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7 marzo- 1987 ABC Ofcrarío ABC VII Galicia, el mar que Ja N versión castesepara o la hace limillana del propio autor, ve la luz tar con Francia y, sola novela con la que bre todo, con Irlanda, Alfredo Conde Alfredo Conde ha obla otra tierra céltica, y Alfaguara, Madrid, 1987. 258 páginas. 995 pesetas tenido el premio Naen medio de todo ello cional de Literatura de 1986. Xa val o griffon cia. Un universo de sombras y de cópulas el heroísmo de los marineros gallegos arranno vento es el título de la edición original carnales emerge con la llegada a Santiago de cados de sus campos y casas, eternos sufri (1985) La iniciativa editorial de poner al al- Compostela del enigmático visitador de la In- dores de la historia, que iban gritando: ¡Pra cance del público peninsular el texto de Con- quisición. Durante muchas páginas el perso- mariñeiros nos! de merece todos los plácemes. Cuanto tienda naje cruza ante el lector con un perfil obstinaEn cambio, el relato de las vicisitudes del a unir a las distintas lenguas de España debe damente inquietante, que parece cerrarse en novelista y profesor que pasa por una crisis ser subrayado por lo que tiene de racionalide infecundidad creadora se encuentra a basdad histórica. Y la literatura gallega no puede tante distancia. No acaba de tener la convicseguir siendo solamente la extraña patria de ción necesaria su condición de escritor en luRosalía de Castro y de la saudade, sin que cha imposible por alumbrar la obra soñada. esto implique devaluar figura ni concepto. La contextura entre cavilosa y donjuanesca del personaje en ningún momento cuaja de Espero que estas líneas no sean considemodo pleno. No discuto el tópico de la imporadas exóticas, en el sentido, más o menos paternalista, con que todavía algunos ven tencia del creador; es que no adquiere nuevo cualquier aproximación desde fuera a la litevigor, se siente falso, y las mismas andanzas ratura de Galicia. De hecho, la obra de Condel novelista por la tierra en que hace siglos de impone de modo insistente la presencia estuvo el visitador desterrado resultan indede la galleguidad. No es sólo gallega por la fectiblemente artificiales. El engarce en forma lengua; lo es también por su mundo, por su de carta descubierta sobre el fin del visitador paisaje, por los climas que recrea, e incluso no está, a mi juicio, suficientemente integrado por la ideología. En cierto sentido, y dado el en la trama. desigual desarrollo histórico de la novela en El desajuste apuntado no es leve. Bastaría Galicia, era esperable que así fuera. Un napara invalidar a otro escritor. Si ello no ocurre cionalismo de la mejor ley nutre estas págicon Conde y El Griffón se debe a la alta calinas. No seré yo quien se lo reproche. Lo redad de su escritura, al sostenido pulso de su prensible es el provincianismo, el aldeanismo: estilo, -situado desde el principio en máximos brilla por su ausencia en El Griffón. Desde niveles expresivos, de los que raramente abeste punto, de vista, el relato se despliega a dica. La traducción castellana, realizada por partir del paisaje nativo hasta constituir una el propio autor, ha conservado las virtualidameditación narrativa, anclada en formas nodes del original. Cuando la calidad estilística velescas, sobre los oscuros avatares de la iny las sustancias narrativas entran en sintonía, tolerancia. el resultado es feliz, inusualmente feliz. Cuan- De dos historias consta El Griffón: las ando no sucede así, ese vigor de estilo salva danzas de un profesor y novelista gallego por las caídas. tierras de Provenza, por Aix, y las desastraLo indicado significa también que en Alfredas peripecias de visitador de la Inquisición, do Conde se concitan las mejores cualidades el clérigo don Martín Abalo, señor de Salcepara hacer posible una obra novelística de do, que llegó varios siglos antes a la ciudad envergadura. Un novelista sin estilo está en francesa huyendo, inútilmente, de los agentes última instancia condenado a la mediocridad; del Rey Felipe II. La alternancia de ambos reun estilista sin contenidos narrativos suficienlatos constituye el modelo estructural de la la dureza del gesto terrible, cuando la maqui- tes termina dando una inevitable sensación novela. El nexo que los une es la carta de un naria policiaca de la ortodoxia, puesta en de truncamiento. El relato del visitador, si párroco gallego, que narra el trágico fin del marcha, comienza a dar los primeros frutos puedo denominarlo así, es casi perfecto- mis visitador, de la que una copia llega al profe- en forma de detenciones, prisiones, encarce- objeciones son mínimas- por la constitución sor y novelista. lamientos. No es, sin embargo, más que una del clima novelesco, por el curso evolutivo El título de la novela alude ya a esa combi- ilusión que el narrador va estirando, desple- que sigue el personaje, por cuanto se insinúa nación de pasado y presente, de mito- mito gando pausadamente, hasta que al final co- más que se describe, por la profunda coacaba siendo siempre la historia- y de reali- nozcamos la verdad profunda del personaje, nexión que, sin didascalias, se establece endad, un poco como el griffon, aquí transcrito su condición de miembro de la Real y Militar tre la auténtica personalidad del visitador y su siempre con grafía francesa: ese animal fabu- Orden de Nuestra Señora de la Blanca Espa- tierra nativa, pagana, relajada, poco propicia loso, de medio cuerpo arriba águila, y de me- da: esto es, que pertenecía a una secta parti- a! dogmatismo de los absolutos. Había matedio abajo león. (Águila o anguila, dada la si- daria del libre examen y aprovechaba su rial suficiente para una novela, aunque el esmilaridad de los términos en gallego. El rela- puesto para introducir en Galicia los libros he- critor no lo entendió así. to es, pues, de un lado la historia de la réticos. Una historia de tal calado bien vale una poetización imposible del griffon: ei novelista, Todo esto está contado de manera esplénprofesor de literatura en la. Universidad de dida. Con auténtica maestría, el narrador obra entera- Alfredo Conde es un novelista Aix, se encuentra sumido en una crisis de es- ahonda lentamente en el personaje, lo en- considerable, y el premio Nacional de Literaterilidad. De otro lado, al poner en pie y en- frenta con un trance amoroso decisivo, lo si- tura concedido a El Griffón me parece justísitrecruzar con la fábula contemporánea la his- túa ante la revelación de la paternidad, te da mo. No quiero abundar en las razones de mi toria del visitador, la novela acaba siendo la compañía en la figura del canónigo Lourenzo disconformidad con el resultado total de la novela, fruto acaso de un intelectualismo liteproyección alegórica del emblemático animal. Pedreira, equívoca también en su conjunción rario- h a sido un género; planea sobre toda Los dos relatos se desarrollan, no obstante, de observancia clerical y carnalidad irrestric- metanovela- que el autor debe dejar a un con absoluta independencia, sin que ninguno ta, lo lleva a suscribir el amor por la misma lado. Hay demasiado viejo profesor -una de ellos Ilumine al otro y a la inversa. Pero el mujer. En una pirueta inesperada, el novelista fórmula obsesiva- en esa otra historia. Pero que tira del lector con fuerza el que lo sedu- los embarca a ambos en la Armada Invenci- la compensa con creces el relato del visitace, es el del visitador. Conde ha escrito aquí ble. En las páginas que narran el desastre dor, un personaje que es a la vez signo y pauna crónica apasionante de Galicia a fines naval, la maestría de Conde se ofrece redo- radoja de la intolerancia, erguido y derrumbadel XVI; ha creado, o recreado, un mundo blada, aunque en un primer momento pueda do en medio de una Galicia de piedra, lluvia y misterioso y ambiguo, difícil y equívoco, he- dudarse del sentido del episodio en la trama cuerpos enfebrecidos admirablemente trazacho de silencios y medias palabras, proyecta- total. No hay desvío de la fábula: la crónica da. do sobre el fondo sin memoria de ias piedras del navegar desquiciado de la gran armada y las iglesias y los caminos lluviosos de Gali- tiene como objetivo mostrar el otro paisaje de Miguel GARCÍA- POSADA E EL GRIFFON