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50 A B C VIOLA, ULTIMO COMBATE CON LA LUZ LUNES 9- 3- 87 Estuvo pintando horas antes de morir Madrid. J. M. Fernández- Rúa Fue a raíz de la exposición de litografías, en la Galería Skira, de Madrid, hace ahora diecisiete años, cuando Manuel Viola conoció a Maria Asunción Arroyo. Esta madrileña, treinta años más joven que el pintor, había visto su obra en otras Muestras. Mis padres- explica Mari Asun a A B C- ya tenían cuadros de Manolo, y yo me sentía atraída por su obra. A escasos metros de la capilla ardiente, en su domicilio de San Lorenzo de El Escorial, la compañera de Viola muestra una entereza digna de elogio, mientras numerosas personas acuden a expresar su condolencia por la pérdida. Viola era un personaje muy querido; todos comentan su carácter vital y siempre alegre. La casa del genial artista aragonés, situada en la parte alta de El Escorial, estaba anoche repleta de amigos. Entre ellos, Octavio Uña, Francisco Umbral, el escultor Martín Chirino y la esposa de Sancho Gracia, junto con un nutrido grupo de vecinos de esta localidad de la sierra Norte de Madrid. El sábado por la mañana estuvo pintando aquí- señala Mari Asun hacia la galería cubierta donde estamos sentados- tuve que retirar algunos muebles para que Manolo pudiera trabajar. Quería terminar unos cuadros pequeños... Viola sabía que iba a morir. Pero el cáncer que padecía desde hace tiempo y que combatía con quimioterapia en la Clínica La Zarzuela con cierta periodicidad no le impidió seguir pintando. Se sintió indispuesto- añade la mujer que ha permanecido con él los últimos diecisiete años y con la que tuvo un hijo, Jacobo, de quince- pero quiso trabajar porque quería que tuviésemos alguna obra para vivir. Nadie se imaginaba que fuera a suceder ahora, y menos yo. Jacobo, el hijo de Viola y Mari Asun, no se encontraba en la casa. Se le habían llevado unos amigos porque estaba muy afectado. En la noche del sábado- continúa diciendo Mari Asun- Manolo se sintió muy mal. Intentamos que viniera un médico, pero fue imposible. Al final le llevamos a la Clínica, donde le aplicaba la quimioterapia su gran amigo, el doctor Lorente. Le volvimos a traer. Alrededor de las seis de la madrugada expiró. Manolo Viola sufrió una fuerte recaída el pasado año. Nuestro hijo Jacobo estaba estudiando en Irlanda y le hicimos volver. Ya entonces me temí lo peor. -comenta Mari Asun- Ya ve, ahora no me imaginaba que tuviera que suceder. Realmente se encontraba muy cansado. El entierro de Viola tendrá lugar a las doce de la mañana de hoy, en el Cementerio Municipal de El Escorial, en las proximidades del Valle de los Caídos. Blanco y negro Conocí a Manolo Viola aproximadamente por los años 1957 o 1958, en una exposición que había organizado Juana Mordó. Era la época o de prefundación del Grupo El Paso o posterior a la fundación. Creo que debieron ser aquellos años aproximadamente. A Manuel Viola yo le conocía solamente de oídas; sabía que había estado en París con el nombre de Manuel y muy incorporado a los grupos de vanguardia, incluso al literario, poético, además de los plásticos. A mí me pareció, desde que vi su pintura, un artista enormemente interesante en aquel momento, con las primeras obras de lo que después dimos en llamar informalísimo. No sé si entonces el Grupo El Paso lo habíamos fundado, es posible que sí. El hecho concreto es que después de nuestra intervención como colectivo a la Bienal de Venecia de 1958, que constituyó un éxito para España, el Club Urbis invitó a Viola junto a varios miembros del grupo. Allí tenía él un cuadro, del que recuerdo incluso su título- La saeta Era una magnífica obra, y a los componentes del grupo nos pareció que la forma de pintar de Manuel, su manera de pensar como artista plástico, estaba totalmente entroncada con las ideas, estéticas y éticas del grupo en aquel momento, y fue invitado a tomar parte en nuestra composición, o en la ampliación que se hizo de él a los dos años de su fundación. Desde su incorporación a El Paso, Viola fue un elemento enormemente activo hasta que el grupo dejó de existir; se incorporó en 1959 con Martín Chirino, y El Paso se deshizo en Roma al año siguiente. Manuel fue un magnífico pintor informalista con esa raíz enormemente española que ahora parece que suena un poco mal entre los jóvenes. Su pintura, en aquel momento, era de gesto, como la de la mayor parte de los pintores informalistas del momento, en blanco y negro- los colores tradicionales de El Paso- para hacer referencia en parte a la austeridad española, incluso a esa pintura del siglo XVI y a Goya, al que estábamos muy agarrados, sobre todo a aquel dichoso Perro ladrando del Museo del Prado. Después de deshacerse El Paso, continuamos naturalmente la relación entre los componentes del grupo, que no éramos muchos. Manuel Viola tuvo unos grandes éxitos después. Creo recordar que fue en los años setenta cuando hizo unas grandes exposiciones, con un éxito verdaderamente desaforado. Después, poco a poco, Manolo se se fue recluyendo en sí mismo; hacía ya unos años que se había ido incluso a vivir a El Escorial, huyendo de cenáculos, tertulias, etcétera, y ya dejamos de vernos con la frecuencia con que lo hicimos antes. Yo hacía tiempo que no lo veía, a pesar de que me interesaba por la grave enfermedad que ha terminado con él. Estoy verdaderamente impresionado con la muerte de Manuel Viola, y es tremendo que en el grupo El Paso, del que tan pocos componentes éramos casi antes de ayer, en los años cincuenta y sesenta, sea Manuel el tercero que nos falta, junto a Manuel Millares y Pablo Serrano. Manuel RIVERA Maestro del color Viola era el más grande pintor abstracto que ha tenido España, uno de los mejores artistas de nuestro siglo. Tenía una fuerza de expresión y un sentido del color que lo destacan por encima de otros pintores. Manejaba las gamas cromáticas con maestría envidiable, con un sello inconfundible; era un gran dominador de la espátula, con la que daba a sus cuadros una dimensión fantástica e impresionante. Eso es lo que más me gusta de su pintura, esa dimensión de color, del que huyen otros pintores abstractos, presos en la materia. El se enfrentaba cara a cara con el problema del color y lo resolvía con grandiosidad de genio. Como persona era entrañable, lleno de vida, siempre amable con quienes acudíamos en busca de su ayuda o su consejo. Mercedes GOMEZ- PABLOS -De poeta surrealista Madrid. Servicio de Documentación Manuel Viola se reveló en su juventud como tempranísimo poeta. Pronto sentiría, sin embargo, la llamada de la pintura, a la que dedicó el resto de su vida. He aquí la cronología sucinta de su vida y su trayectoria profesional: 1919: Nace en un arrabal de Zaragoza, hijo de catalán y aragonesa. Su nombre de pila es José. 1932- 33: Colabora como poeta surrealista en Art una de las primeras revistas españolas de vanguardia, que se publicaba en Lérida. 1934: Tras vivir unos años en Lérida, se traslada a Barcelona para estudiar Filosofía y Letras. Allí entabla contacto con Dalí, Miró y Calder, entre otros artistas del momento. 1939: Tras haber participado en la guerra civil, marcha exiliado a Francia. Permanece en un campo de internamiento, se enrola en la Legión extranjera y más tarde entra a formar parte de la Resistencia. En Francia descubrirá la pintura moderna, hasta el poscubismo. Conoce también, entre otras muchas personalidades, a Picasso, a Hartung, a Picabia. 1945: Expone en el Salón de los Independientes, primero de vanguardia organizado en París después de la guerra. Adopta el nombre de Manuel, con el que figuraba en el catálogo de la Exposición. A este período se deben Port louché y Le petit moulin consideradas como las primeras pinturas abstractas españolas fuera de España. Comienza a trabajar para Durand David. 1948: Participa en la Exposición de arte contemporáneo organizada por la UNESCO. 1950: Regresa por primera vez a España, para ser torero según confesó. Figura en algunos carteles como novillero. 1953: Celebra su primera exposición en Madrid, en la galería Estilo. 1956: La galería Claude Bernard, de París, adquiere toda su obra. 1957: Se integra én el grupo abstracto El paso con Saura, Canogar, Millares y Feito,