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LUNES 9- 3- 87 VIOLA, ULTIMO COMBATE CON LA LUZ A B C 53 adora de Manuel Viola tima entrevista con el artista desaparecido El arte actual es una olla hirviendo. Todo es válido nada es válido, pero hay que reconocer que el reacer de la figuración es un hecho innegable Pintor de raza Sabía que Viola estaba gravemente enfermo. No durará un año me dijo hace menos de un mes Mario Antolín, que acababa de pasar una tarde con él en su casa de El Escorial y me traía recuerdos de su parte. Ya no podía ir hasta el estudio. Pintaba alguna que otra cosa de pequeño formato sobre la mesa de camilla; quizás esos gallos de pelea que tanto se han prodigado últimamente en las subastas de Madrid, siempre disputados por los licitantes. El gallo de pelea podría ser el tema emblemático del pintor. He buscado apresurada e inútilmente entre mis papeles un artículo que escribí sobre su exposición antológica o retrospectiva de los años sesenta, en la que entonces era sala de la Dirección General de Bellas Artes, en los bajos de la Biblioteca Nacional. Me hubiera gustado reproducirlo en su homenaje. Pero puedo resumir lo principal. Recuerdo claramente haber dicho- y lo repito ahora con total objetividadque el linaje de la pintura de Viola arranca de El Greco y pasa por Goya. Pintura de gran empeño y aliento, perfectamente ortodoxa, que yo sepa, Viola no alivió jamás su obra con recursos distintos a los de la pintura tradicional. Ellos le bastaban para armar y poner en pie enormes composiciones de luz, gesto y color resistentes al más riguroso análisis. Era un creador poderoso, de enorme personalidad, de gran capacidad resolutiva. Un pintor de raza, un gigante de la pintura contemporánea. Santiago ARBÓS BALLESTÉ tentaría impregnar mi obra de un cierto simbolismo, no literario, pero sí que aportase al cuadro algunos elementos de concreción y de afirmación. Mientras hablamos, surge el rec uerdo de su última exposición en la Sala Rayuela, una exposición esperada desde hace años por los seguidores del pintor; cuadros trabajados, plenos de fuerza, de misterio, de luz; cuadros que recordados en la distancia parecían tener angustias premonitorias, como aquel magnífico lienzo titulado La ventana de la muerte lienzo de una sobrecogedora belleza en el que quedaba patente toda la pictórica de Viola y su exquisita sensibilidad cromática. Yo, por principio, respeto todas las vanguardias, pero hay algo que me indica que hemos llegado a los límites, al cero, casi a la total negación y que es necesario volver al origen, comenzar una revisión crítica de la pintura, mirar hacia atrás sin ira y sin desprecio. Hay están esos pintores jóvenes que realizan una obra en la que afloran los expresionismos y los impresionismos. El arte actual es una olla hirviendo. Todo es válido y nada es válido, pero hay que reconocer que el renacer de la figuración es un hecho innegable. Debe haber un atasco de coches junto a la casa, el sonido de los claxon parece querer ahogar las palabras de Viola, pero él grita para hacerse oír. ¡El hiperrealismo ha finiquitado! ¿Qué? ¡Que ha finiquitado! Ya que sólo se justificaba como una reacción agresiva contra el abuso de las libertades del informalismo. Nunca supe dibujar Sus manos juguetean ahora con un pedazo de papel, sobre el que ha dibujado al principio de nuestra conversación sus bronquios y sus pulmones para explicarme su enfermedad. A la pintura le ha perjudicado el afán de novedad impuesto por los marchantes. En veinte años se han sucedido veinte o treinta tendencias, de las que solamente cuatro o cinco han sido importantes, las otras son desgraciadamente consecuencia del consumismo y del carácter comercial que ha dominado la creación pictórica. Algo parecido a lo que ocurre con las emisiones de sellos, que cada vez se multiplican más con el único objeto de obtener beneficios y contentar a los coleccionistas. Aunque hay que reconocer que todo eso ha tenido una parte positiva, por otra ha creado una gran confusión al no dejar sedimentarse las cosas. Viola termina su copa, mira el papel que ha dejado en la mesa y mientras lo arruga hasta convertirlo en una pelota, exclama: ¡Yo nunca he sabido dibujar! Escuchándole se me ha pasado el tiempo casi sin darme cuenta. La tarde va cayendo lentamente. Empieza a refrescar. Después de una primera etapa juvenil. Yo empecé a pintar con una cierta tendencia figurativa y neocubista, que era lo que estaba de moda entonces en Francia, pero mi auténtica pintura surge cuando regreso a Madrid y descubro a Goya a la vez casi que se funda el grupo El Paso y me invitan a participar con ellos. Nuestra conversación, ¿cómo no? nos lleva hasta Picasso. Era un genio en todo, en la pintura, en las finanzas, en la publicidad. El es el gran pintor de este siglo, el que ha revisado toda la pintura desde las cuevas de Altamira al último naíf El gran creador y el gran destructor. El gran cleptómano de la pintura y el que la ha llenado de vida y de interés. Imaginación y madurez Antes de despedirme de Manolo, contemplo alguno de sus cuadros, en los que la imaginación y la madurez se equilibran, en una magistral lección de poética violencia creadora. La luz rompe las sombras en pedazos. Explotan los colores y una nueva armonía, dinámica y dramática se apodera del lienzo. Hay vibraciones cósmicas hirviendo bajo el fuego del color, la estudiada arquitectura de los planos se estremece de fiebre y el pintor nos descubre con trallazos dé luz la mágica hermosura que se oculta en el caos. Admirando sus cuadros, recuerdo aquella frase de Antonio Cobos, la obra dispersa de Viola constituiría reunida la Capilla Sixtina del abstracto nes y de dudas. Lucho contra los tópicos y los lugares comunes. Más que pensar procuro despensar. Librarme de pesos inútiles. Volver al principio. Hay un pájaro que ha empezado a cantar en su jaula. Lo más hermoso es la sinceridad, la comprensión. El amor tiene muchas formas distintas y hay que amar, cueste lo que cueste. Los trinos del canario llenan las pausas de Manolo, que parece fatigado por la charla. El dinero sólo me ha importado cuando lo he necesitado, luego no. El triunfo y el fracaso sólo son importantes ante uno mismo. Nunca he entendido a esos pintores que han hecho de su afición una carrera como la de médico o la de abogado. Un artista, pienso yo que es otra cosa. No sé si mejor o peor, pero otra cosa. Anochece ya cuando me despido de Viola. En los ratos que no pinta escribe poemas. Su mano es fuerte y cálida. Vuelve otro día. El pájaro canta con más fuerza. Buero Vallejo decía en una de sus obras que los pájaros cantan porque tienen miedo. Cuando mejore el tiempo saldré a pasear. Manuel Viola, bronco, y dulce, ingenuo, mordaz, escéptico y crédulo, torturado y sereno, es, sin duda alguna, uno de los mejores pintores que tenemos, y quizá el único que Pensar en la muerte le ha dado a su vida una dimensión Siempre he pensado en la muer- surreal y poética. te, pero ahora lo hago con mayor Mario ANTOLIN PAZ intensidad. Estoy lleno de intuicio-