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MARTES 10- 3- 87- SOCIEDAD -ABC, pág. 39 La divorciada cambia los tormentos del anillo deboda por la cadena dela pobreza Sorprendentes conclusiones de la economista Sylvia Hewlet Londres. Alfonso Barra La excitante carrera del feminismo, con sus éxitos merecidos, ha contribuido a la creación de los nuevos parias de la sociedad moderna: las mujeres divorciadas y sus hijos. En teoría, la mujer que logró superar los tormentos encerrados en el pequeño anillo de boda se ha colocado las cadenas de la pobreza y la inseguridad. A esto ha llegado la economista Sylvia Hewlet en su libro Una vida inferior: el mito de la liberación de la mujer. Los grandes libertadores sudamericanos del siglo pasado consideraban que Estados Unidos era la basílica de todas las conquistas sociales y de la felicidad químicamente pura. Ahora los profetas laicos ven en ese país la encamación de Belcebú. Algo parecido ocurrió con las libertades de la mujer, que de buscar en America del Norte el paraíso del feminismo ha pasado a encontrar el paraíso de las compañeras liberadas. La pildora por antonomasia, allá por el año 1962, con todas las bendiciones médicas en Gran Bretaña, consolidó la independencia femenina. Cinco años después, una ley sobre delitos sexuales toleraba toda suerte de relaciones íntimas entre adultos y en privado, ya fueran de índole homosexual o lésbica. Gran Bretaña la mujer gana el 66 por 100 del salario del hombre. En Suecia, donde está mejor pagada que en los demás países europeos, sus ingresos suponen el 81 por 100. Sylvia Ann Hewlet, una de los seis hijos de un profesor gales, tomó las calzas de Villadiego el año 1967 y dejó Gran Bretaña para disfrutar a pleno pulmón de las conquistas del feminismo en Estados Unidos. Inteligente, voluntariosa, bonita, conseguiría a los treinta años de edad el nombramiento de profesora de Economía en la famosa Universidad de Barnad para mujeres. En su libro Una vida inferior: El mito de la liberación de la mujer Sólo un 10 por 100 de las familias británicas vive al estilo de las tradicionales españolas matrimonio un seguro económico vitalicio. Era la institución perfecta fundada sobre la división del trabajo. El marido seguía un oficio o carrera para labrarse un futuro próspero y la esposa dedicaba sus labores a crear y consolidar el hogar. Esa situación fue rechazada por las progresistas como un cúmulo de todos los males y fuente de la frustración femenina. Las corrientes libertadoras Con aquel concepto anacrónico, la mayoría de las casadas vivían con más desahogo que trabajando por cuenta ajena, pero la familia tradicional fue arrasada por las corrientes libertadoras. En Estados Unidos la mitad de los norteamericanos se divorcian, una proporción que casi es alcanzada por Suecla, Gran Bretaña y Alemania occidental. El índice de matrimonios rotos en el mundo anglosajón es entre tres y veinte veces superior al de los países católicos. En el aspecto social la mujer se ha limitado a reservarse un trabajo temporal en el matrimonio como esposa, madre y ama de casa. Esa dedicación, sin embargo, es transitoria como el vínculo nupcial. Dice Sylvia Ann Hewlet que la esposa desplazada la víctima del estallido matrimonial, cambia las promesas de lealtad, la dignidad en muchos casos y la seguridad por las supuestas libertades que concede el divorcio. El marido alza el vuelo sin dificultades en busca de amazonas más jóvenes cuando la esposa tiene venas varicosas, arrugas faciales y presión arterial alta. ¿Para qué montar guardia en una garita de la que está ausente la lozanía de la juventud? Así se alimenta el censo demográfico de los recasados y arrimados de ambos sexos. Se ha dicho que en la cama de los divorciados que vuelven a casarse hay, al menos, cuatro espíritus. Las trepidaciones conyugales suelen ser dignas de los temblores de tierra por las quiebras de San Francisco, en California. En 1983 los hijos al cuidado de la mujer separada suponen la cuarta parte de todos los menores de edad en Estados Unidos. La mitad de estos viven en condiciones de pobreza sin muchas posibilidades de superarlas. Cada diez hijos de divorciados, nueve están a cargo de la madre. La reforma progresista La reforma progresista popularizó el divorcio. La paz entre mozos y mozas sería la separación por eso de que más vale extraer un colmillo que sufrir un dolor con carácter permanente. Era la gran coronación de la frivolidad y la irresponsabilidad. Toda esa kermesse ha sido malograda por dos fenómenos imprevistos por las. libertadoras: el SIDA, que impone sin otras opciones sosiego en las relaciones sexuales, y la lamentable secuela social del divorcio. Con plena justicia se ofreció a la mujer el panorama muy atractivo de la carrera universitaria, de los negocios estimulantes y, en general, de las actividades más allá de los confirles del hogar familiar. En Gran Bretaña había 4 7 0 0 0 a l u m n a s de e n s e ñ a n z a s superiores y ahora suman 150.000. En el momento encantador de recibir el sobre de la paga, sin embargo, la discriminación es hiriente. El salario medio semanal del hombre en Gran Bretaña es de 38.400 pesetas, y el de la mujer, 25.200. Los padres gastan más en pagar los plazos de un coche que en ayudar a su prole El marido da esquinazo a su esposa cuando en ésta aparecen varices y arrugas cuenta y llora las conquistas. El paraíso soñado era, en la realidad, un purgatorio. Cuando a los treinta y un años estaba muy cerca de conseguir la cátedra de Economía en propiedad cayó por la pendiente como un esquiador olímpico. La maternidad la había frustrado las posibilidades y esperanzas. El hombre, más seguro soltero Dicen los. maliciosos que el miedo a la soledad es muy superior al miedo que sienten los contrayentes del vínculo nupcial. Años atrás, la idea era que la mujer debía casarse y que el estado más seguro del hombre es la soltería. Las corrientes progresistas alteraron el planteamiento para establecer que el estado feliz de los dos es el del matrimonio con plena libertad para romper filas. Con ese principio, que deja abierta la puerta a las fugas conyugales, transformado en artículo de fe del credo izquierdista, la familia entró rápidamente en una fase de crisis aguda. Como las cadenas del matrimonio pueden ser pesadas, la solución sería que tres personas al menos asumieran esa carga. La infidelidad conyugal era ya un remedio habitual. El divorcio se transformó en el remedio fácil y definitivo sobre todo para el marido, aunque la mujer tanto había luchado para acelerar y simplificar los trámites legales. La liberación brindó libertad al esposo y pobreza para la esposa y los hijos. En los tiempos reaccionarios la mujer solía encontrar en el La brigada de la bayeta A pesar de la imagen risueña de la supermujer que triunfa en la televisión, que explora el cosmos y que gobierna imperios multinacionales de la industria o de las finanzas, la posición económica de la mujer en Estados Unidos, la basílica del mundo para las militantes woman- lib es un mal ejemplo de discriminación. Únicamente el 7 por 100 asumen responsabilidades de dirección y no pasan del 10 por 100 las que ganan más de 23.000 dólares al año. De cada cuatro mujeres empleadas en Estados Unidos, tres siguen realizando trabajos femeninos delante de la máquina de escribir, incorporadas a la brigada de la bayeta o cortando el pelo a los clientes. En muchos casos con su salario no pueden superar los límites de la pobreza. En Romería conyugal De cinco millones de madres abandonadas que tienen derecho a pensión o alimentos del ex marido, únicamente un millón y medio los perciben. El 60 por 100 de los padres divorciados no contribuyen nada para ayudar a la prole. Y muchos de los que castigan su cartera pagan menos por esas atenciones que para comprarse el auto a plazos. El nogocio de la romería conyugal, del divorcio a vuela pluma, es para el hombre. La mujer, que tanto luchó para facilitarlo, se ha transformado en la gran perdedora. El nivel de vida de la divorciada es un 73 por 100 inferior al año de la anulación matrimonial y el del ex marido se eleva en un 42 por 100. No hay que estudiar economía en Salamanca para aceptar que