles. Los dos primeros sectores tienen un efecto expansivo importante en la economía industrial; el último se relaciona con el progreso de la construcción. Dicho esto, que apunta un panorama que se puede calificar de luminoso, conviene señalar el capitulo de sombras para conocer el saldo cierto de nuestra economía. La sombra número uno es, como es natural, la de la inflación. Un progreso tan rápido en la demanda ha producido un recalentamiento que se evidencia en el aumento del deflactor de precios del PIB al 11,3 por 100 a lo largo de 1986. Esto, junto con el 8,9 por 100 de media del IPC de 1986 sobre la de 1985, muestra la primera preocupación. La segunda es el débil pulsar del sector primario, sobre todo a causa de la baja producción en agricultura y ganadería. De un 7,06 por 100 de peso del sector FAO respecto al PIB a precios de mercado en 1980, se ha pasado al mínimo histórico del 5,66 por 100 en 1986. Como se han frenado las migracio- L RETO ECONÓMICO nes campesinas, esto quiere decir que la renta por agricultor es lógico que haya bajado. A estos dos malestares- -l e inflacionista y el del campesinado- -ha de sumarse un cansancio. Desde los lejanos años 50 no se experimentaba una cifra tan baja de participaciones en los asalariados en la renta nacional como el 50,43 por 100 de 1986. Los trabajadores pueden haberse cansado debido a estos porcentajes, pero si tal cosa ocurre lo han decidido en el peor momento imaginable. La competitividad de nuestra economía decrece y la capitalización se ha retrasado tanto que es urgente permanecer en altos porcentajes de excedentes empresariales, lo que obliga a bajas participaciones de los asalariados. Otra cosa sería suicida. Pero si sobre el cansancio se lanza un torrente demagógico irresponsable, es posible que, muy pronto, todos lamentemos el caos que así caería sobre nuestra economía. La cuarta sombra avanza desde las importaciones- crecen un 16 por 1 0 0- nada compensadas por unas exportaciones de bienes con crecimiento real negativo. Ni las luces son tan deslumbradoras como pueden pretender los turiferarios, ni las sombras son tan espesas como predican los agoreros. Que ganen unos u otros va a ser el gran reto de nuestra economía para 1987. Ese reto es, conviene repetirlo, el de la eompetitividad: muchas de nuestras empresas son arcaicas en sus equipamientos y en su capacidad de producir. ARA los españoles hay dos Francias distintas y quizá sea oportuno recordarlo hoy con leal cordialidad, cuando son huéspedes de nuestro suelo el presidente de la República y el primer ministro francés. Los españoles más abiertos al mundo admiran la tradición que desde los primeros Capetos ha hecho de Francia una pieza central del espíritu europeo y la inteligencia crítica en un mundo ensombrecido por grandes zonas de despotismo y miseria. Francia ha sido para incontables españoles un sinónimo de libertad. Y ha sido también un enclave de patriotismo intransigente, deside que el término se hizo usual hace más de doscientos años. Ese concepto amplio del patriotismo ha acogido a todos los defensores de los- intereses de la Francia moderna, de Charles Maúrras hasta Léon Blum. Y esa inteligente concepción del patriotismo debe ser evocada hoy, en honor de dos visitantes que defienden conjuntamente una misma política nacional a partir de posiciones diferentes. Pero hay también en la conciencia española otra Francia, que recordamos hoy sin descortesía ante nuestros visitantes: la instalación de empresas y redes comerciales es inevitable en un mundo competitivo y abierto. Pero el despliegue de fuerzas económicas, políticas o culturales en una España que se entiende como un negocio bueno y fácil, puede dar malas sorpresas a nuestros amigos franceses. España es un país sorprendente que puede abrir sus P ANTE DOS FRANGÍAS puertas a la Régie Renault, pero puede también desplazar, con su competitividad y empuje, a los mejores profesionales de Francia, desde los metalúrgicos a los biólogos. Sería un error plantear las relaciones bilaterales por parte de París desde un plano de superioridad. Por eso nos parece errónea la política de intervención en algunos sectores críticos de España: y esto vale para ejemplos d i v e r s o s desde la distribución alimentaria a los medios de comunicación. España está atravesando una difícil transición para modernizar sus sistemas de productividad y concurrencia en los mercados mundiales. Nuestro país no es ya una potencia mundial, pero tampoco es Mauritania. Las cumbres anuales que han acordado celebrar las dos naciones se saldarán con una pérdida de tiempo si no se va al fondo de las: tres grandes cuestiones: debemos concertar en primer lugar ambas políticas de defensa y éste es un capítulo en el que no caben equívocos. La defensa se articula hoy en regiones muy amplias que abarcan continentes enteros. Francia y Espa- ña suman un millón de kilómetros cuadrados en un continente de enorme densidad y riqueza que carece, empero, de espacio de maniobra. Somos, a efectos estratégicos dos plataformas complementarias por no hablar de un sólo espacio. ¿Convendrá recordar la autoridad m u n d i a l que ha dado a Francia su fuerza nuclear? V Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC de Sevilla Francisco Giménez- Alemán Subdirector: Antonio Burgos ABC Subdirectores D. Valcárcel, J. Vila, J. Javaloyes, M. Adrio, R. de Gongora, J: Amado Jefes de Redacción: J. A Gund n (Continuidad) J. C. Azcue (Internacional) B Berasátegui (Sábado Cultural) A. Fernández (Economía) J. I. G. a Garzón (Cultura) A A González (Continuidad) R. Gutiérrez (Continuidad) L Lz. Nicolás (Reportajes) C Mantona (Continuidad) J. L Martin Descalzo (Sociedad) J. Olmo (Edición) L I. Parada (Suplementos Económicos) L Prados de la Plaza (Continuidad) C. Prat (Dominical) Santiago Castelo (Colaboraaones) Secciones: J. Rubio (Arte) J. M. Fdez. -Rua (Ciencia) A. Garrido y J. Espejo (Confección) J. C. Diez (Deportes) A. Yáñez (Edición Aérea) J. Badía (Educación) E, R. Marchante (Espectáculos) J. Pato (Gráfica) M. A. Flores (Huecograbado) F, Rubio (Ilustración) M. Salvatierra (Internacional) C. Návascués (Madrid) J. A. Sentís (Nacional) M. A. Martín (Sanidad) D Martinez- Luján (Sociedad) R. Domínguez (Sucesos) V. Zabala (Toros) E. Yebra (Vida Social) Director General de Prensa Española, S. A. JUAN MANUEL GONZALEZ- UBEDA Producción: S. Barreno. Personal: C. Conde. Financiero: I. Laguna. P. Datos: V. Peña. R. Externas: J. Saiz. Comercial: E. Gil- Casares. Publicidad: L. Escolar. Distribución: J. A. G. a Valenzuela Teléfonos: Centralita (todos los servicios) 435 84 45, 435 60 25 y 435 31 00 Télex: 27682 ABCMDE. Publicidad: 435 18 90. Suscripciones: 435 02 25. Apartado 43 Prensa Española, S. A. El segundo frente es el de dos grandes culturas mediterráneas que han de actuar como contrapeso, frente a la uniformidad vulgarizadora de las subculturas audiovisuales importadas. El tercer gran asunto común es el de la construcción de Europa. Ambos Gobiernos, el neoconservador de Chirac y el socialista de González, parecen compartir dos principios: la unidad de Europa pasa necesariamente por la defensa activa de los derechos individuales, que constituyen la gran aportación europea al mundo moderno. En el terreno geográfico, otra gran evidencia: la suerte de los Doce se juega hoy más que nunca en el desguarnecido flanco sur, fronterizo con un continente lleno de interrogantes.