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ABC, pág. 327 iONOCEMOS, desde luego, estos g i r o s aunque no pertenezcan f o r z o s a m e n t e ni a nuestra personal habla viva ni siquiera al habla viva del lugar de nuestra residencia: son habla viva en el mundo- geográfico y literario- de Delibes, y bastará que como tal cosa hallen en nosotros reconocimiento. ¿Son muletillas del autor, lo son de sus personajes o del medio en que éstos viven? Cualquiera de tales posibilidades es legítima: no hay lector de Baroja atento a los hechos de lengua que no recuerde, por ejemplo, la frecuencia con que en boca de sus héroes aparece un ¡Ca! que descarta, escéptica y algo desdeñosamente, esta o aquella hipótesis. Lector de Delibes- y ahora en el teatro, La hoja roja lo confirma una vez más- no puedo, por mi parte, dejar de asociar el habla de sus criaturas a ese inconfundible ¡A ver! que de modo tan característico articulan como réplica algunos de sus personajes principales. Hay, naturalmente, muchísimos más giros habituales e ilustrativos (para no movernos de la presente obra, recordaré ¿Será capaz? o De qué o maja o guapina los dos últimos de uso más extendido) pero el A ver es particularmente distintivo de Dellbes. Me apresuro a precisar que en toda mi vida sólo he estado un día en Valladolid (y aunque esto no hace ahora al caso, mencionaré de paso el hecho, no irrelevante para mí, de que, sin citarla por su nombre, describí entonces la ciudad y el edificio de su museo de escultura en mi poema Primera visión de marzo de modo que mal puedo aspirar a conocer directamente el arraigo coloquial de tal expresión en la tierra de Delibes. No hallo, por ejemplo, huellas de ella en los diálogos de otra novelista vallisoletana, Rosa Chacel, aunque bien es verdad que la mayoría de sus libros no se refieren a Valladolid. En cualquier caso, una cosa es la vigencia del giro- documentada sin duda pertinentemente por los lexicógrafos, y que no me corresponde dilucidar- y otra cosa es su empleo artístico, el único que importa aquí. De buenas a primeras, no hay lector o espectador que no perciba, espontáneamente, el sentido de ¡A ver! No es uniforme, sino levemente cambiante y huidizo, aunque venga a discurrir siempre por el mismo campo semántico. Véase, por ejemplo, esté mínimo fragmento de diálogo del primer acto: DESI. 4 ver cuándo me saca una a mí, concho. ELOY. ¿Una foto? DESI. -A ver. TRIBUNA ABIERTA SÁBADO 7- 3- 87 c EN TORNO A LA HOJA ROJA (II) Contra lo que pudiera hacer creer una lectura superficial de este fragmento aislado, el segundo A ver no tiene en modo alguno idéntico valor que el primero; no es que Desi insista en la idea expuesta en aquél, apremiando a Eloy a hacer la foto. Por el contrario, mientras que el primer A ver tiene el valor más corriente en mi propio castellano hablado- e s decir en el castellano que pueda conocerse o uparse fuera del área de Delibes- esto es, el valor de una exhortación o invitación, el segundo A ver en cambio, el más característico de Delibes, equivale a un Edic. Destino bir esta polisemia, percibe también que aparece en forma elíptica no porque el hablante Por Pere GIMFERRER ande sobrado de sutileza, sino porque su re Claro está o un ¿Qué otra cosa iba a gistro expresivo, holgado para él, es pobre o ser? o un ¿A usted qué le parece? o a insuficiente desde el punto de vista de la elotodo ello y otras más cosas análogas a un cución común. Tocamos con ello en cierto tiempo; tiene, de hecho, casi el valor de un modo- y para tal fin, este ejemplo era tan recurso de mayéutica, en la medida en que bueno como cualquier otro- el aludido núde modo tácito apeíá al sentido común del in- cleo esencial del proyecto de Delibes. terlocutor para evitarse el reafirDesi no carece en modo algumar directamente algo que para no de mundo propio, de sustanel hablante s la pura evidencia. cia, y aun de lo que Américo Así, ya en el acto segundo, y por Castro llamaría vividura no es mencionar sólo un caso, si el Piun chafarrinón de pintura de tracaza le pregunta a la Desi ¿No zo grueso, ni un rápido rasgo somos novios? ella le responelemental y gráfico de aguafuerderá: A ver. te. El mundo de Desi existe y su Naturalmente, un recurso exlenguaje se adecúa a él. No presivo de esta naturaleza reprecreamos tampoco, por otro lado, senta, por un lado, que el ideoque Desi, y otros personajes de lecto del hablante está extremaDelibes como ella- empezando, damente consolidado, y en tal naturalmente, por el Picazasentido, el personaje puede ser son simples avatares del roussotípico (puede serlo en el mismo niano buen salvaje respecto sentido en que lo es un personaal cual Eloy, y con mayor y más Pere Gimferrer je de Mateo Alemán o de Henry infausto motivo el madrileñizado de la Real Academia Fielding, esto es, en el mismo hijo notario de Eloy, representaEspañola sentido en que ya un Lukács serían la civilización en el sentiñaló que con frecuencia no aldo peyorativo que esta palabra canzan a serlo los personajes de las novelas tenía para Fourier. No: la obra de Delibes no de nuestro siglo, que a menudo, antes que a es la reivindicación antropológica de un mito la tipicidad, atienden a la singularidad, ya arcádico, y Desi o Picaza no son buenos tome ésta la forma del barón de Charlus o la salvajes por la misma razón por la que no lo de Iván Denisovítch) Pero, por otro lado, son Sancho Panza o cualquier personaje de este A ver delata, es imposible no verlo, villano o villana de Lope, esto es, no ya cierta insuficiencia o carencia expresiva si- como pudiera creerse- porque ello sería nos situamos no en la perspectiva del hablanun anacronismo (ya que la del buen salvate, sino en la de un interlocutor de distinto je es una idea dieciochesca) sino porque en medio social, esto es, para el caso, en la de tales personajes toma cuerpo una concepción la mayoría de lectores o espectadores de La del mundo, una forma de percibirlo, que Unahoja roja. Para el hablante, A ver es polisé- muno llamó intrahlstoria y que, de hecho, mico; pero el lector o el espectador, al percí- en su manifestación verbal se halla en los orígenes del canto y del poema. No son lo opuesto a la civilización sino una forma de civilización perfectamente cohesionada en sí, pero anterior a la sociedad urbana de la era industrial. Tan poco sentido tiene para ellos el mito de la Ilustración como el de la Revolución: a su modo, están ilustrados, y el mundo Precisa alquilar nave almacén de 2.000 a cíclico en que viven desconoce la idea del 2.500 metros cuadrados progreso lineal que sustenta lo revolucionario. Situación, a 10 Km. distancia máxima Su dignidad no es Ja del aborigen roussoniaMaría de Molina no pervertido por la ilustración, ni aun la de Precio máximo alquiler, 1.250.000 peselos sin fortuna de Dickens o Dostoievski en la tas mensuales era del capitalismo salvaje (era en la que viInteresados, dirigirse a Organismo Naciovía aún, apenas maquillada, la España de nal de Loterías y Apuestas del Estado, 1959, no digo la de algunos años más tarde) Gerencia de Apuestas Deportivas, indiSu mundo es agrario y feudal; cité al buen cando en el sobre ALMACÉN. María de Sancho, y, puesto que recordé a Américo Molina, 48- 50. 28006 MADRID Castro, séame permitido traer a colación también a su antagonista Sánchez Albornoz, quien glosó las raíces medievales del díptico central de la concepción cervantina: un caballero y un labrador. Caballeros son aquí PARA LA VENTA DE JUGUETES Eloy y su difusa bandería de amigos disperInteresa esté introducido en almacenes de sos en una juventud engominada, deportiva, juguetes y jugueterías. Contrato mercantil fotográfica y borrosa; labradores son Desi Escribir dando referencias a ROLDOS, Vergara, 10, 08002 Barcelona. Ref. 452 o el Picaza. En esa estructura bimembre reconocemos a una constante narrativa española: no sólo don Quijote y Sancho, no sólo ¿BISC A TRABAJO? Eloy y Desi, sino también Fortunata y Jacinta. Encuéntrelo en la- Sección Dos círculos concéntricos; dos esferas, una de Anuncios por Palabras órbita. ORGANISMO NACIONAL DE LOTERÍAS Y APUESTAS DELESTADO REPRESENTANTE de AB C