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XIV ABC ABC 7 marzG- 1987 -Novela- -ComicsCosmópolis Guión y dibujo de Rafa G. Negrete Toutain Editor. Barcelona, 1986. 110 páginas Los jardines de Arai juez Eduardo Alonso Editorial Anagrama Barcelona, IWfi. I1 J 5 púginus Al dar cuenta de su anterior novela, la crítica exaltó con unanimidad las dotes estilísticas de Eduardo Alonso, sin prestar atención- -o, al menos, sin prestar atención suficient e- a las que yo considero virtudes mayores de este novelista. ¿A qué se debió ello? Ante todo, al compartido prejuicio de que lo que eleva una novela al nivel de la obra de arte es, de manera exclusiva, la manipulación verbal- este prejuicio prueba que aún hay muchos para quienes la novela es un género menor, que sólo puede perder esta condición Eduardo Alonso aproximándose a la poesía tal y como es entendida por tantos: como un juego de variaciones formales, verbales- Luego, a la no menos compartida ignorancia de lo que constituye la esencia de la novela: una fundación nueva de la realidad. Dada la precaria situación actual de la crítica, la falta de clarividencia que aqueja a buena parte de la misma, lo que antecede no tendría importancia si no fuera porque esa idea, según la cual Eduardo Alonso es primordialmente un estilista puede estorbar a algunos lectores la correcta comunicación con los libros de este novelista asturiano, residente en Valencia, que constituye uno de los valores seguros de nuestra narrativa última. A combatirla, pues, van dirigidas en buena parte las líneas que siguen, testimonio, además, de mi creencia en que el autor de Los jardines de Aranjuez debe ser seguido con atención, pues puede proporcionarnos sorpresas positivas en el futuro. Los jardines de Aranjuez cuenta la historia de un enano, en una serie de TV, que se enamora de una de las actrices de la misma y que vive ese amor tanto en el plano del presente como en el de la ficción cinematográfica: el bufón del rey Felipe IV también está enamorado de la reina María Ana, representada por la actriz a la que el diminuto actor ama. El primer acierto de Eduardo Alonso al abordar esta historia ha sido no incurrir nunca en la manipulación enternecedora, en el sentimentalismo fácil: la corta estatura del protagonista de la novela no es vista por éste como el obstáculo, con mayúsculas, que se opone a la realización de su amor; ei enanismo es considerado por el autor como figura o símbolo, únicamente, de la distancia en su desventaja que todo aquél que ama siente existir entre él o ella y el objeto de su amor. Siguen en la lista de los aciertos la excelente y discreta evocación de una época, la España de mediados del siglo XVII, que lleva a cabo Eduardo Alonso- las notas coloristas están reducidas al máximo, se pone más énfasis en las semejanzas entre el pasado y el presente que en las diferencias, necesariamente accesorias- y el ajustado reflejo de los medios cinematográficos en los cuales se desenvuelve buena parte de la acción. El tratamiento de los personajes, en cambio, no es todo lo rico que podría esperarse de un novelista como Alonso- h a desaprovechado la oportunidad de mostrar el décalage existente entre los personajes tal y como son y los personajes tal y como son aprehendidos por el protagonista del libro en función de sus pasiones y de sus expectativas. El estilo, en fin, es flexible y se encuentra utilizado de un modo correctamente funcional: Eduardo Alonso está en posesión de un vocabulario muy extenso, se sirve de una gran variedad de esquemas sintácticos, pasa con maestría del lenguaje arcaizante al coloquial moderno y siempre da prioridad a lo que cuenta sobre el modo como lo cuenta. Con ser importante todo lo que antecede, pienso que el valor mayor de Los jardines de Aranjuez reside en el hecho de que Eduardo Alonso se ha servido de la trama de la novela para llevar a cabo una indagación en profundidad acerca de dos temas de gran trascendencia: el de los usos posibles del arte, considerados desde la perspectiva del artista; el de las relaciones entre imaginación y realidad, absolutamente clave por lo que respecta a la novela concebida como género literario autónomo. En cuanto al primero, el protagonista de la novela utiliza el arte para compensar sus debilidades, y ello no resulta negativo, considerado en términos absolutos, porque en ningún momento pretende que esta sea la única función del arte y porque es siempre consciente de que, al hacer lo que hace, establece un puente entre el arte y lo cotidiano, impidiendo así que el primero se reifique y pierda trascendencia y, en último término, sentido. En cuanto al segundo: Eduardo Alonso pone al descubierto, por vía exclusivamente narrativa, cómo lo que consideramos realidad no es algo establecido de una vez por todas, algo objetivo en sí, sino la síntesis, siempre precaria establecida comunitariamente a partir del conflicto dialéctico entre los datos brutos de la existencia y la imaginación. Esto último quiere decir que Eduardo Alonso es un novelista que, como todo verdadero novelista, está perennemente consciente de que la función primera de la novela consiste en fundar una y otra vez de nuevo la realidad, y que se sirve de las novelas que escribe para interrogarse a propósito de los límites que separan lo dado de lo imaginario: un ejercicio muy necesario en un país como España, donde la literatura ha estado, con demasiada frecuencia, entregada a la tarea de impedir que fuera puesto en entredicho el orden establecido. Leopoldo AZANCOT Rafa Negrete empezó a destacar hace ya unos años. entre el grupo de dibujantes noveles madrileños que intentaban abrirse paso publicando en fanzines y presentándose a los concursos que las revistas de historieta convocan regularmente para descubrir nuevos valores. Uno de esos concursos, el de la ya desaparecida Creepy lo ganó en 1980 Rafa Negrete, y así comenzó a publicar el entonces veinteañero autor en esa y otras publicaciones del editor Toutain. Ahora, la misma editorial ofrece a los lectores el primer álbum de Negrete bajo el título general de Cosmópolis supuesto planeta donde transcurren la mayoría de las historias nacidas de la imaginación de este joven dibujante. Por supuesto, las historietas de Rafa Negrete son de ciencia ficción. Bueno, en realidad, cuando él empezó su camino en la profesión, toda la profesión se dedicaba, apenas sin excepción, a este vistoso y agradecido género. Como los lectores recordarán, eran los tiempos en los que, tras la feliz irrupción de la nueva historieta extranjera- fundamentalmente francesa- en nuestro país, Moebius y su estilo, una ciencia ficción y una fantasía totalmente diferentes, arrasaban en el mundo de los tebeos. No había autor que no quisiera dibujar naves espaciales, extraños habitantes de otros planetas o alucinados paisajes. El entonces novel Rafa Negrete no fue la excepción. Muy por el contrario, se convirtió en uno de los más fieles discípulos del maestro Moebius. Como docenas de otros principiantes, Negrete estudió y se esforzó en emular a su ídolo, pero, entre esas docenas de pequeños moebiusistas resultó ser uno de los muy pocos que, además, dibujaba bien. Cada vez mejor. En este álbum ahora aparecido se recopilan quince historias realizadas por Rafa Negrete durante los cuatro últimos años. Son todas ellas relatos de paradojas del futuro, con abundante participación de mutantes, monstruitos, dictadorzuelos y ambiciosos sin escrúpulos. El universo que se nos propone es fundamentalmente corrupto y falto de piedad, pero su descripción no importa tanto al autor como la anécdota humana que, en cada caso, se desarrolla en él; una anécdota que busca aparecer como sorprendente por el camino del humor negro. Gráfica y narrativamente bien realizado, el álbum parece, no obstante, participar un tanto de esa ingenuidad de sus protagonistas. Así, aunque los dibujos son buenos y el ritmo de los relatos armonioso, a uno le da la sensación de que a Rafa Negrete no se le ha ocurrido nada nuevo que contar, ninguna idea o visión diferentes que aportar. En suma, sus historietas distraen, resultan entretenidas y fáciles de leer, pero, más allá de ello, simplemente no interesan. Y es una lástima, porque si Rafa Negrete encontrara algo que decir, de verdad que podría decirlo muy bien. Ana SALADO Balakbafl, S. A. Por acuerdo de la Junta general, se traslada el domicilio social a Majadahontía (Madrid) calle Isaac Peral, 5, P- 3, 3. -Madrid, 5 marzo 1987.