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U E N T A N los biógrafos de Mahoma, sirviendo más de liis viej. x que de U tlislOTÍa, que cL ¿ía ót: su EDLiene el profeta de Dios (cnla ocho mujeres y una mamo. ai it í o csp daí- dos camellos, una muía blanca... y cinco yeguas. De lai ¿mujeres e sabe casi todo, q u í porque cada uno de kw grandes acontedmicnlü de la v úa del prole I a va un; do al nombre de una de ollas... aunque loiii h i i l o r i a d o r c s no se p o n e n de acuerdo en ü f u e r o n quince o veiníicineo el t o l a l de las que TUVO a lo largo de su d a E l h de j u n i o del año 632 día que muere, v i v u n í S HCIÍI, HATsa, Hiod. i ¿ainab, SaH a. l m m y Miirij a (la concubina íavoríta, de quien luvo a 1 br him, su único hijo vardn) por cierto, que sus relaciones con sia provocaron situaciones como ta que nos cuenla Wasbinglon I n i n g -P e r o aunque Mahoma Tirnfa eran poder- c i c r i b o d autot de JOS famosos Cuentos de la A l h a m b r a -sobre sus disdpuliis y sobre la comunidad en general. Xuvo muchas dificultades para gobernar a sus esposas v maniíner la iranquilidad en su arén. Debió de actuar con bastante couidad en los problemas conyugales: asignó a cada una de sus esposas una vivienda independíenle, en la que podía actuar con tolal autonomía. pa. iaba veinticuatro horas con cadj una de ellas por turno. En una ocasiúa en que estaba en C 3 sa de Hafsa, ¿sia salió para visitar a su padre. V o l v i ó antes de lo p r e v i s t o y s o r p r e n d i ó al profeta con su esclava favorita, Mariya. la madre de su htío Ibrahim. Kafsa comenzó a dar gritos estentóreos- M j h o m a i r a t ó de calmadla, pues temía que sus protestas pudieían incitar a la rebelión a todo su harén; pero sólo loeró calmarb lurindole que no volverla a cohabitar con l a r i y a Entonces ella prometió olvidar cL incidenic y gujüiiario en secictoPero no cumplió su promesa y reveló a Aixa la infidelidad del profeta: poco después lodo el harén estaba i n f o r m a d o Sus esposas formaron un frente común y le a b r u m a r o n con sus reproches, hasta que agotada su paciencia, r e p u d i ó a Hafsa y r e n u n c i o a toda relación con el resto. Durante un mes estuvo durmiendo sobre una esterilla en una habitación independíenle; pero por fin A l á se compadeció de su soledad y le envió el pnmero y el sexto capítulos del Corán, atnolviéndole del juramento hecho sobre Manya, que a partir de entonces le aeom ¿in 6 en su oi ¿d 3 d, Las recalcitrantes esposas compiendieron entonces su e n o r y t n la úsma revelación se les comunicó que las prohibiciones impucstiis a los d c m hombres no obligaban al profeta de Dios, C KHAMSA AL- RASUL ALLAH LAS CINCO DEL PROFETA DE ALA (18) sabemos que las yecuas, y no los liementalcs, eran las monturas utilizadas por o ¡ííiibes en la fiUL rid y loB saqueos. Según una leyenda procedente del desierto la ycRua era el espíniu o reencarnación de la m u j e r a m a d a la compañera ideal del g u e r r e r o Pcro La realidad era. fue, que los árabes comprendieron muy pronto (al rnehnarse el Islam por la espalda y la llamada- guerra san -a que para expandir sus ideas y cnnqukviar el mundo no tenían más remedio que aumentar conti nuamentc su caballería y el número de sus jmeles Otra leyenda árabe atribuye el triunfo inicial de su fe (batalla de Badr) al mil a g r o que se p r o d u j o cuando Mahoma arrojó al aire un puñado de polvo y surgieron tres mil guerreros angélicos con turbantes blancos y amarillos y largor mantos rcsplaniJecienics. moniadoB sobre eoreelES blancos y n e o s que se l a n z a r o n c o m o flechas contra el enemigo corai: tie y lo aniquilaron... -Cuando de rápenle- d i c e n que contó un campesino que presenció la batalla- vimos una gran nube avanzando hacia nosotros y dentro de ella oímos eL relinchar de caballos y el sonido ronco de las trompetas, así como la voz temblé del arcángel Gabriel animando a su caballo con esta. s palabras: ¿Aprisa, aprisa, oh llaízonil De las- cinco del profeta sabemos, ademas de sus nombres: Abbayah, SaqtaMiyah, Kubailab, Handaiuyoh v Habdah, (juc fueron ellas tas que dieron origen a los tres tipos en que se encuadran los cientos de familifls de caballos árabes. Es decir, el tipo kehylan de carácter masculino y sjmbolo del poder v la lesislenda; el Upo seglawi- de carácter femenino y símbolo de la belleza y ta elegancia y el tipo pmunii- de forma angular y símbolo 1 la velocidad y Ls carrera. Estas c i n c o yeguas f u c r o n n como ya he contado en otro capítulo las que resistieron la tentac i ó n d e l agua v a c u d i e r o n sin pensarlo al lado del profeía en cuanto fueron llamadas. Otra leyenda asegura que están cinco yeguas v i v i e r o n entre tremía y treinta y cinco años, y que jamás c o n s i n t i e r o n ser montadas por otra persona que su dueño, al 3 Ilustración: Uanufl Prados tie la Ptaza De sus espailas sabemos que la primera que tuvo se llamó Dul Faqar o sea, la que atraviesa y que ese dia de la mucile undécimo año de la Hégira. conser aba las asi llamadas. -M e d h a m la- c a f i l a d a -l A l B a t t a r la- puntiaguda- y- Jatií la- mortífcra que hablan sido fruto de un botín de guerra el año que conooó y tomo por esposa a llafsa. En cuanto a los camellos bay que destacar dos nombres: el de- A l Qasvá üue fue sin duda su preferido, y el de Al A d b el- n) ás rápido Pero en esie caso, y por encima de los nombres, merece la pena recordar que el camello era para el hombre del desierto, además de un medio de transporte, el animal preferido en los sacrificios, -De ahí la curiosa historia que se cuenta sobre Miihomd en su peiegnnaciun de despedida a La Meca, A l parecer, el propio profeta sacriíicó entonces sesenta y tres camellos con sus propias manos, uno por cada uno de los años que habla vivido. Y llegamos a las yeguas... a las cinco del profeta de A l á el wgundo eslabón de la gran cadena de los pura sangre árabes, bs que unen en el árbol genealógico a Kohailíín con- B y e r l e y T u i k- Dáiiley A m b i a n y Go- d o l p h i n A r a b i a n (o s e a l a labuela y los nietos Pero ¿por qué esta preferencia por las cgUJs y no por liK caballos? Sore este punto podría escribirse todo un tratado, sabiendo coimo a ue, entre otras cosas, sirvieron e inspiración en su relación con Alá. Claro que más curiosa es la leyenda que hace descender de una de estas yeguas al gran f V i sir gris con que Napoleón entró en M o í c ü Pero de éste y los otro. j cübüUorj napnl ónieoc hablaremos en su momento, pues antes hubo n uchos animales que se hicieron famosos y pasarotí a la Hü tona Julio UERINO E 58 Próiümo capítulo: -Orelia la yegua de don Rodrigo