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ABC, pág. 42 idBRE el aborto se han escrito verdaderos ríos de tinta. También se han hecho gran número de declaraciones a todos los niveles, unas veces para defenderlo y otras para rechazarlo. Desgraciadamente, son más y más violentas las manifestaciones a favor que las contrarias. Parece como si a determinadas personas les avergonzara declararse públicamente a favor de la vida. Afirman que son contrarias al aborto, pero consideran que no deben inmiscuirse en la conciencia de los demás. No piensan que con esa actitud aún estaría vigente la esciavjtud. Los. abortistas son mucho más agresivos en sus reivindicaciones. Saben que este Gobierno no se dejará intimidar por un reducido número (un millón) de pacíficos manifestantes, pero se mostrará inmediatamente dispuesto al diálogo en cuanto El Cojo le rompa cuatro cabinas telefónicas. Son estos mismos abortistas los que se rasgan las vestiduras ante el proyecto de una nueva autopista que precisará la tala de 150 chopos. TRIBUNA ABIERTA MARTES 10- 3- 87 s EL ABORTO Y LA FOERZA DE LA IMAGEN Quienes están en contra del aborto provocado lo denuncian como un atentado directo contra la vida humana, como la destrucción de una vida que comienza, la del ser más débit e indefenso que cabe imaginar. Quienes pensamos de este modo hemos afirmado que el aborto es una monstruosidad; algo infrahumano, degradante para la sociedad que lo acepta y para quienes to provocan o consienten. En opinión de muchos ilustres pensadores, como es el caso de Julián Marías, la aceptación social del aborto se trata del hecho más grave ocurrido en nuestro siglo. Quienes así se manifiestan son personas dignas de todo crédito. Pero sus palabras frecuentemente quedan en eso: en simples palabras, que unos aceptarán y otros no, de acuerdo con sus criterios ideológicos. Quienes, en cambio, están a favor del Pero su decisión no cambia; sólo cuando ve con sus ojos las imágenes de un aborto real, Por Rafael BOTÍN BLANCO unas escenas tremenDirector de la clínica de San Francisco de Asís das, de espanto, que aborto lo presentan como un gran logro so- duran dos o tres minutos, se decide a no cial; como un derecho fundamental de la mu- abortar. Lo que lleva a Blanca a cambiar su jer, que puede hacer lo que quiera con su decisión es el paso de las palabras y opiniocuerpo; como una manifestación más de la li- nes al plano de lo que- se- ve. Al ver esas bertad sin trabas que preconizan, olvidándose imágenes salimos automáticamente del juego que la libertad de un individuo termina donde dialéctico de las palabras para situarnos ante empieza la de los demás. Por supuesto que la evidencia. Esas crudas imágenes, enmarprocuran dulcificar su lenguaje al esgrimir los cadas en medio de un relato ágil y con un fiargumentos. Y así nos hablan del aborto con nal que es un canto a la vida y a la esperanfrases suaves o eslóganes bien fabricados za, van a producir necesariamente un profunpara no herir la sensibilidad de quienes leen do i m p a c t o en la a c t i t u d de m u c h o s o escuchan: nos hablan de interrupción vo- ciudadanos ante el tema del aborto. Nadie luntaria del embarazo (o, más sencillamente, después de ver ese vídeo podrá seguir penIVE) de estirpación de partículas embriona- sando que el aborto es signo de progresismo rias Se nos dice que es algo muy sencillo social. Todos los que lo vean quedarán conde realizar sin el menor riesgo para la madre; vencidos de que se trata de la simple eliminaalgo así como estirpar una verruga o unas ción de una vida humana en desarrollo, que es atacada y destruida por unos procedimienamígdalas. tos y con una frialdad que causan horror. Para conocer la realidad del aborto provocado cualquier palabra se nos va a quedar En diversas ocasiones me ha preguntado corta. El camino más rotundo, el más incontrovertible, no es el de la palabra, sino el de el porqué es tan reducido el número de ginela imagen. Una imagen vale más que mil cólogos dispuestos a practicar abortos. Siempalabras dice el conocido proverbio. Pero pre he respondido lo mismo: el médico que en este caso el proverbio se queda muy cor- ha realizado la extracción de un feto en un to: cuando se ve en lo que consiste ün aborto aborto diferido (es decir, con feto muerto preprovocado, la imagen dice más que todas las viamente) lo recuerda como uno de, os mo- mentes más desagradables de su vida. Son palabras. Porque lo dice todo. de verdad muy pocos los que quisieran repeEstas reflexiones vienen a cuento con moti- tir la experiencia con un feto vivo. vo de la presentación en el Colegio de Médicos de Madrid del documental en vídeo MaYo vi el documental hace unas semanas en dre, ¡quiero vivir! El vídeo cuenta la historia una proyección privada en el Colegio de Méde Blanca, una mujer corriente, madre de dos dicos, a la que asistieron treinta o cuarenta hijos y en apuros económicos, que decide compañeros míos. Ninguno, pudo quedar indiabortar para evitarse más apuros. Un tema ferente ante esas imágenes. Y más de uno de lo más actual después del interés del mi- tuvo que apartar la vista ante esas escenas. nistro, señor Ledesma, en traer a toda costa Al finalizar la proyección, la opinión era unáy cuanto antes ef llamdo aborto socioeconó- nime: por fin tenemos un instrumento, un memico Pues bien, Blanca, un tanto inquieta, dio, que va a jugar un papel de incalculable escucha y lee distintas opiniones acerca del eficacia en la lucha que tenemos planteada a aborto a gente de la calle, artistas, médicos... favor de la vida. sin alarma el momento en que las arterias entran en su fase leñosa. Lo esencial es llegar al final sin quiebra del Por Francisco RODRÍGUEZ BATLLORI sentido de la dignidad. pasado que marcha contra reloj y que puede El final negativo de una vida ejemplar puede abandonarnos en cualquier momento, como a compararse con el torpe desenlace de una esas gentes de la mar que un golpe de ola buena comedia; con et acto final frustrado de arroja al océano. un drama inteligente y afortunado. La senoscencia es siempre tolerable si se tiene la eleDesde cierta altura de la vida se mira el gancia de aceptarla sin amargura, sin inútiles pasado con tierna nostalgia. Como se dispo- repudios. Hay que evitar que et último tramo ne de menos tiempo para quererle, se le de la existencia se anegue en estulticia. La quiere más y mejor; con aplomo y serenidad edad no debe ser motivo de desesperanza: porque, ausentes ya las tormentas del cora- una pavesa puede convertirse en hoguera. zón, se ha logrado la quietud de los sentidos. Los pensamientos adquieren mayor lucidez, Resistirse al dictado de la Naturaleza es luse destacan mejor sus contornos Aferra- char en vano; resignémonos a madurar como dos a los recuerdos gratos se vivifica el amor el fruto y aguardemos sin desasosiego el moal presente. Sin mendigar una vuelta al pasa- mento de la inevitable caída. No quiere decir do ni una prórroga de favor. Debemos ser ca- esto que hemos de abandonar la vida alegrepaces de contemplar con serenidad nuestra mente, pues sería tanto como aspirar a la caprogresiva consunción, aunque tratemos de nonización y pocos son los que acuñan mérirecorrer avaramente los pasos que aún se tos para alcanzarla. La orilla en que estamos nos reservan. La vejez del hombre no es es hermosa, pero hemos de aceptar con como la del almendro, que se seca temporal- mansedumbre el dejarla para que otros la mente para renacer cuajado de flores al pri- disfruten. Toda renuncia es un paraíso perdimer aliento tibio de febrero. Hay que percibir do. R ENUNCIAR a los p r o p i o s o r í g e n e s es un crimen contra la lealtad y la gratitud. Más de una vez me apremia el impulso de regresar a los lugares de mi niñez y mi adolescencia para experimentar el inefable deleite del reencuentro. Hay recuerdos que acompañan toda la vida; no mueren, no caducan: una amistad desinteresada, el alboroto callejero de unas fiestas patronales, el brillo de una mirada adolescente, llena de luz y de inocencia, los lugares en que alguna vez se fue dichoso... Esta es mi selección de recuerdos. Tienen el valor de perlas escogidas. Las guardaría en un estuche transparente y las colocaría en lujosa vitrina para mostrarlas a las visitas y poder decirles: Vean mi colección más preciada. Parecen perlas, pero son extinguidas realidades de un pasado perdido. Ni fábula ni fantasía. No quisiera llegar al final de mis horas sin descorrer la cortina que me oculta, en el tiempo y la distancia, un mundo entrañable. Los hombres jóvenes, los que andan por la ciudad, van y viven preocupados por sus negocios o se sientan al sol en las terrazas, apenas saben lo que es amar el pasado; un PARAÍSOS PERDIDOS