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AL LORO H O R A c o m p r a r s e un Traje es eo que amed r c o M a i más r i c a c h ó n A los p e l a n a s c nos j b r c n liii carnes y 7 c no vacia d t w b i l l o pero ílcpa un momcnro en el que no Kay mái remedio que deeidiise. El viejo va es demasiado M i j o v lienc que monr. Sus alifaí rs son de (al naiuraJeza que nú hay l i n íes, TemicnJüi v 7 UfddíK que le prolonguen La vida. ¡Ou ¿dolor verle decrcpiío. insetx iblcí No sé cómo me las he arreglado que jam s he podido icner más de un iraje. y no i ó l o pOT motivos económicos, sino por m o t i v o s sen l í m e n l a les, H n cuesliún de indumeniaría soy monógamo, comploiamcnic monógamo mai p iT desgrjcia no he podido ser el hombre de un l o traje para (oda La vida. Se me hiin muerto. He tenido que sustituirles, pero v i v i e r o n Les p e r m a n e c í f i e l nunca cometí la traición de tener en un armario cinco o seis trafes en catado de merecer, ¡Oh, n o afrentosa poLigamta é Ul iQu ¿borrar, un harén de tfa Cí! ¡U n o v gracias! U n o bien amado. Uno bien compctenctrado con nuestros guslos, ¿Para qut más? E í poLígamo licnc que c o m p a r t i r su amor entre las cscb as de su scrrJlio. y esto, digan los donjuanes lo que quieran, es una lata. El traje y la mujer tienen que cslar hechos a la medida para que sicnien bicnn pero por muy bien tomadas que e %l éa estas medidas, por muy buenas hechuras que tenga la mujer, al principio la cosa no marcha. Hay que acoplarse lanío al ira- HUMOR A Antolog a del humor LA INCÓGNITA DEL TRAJE NUEVO Por Antonio D I A Z A Ñ A B A T E e como a la mu; er. Si promiscuamos en la tida no nos podemos acoplar a la mujer ni al iraic. í romiscuar es panicipar o mezclarse indislintamenlc en cosas heieroD neas u opuestas. N o hay nada más o p u e s t o a una m u j e r que oLra. No h y nada más opuesto a un traje que o i r ü Si somos polígamos nos pasaremos la vida sin lograr el d e b i d o el necesario a c o p l a m i e n i o- Ya s ¿q u e es más difícil entenderse con una mujer que con un t r a j e pero lambién hay trajes rebeldes que nos nioleslan. principalmente en las sisas, que es asimismo donde las n ujcres incordian lo suyo. No eniste más que una forma de domarlas: hacerlas a uno, hacerlas a nuestros movimientos, y esto íúlo se consigue a tuerza de paciencia, de constancia- La veleidades son tataíes. 1 abandono, aunque M: J por corto tiempo, es fatak El resabio no se domina. ¡Monogamia, dulce, amada monogamia! El traje sin estrenar, como la n o v i a son una i n c ó g n i t a ¿C ó m o nos saldrá cuando la una y el otro nos pertenezcan? Dejemos a ía mujer a un lado, que ya csiú bien de comparadones. Vamos con el traje nuevo, con la incógnita del traje nuevo. Lo p r i m e r o de l o d o elegir la tela. No lo puedo resistir. Se me Wtne a las mientes Ja comparanía- Elegir tela es como escoger novia. Mc usta esLe pos oscuro con dibuiu disCíL Tíf? Mo j! üsla csj íunia de OJOS azulesV Sí: no está mal. Pero ¿y esta otra marrón con rayas blancas? ¿Y aquella morena de cuerpo espléndido? Se acumulan las telas. Pasan las mujeres. Y de pronto nos salta una a los ojos. Esta. ¡Esta es! Nos decidimos. La compramos. A la tL la, claro, porque las mujeres sólo se venden las desgraciadas. El asiTe c o r t j poj aquí, corta por allá. Eí sastre cose por aquí. Una prucE r alláSey perfila en es secunda í. Nada. E! traje un embrión. la prueba. Nns o entregan. Llega el momento triste. La despedida, el eterno adiós al ir. ije que se nos ha muerto. ¡Terrible instante de sacar fas t o s de los b o l s i l l o s! No tengo inconveniente en declararlo públicamente. He llorado al separarme para siempre de un Irajc que convivio conmigo largos días, que conocía como nadre mis secretos, que me salió magnífico, refractario a bs manchas, dócil a la plancha, cuidadoso de no loniperw. atonto a que no aparecieran flecos en los pantalones; en f i n un modelo de irajes. ba, flamante. impecahlCr Nos lo ponemos. Empegamos a llenar los b o l s i l l o s ¿Cómo? ¿Que esto no se puede hacer? ¿Oue lo boLsillos repletos deforman su corle? j A h no! ¡De nuiíuiipi manera! Los bolsillos se. nan hecho precisamente con el f i n de llenarlos con lo que uno precisa. Siempre lo he sostenido y lo sostendré. El traje está hecho para uno y no uno para el traje- Ya están atiborrados los bolsillos de lo indispensable. Pero re uJta que las cosas entrarían su nuevo domicilio- Están i n c ó m o d a s c o m o nosotros. Las sisas nos molestan. Los bolones se resisten a entrar en los ojales. La raya del pantalón no tiene el donaire de las rodilleras. No sentimos incómodos. Nos senlimos elefantes, pero con una elegancia afectada. Estamos pendientes del traje. No nos atrevemos a comer manjares grasicntos son 3 ue lra e tan neos. La íncúpiita el nos preocupa. ¿Cómo Llega el momcnlo solemne. La ínauguraaón del traje nuevo. A l l í e tá. en nuestra alco- tolerará las manchas? Hay trajes que las absorben. Hay trajes que Las realfan. Y en este caso estamos perdidos. E l traje nuevo parece viejo a los pocos días. En una pjlabra. e m p i e t i e l e s p i n o s o p r o b l e m a d e la compenetración, ¿Llegaremos a u n i r n o s c o m o D i o s manda? Nos saldrá casquivano v no hará un desgarrón en la chaqueta a las primeras de cambio para ir a parar a manos de una zurcidora? ¿Será sufrido para nuestra manera de ser descuidada? Tremenda incógnita La de un traje nuevo! (ABC. J- 1- 1964 22