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GENTE Mercedes Sampietro y Emilio Gutiérrez Caba encarnan en Ayer, sin ir más lejos -l a obra de Jorge Díaz que fue premio Tirso de Molina y que se representa en el teatro Bellas Artes- a la pareja que vivió la progresia combativa de los años setenta y que ahora hace examen de conciencia en la hora del desencanto Ayer, sin ir más lejos los progres de los setenta en la hora del desencanto CTRIZ- SOPORTE desde aquel Gary Cooper, que estás en los cielos cuando Pilar Miró, con tozuda fe en su actriz preferida, se partía la cara con los productores decididos a buscar otro nombre más sonoro y conseguía, al fin, descargar sobre esta mujer todo el peso de la historia. De nuevo, una obra descansa segura sobre Mercedes Sampietro, sobre ella y otro más, Emilio Gutiérrez Caba. Esta pareja de actores- caliente y equilibrada -dibuja, con acierto, el retrato cercano de un matrimonio que vivió una cierta progresia combativa en los setenta, y que ahora, al cruzar la barrera de SÁBADO 7- 3- S 7 A los cuarenta, rinden, frente a frente, cuentas. En Ayer, sin ir más lejos del escritor chileno Jorge Díaz, premiada con el Tirso de Molina 1985, bajo el nombre de Las cicatrices de la memoria tocan a desencanto. Es la hora de estamparse, con dolorosa ironía, todos esos reproches largo tiempo amordazados; de entablarle un proceso a la vida para terminar con una triste sentencia: un mutuo desconocimiento y una cruda evidencia: las cadenas que les unen, además de absurdas, son ajenas. Es el manido crack de la pareja; con sólo extender nuestra mano, topamos con muchos de estos seres que se quedaron, des- pués de todo, descolgados. Quizá por eso esta comedia, envuelta en humor y ternura, resulte, por familiar, una chispa tópica. Al filo de su actuación, mientras Mercedes Sampietro remarca sus rasgos de tragedia en el camerino del Bellas Artes, se confiesa ajena a todo este enjuague de militancia antifranquista que en esta obra se evoca: Por mi condición social no he vivido estas experiencias. Me pasaba todo el santo día trabajando para llevar dinero a casa, no pude ir a la Universidad; por tanto, no tuve acceso a este tipo de compromiso político. Ese momento lo viví de forma práctica, en contacte con la realidad, no de una forma teórica como les ocurrió a los personajes de esta obra. Encorsetada en papeles dramáticos, aún novicia en la risa, y no por falta de recursos, más bien por estrechez de miras de quienes reparten estos asuntos, Mercedes Sampietro no vive, a sus cuarenta, un privado desencanto, muy a! contrario: Es, sin lugar a dudas, mi mejor época. Empiezo a estar en paz conmigo misma, empiezo a entenderme, a situarme. Ni loca volvía a los veinte, ni loca. Y aleja, intactas, las cicatrices de su memoria Leticia GIL DE BIEDMA ABC v