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1 maestro del expresionismo abstracto español murió ayer en SanLorenzo de El Escorial El pintor Manue! Viola falleció ayer en San Lorenzo de El Escorial a la edad de sesenta y ocho años, a causa de un fallo cardiaco. Padecía desde hace tiempo cáncer de pulmón. Uno de los más característicos abstractos españoles, Viola tuvo una vida llena de peripecias que le llevó a ser miliciano en la guerra civil, legionaRealmente Viola fue un caso extraordinario. Que un pintor autoexilado en París, tras haber sido miliciano durante la guerra civil y formar parte de la Resistencia francesa, tuviera ocasión de exponer en las salas de la Dirección General de Bellas Artes, allá por el año 65, mueve a asombro. Que además lograra imponerse en aquella sociedad española mediante la pintura que ésta más odiaba, el expresionismo abstracto, se tenía ya entonces por prodigio. Y no es que renunciara a nada: siguió pintando hasta el final de muy parecida manera y en 1978 formó parte de la candidatura del PSOE para la Alcaldía de San Lorenzo de El Escorial. Madrid. J. M. Costa rio francés en la segunda guerra mundial, poeta surrealista y aspirante a torero. Encuadrable dentro del expresionismo abstracto, perteneció al grupo El Paso, junto a Canogar, Millares o Saura, entre otros. Acostumbrado a donar sus obras a establecimientos benéficos, Viola dejó también sus ojos a la Fundación Barraquer. Si se refiere al gesto, aquello- matizado en todos los casos- era la action painting, la pintura del acto, allí donde el espectador podía recorrer el momento expresivo del artista, liberado y salvaje. Pintura que requería grandes formatos, muy adecuados para los nuevos lugares de representación social como compañías comerciales, aeropuertos, fundaciones y demás. Su futura y contradictoria clientela. Por otra parte, tampoco cabe olvidar que estas gentes trataban de gritar, se encontraban demasiado cerca de los horrores de la guerra, y la salida, bajo la amenaza de ia bomba, no se veía nada clara. Era el expresionismo abstracto, verdadero terror de un mundillo, el artístico, que apenas había podido digerir a Kandinsky, Mondrian, Picasso o Giacometti. Ambas posturas son en realidad una sola, y dentro del contexto Viola era prototípico. Aunque eso sí, influido por Goya, Rembrandt, Caravaggio, El Greco o Klee, hacia quien profesa una admiración casi sin límites. sajes pintados en Céret, en el sur de Francia, resultaría la influencia más importante de la First New York School, que incluía a Jackson Pollock, Arshile Gorky, Willem de Kooning, Hans Hoffman, Franz Kline, Mark Rothko o Barnett Newman. Tal vez si Viola hubiera en- De Zaragoza a París Nació en Zaragoza en 1919 y llamándose José, nombre que cambió por el de Manuel hacia 1940. Ya desde pequeño fue un espíritu inquieto. Según él mismo afirmaba, tuvo sus primeras aficiones pictóricas a los quince años. Nada más sentir la llamada, se traslada a Barcelona, donde entra en contacto con los espíritus inquietos de Dalí, Miró, Gasch o Calder. Dos años le separan de ia guerra civil y de toda esa peripecia francesa que le quiso prisionero de la Gestapo, participante en el desembarco de Dunkerke, enrolado en lá Legión Extranjera y en la Resistencia desde sus mismos comienzos. Es difícil saber a estas alturas cuántas de estas historias pertenecen a una leyenda o son verídicas; pero sus posteriores relaciones parisinas, el círculo surrealista de Bretón o Peret, dan credibilidad a estas y otras locuras improbables. Entre las que no desmerece aquella que le diera por muerto, con necrológica equivocada. Muy surreal en dicha ocasión, ahora cierto. De regreso a España caminado sus pasos a Nueva York, su impecable olfato para las buenas amistades le hubiera conducido a incluir un nombre hispano en medio de tanto centro- europeo. No fue así. A principios de los cincuenta regresó a España para ser torero. No sólo eso, sino que figuró en carteles de novillero bajo el nombre de El Mangelo. De ahí se derivó una buena amistad con Luis Miguel Dominguín. Y también su utilización del ocre, el negro y el rojo como colores fundamentales. Su regreso a España le lleva a Torremolinos. Años más tarde ingresó en el grupo El Paso junto a los Canogar, Saura, Feito, Millares, Martín Chirino, Suárez y aún otros. El grupo se disolvió en el año 1959, pero aún hoy marcó un acento bastante latino y sobre todo romántico en la crudeza muchas veces brutal de la escuela americana. Con diferencias muy notables, que van desde la negrura nada agradable de Saura hasta la delicadeza sedosa de Zóbel, El Paso y resto de abstractos españoles lograron mantener encendida en nuestro país la llama de una cierta modernidad, amenazada por el apoyo oficial a una figuración de corte costumbrista. Su actividad no se limitó al pincel. En 1962 realiza los decorados para el tablao La Zambra, en el Teatro de las Naciones de París y poco más tarde su obra ingresa nada menos que en el aeropuerto de Nueva York, uno de los principales centros públicos de arte contemporáneo. Más adelante, y para el edificio de CAMPSA en Madrid, realizaría un mural cerámico que hoy ya conocen todos los frecuentadores de la calle Capitán Haya, comercial de día y dudosa de noche. Eso sin contar con la poesía, que seguiría escribiendo como su alter ego artístico y oculto. Los últimos años de su vida le vieron tanto lejos de la polémica- l a generación subsiguiente ya se había asentado- como del mundanal ruido. Prácticamente retirado en San Lorenzo de El Escorial, no lo estaba tanto en su casa. Paseaba, charlaba con la gente y seguía pintando. El pintor torero En aquella época Viola ejercía más bien de poeta. Publicó en La main a la plume y se le encuentra en antologías antiguas aunque ha de reconocerse que esa etapa solo suponía un paso en su carrera. Es a través de la poesía como llega a la pintura, exponiendo por vez primera en el Salón de los Independientes de París, aún incurso en una figuración que, a través de unas muy reproducidas peleas de gallos, le permitían, en su rapidez vertiginosa, acercarse a lo que luego sería su fórmula maestra. Con todo y ser una etapa transicional se vendió todo, lo que ya sugiere ese encanto comercial que mantendría con pocos altibajos y una producción relativamente moderada a lo largo de toda su vida. En París tiene un maestro fundamental, Soutine. Es muy curioso esto, porque Soutine, fundamentalmente a través de unos pai- El expresionismo abstracto Pero volvamos a una pintura que, aun abrumados por tanta anécdota significativa, sigue siendo lo fundamental. Aquella escuela de Nueva York se caracterizó por una intensa energía que conducía la pintura (con o sin pincel) como un vendaval por todo el cuadro. Un poema Las brújulas ocultas del silencio conducen a las plazas desiertas, conducen a las calles cubiertas de ceniza, conducen hasta el secreto de la Esfinge con ojos de andén solitario, con labios de arena incandescente. Manuel VIOLA