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DOMINGO 1- 3- 87- OPINION -ABC. pág. 19 LA CONDENA DE ABDALLAH L OS jueces de París han condenado a Georgés Ibrahim Abdallah a cadena perpetua, máxima pena disponible en el arsenal jurídico francés, que, como se sabe, ha suprimido en buena hora la pena de muerte contra un hombre culpable del delito de complicidad en el asesinato de dos personas y de diversos atentados terror i s t a s La m a g i s t r a t u r a francesa ha decidido, entre la general sorpresa, aplicar el más riguroso criterio legal a las responsabilidades del hombre que en cierto sentido y, aparte de sus actos personales, encarnaba simbólicamente en el banquillo de acusados el proceso completo abierto por la sociedad occidental al terrorismo. La Justicia francesa ha querido fijar, aparte de su independencia respecto a los otros poderes, toda una jurisprudencia sobre el tratamiento legal para luchar contra el terrorismo. Y aunque la iniciativa haya partido de los magistrados, juzgando en función de su propia conciencia, el hecho cierto es, que el Gobierno asumirá el veredicto y deberá ajustar su política de erradicación del asesinato político a la histórica sentencia de ayer. El chantaje ha terminado, dicen los jueces, y el alcance de esta decisión desborda los estrictos límites del pretorio parisiense porque podría significar que, por primera vez, los países occidentales deciden romper el círculo vicioso de la estafa terrorista. Francia, que tiene varios ciudadanos prisioneros en el Líbano, ha preferido correr todos los riesgos que en estos momentos pesan sobre la vida de los inocentes, para romper, por fin, la siniestra espiral del terror político. Naturalmente, a partir de ahora se abre sobre el destino personal de muchos franceses habitantes de puntos calientes en la geografía mundial, y sobre la seguridad de las ciudades francesas del hexágono, una dramática amenaza que los futuros días irán desvelando progresivamente. Siempre, en fin de cuentas, será menor el sacrificio que permanecer eternamente bajo la impune amenaza del estafador. La sentencia de París puede convertirse en el principio de una política de firmeza por parte de los países occidentales y quizá el mundo occidental vaya a encontrarse con la sorpresa de que sus intereses no son fundamentalmente contradictorios con los de algunos Estados, que, en principio, comenzaron alentando tales desmanes. El crecimiento de los grupúsculos incontrolados, de los que Abdalá era uno de sus representantes, es muy posible que comience a resultar poco rentable en las antiguas capitales del terror contra Occidente. A lo mejor bastaba para convencer a los altos instigadores del terrorismo internacional con tomar decisiones como la que acaba de adoptarse en París. LA PROTESTA DEL CAMPO IVOS todavía los ecos de las varias intervenciones, optimistas y autocomplacidas, del presidente del Gobierno en el debate sobre el estado de la nación, se ha alzado en toda España la protesta de los agricultores y ganaderos. Miles y miles de tractores han invadido las carreteras y se han producido episodios de violencia, enfrentamientos con la Guardia Civil y la Policía, con el inevitable resultado de h e r i d o s y detenidos, aparte los consiguientes trastornos para el tráfico. Y así, por la vía agria, pero no injustificada de una masiva y airada protesta la realidad del estado de la nación, de la gran parte nacional que es V L PARLAMENTO ASAMBLEARIO O ocurrido en el Congreso con don Rodrigo Rato, diputado de AP, es un episodio más en una larga colección de desplantes a la democracia. Con pleno derecho, el representante de la oposición defendía su criterio sobre uno de los asuntos que, de tiempo atrás, hacen que el PSOE pierda los nervios: la condición supuestamente secreta de ciertos documentos en los que la Moncloa expone el modo de integración de España en la OTAN. En ellos se revela una vez más la duplicidad de una política exterior que habla de una cosa y hace otra distinta. Pues bien, cuando el señor Rato ponía el dedo en la llaga, el presidente de la Comisión de Exteriores, señor Fajardo (socialista) le retiró la palabra, acusando de indigna su intervención, mientras los diputados del PSOE gritaban: ¡Échale, échale! Pues bien, hay que decir que lo indigno es en este caso el proceder del PSOE y sus diputados. El parlamentarismo europeo ha sido tradicional mente un ejercicio de inteligencia crítica y dialéctica: justo lo contrario de lo que representan los gritos de la abrupta manada incivil que se manifiesta a coro en el Congreso. Un Parlamento es lo contrario de una pelea asamblearia, donde los más aplastan a los menos. El régimen democrático no es nada si no mantiene el respeto a las minorías: respeto a su derecho de descubrir los abusos del poder; respeto a su deber de denunciar las contradicciones de quienes gobiernan. Los Gobiernos incompatibles con la democracia son los que no aceptan jamás las advertencias y enmiendas de la oposición. Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC de Sevilla Francisco Giménez- Alemán Subdirector: Antonio Burgos ABC Subdirectores D. Valcárcel, J. Vila, J. Javaloyes, M. Adrio, R. de Góngora, J. Amado Jefes de Redacción: J. A. Gundín (Continuidad) J. C. Azcue (Internacional) B. Berasátegui (Sábado Cultural) A, Fernández (Economía) J I G a Garzón (Cultura) A. A. González (Continuidad) R. Gutiérrez (Continuidad) L Lz. Nicolás (Reportajes) Ó. Maribona (Continuidad) J. L. Martín Descalzo (Sociedad) J. Orno (Edición) L. I. 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Apartado 43 Prensa Española, S. A. el campo en país de tan amplia dimensión agraria como es el nuestro, se ha sobrepuesto a la retórica política, a las explicaciones, justificaciones, y aun alabanzas, de una gestión ministerial fracasada también en el sector agrario. Sector que en los últimos años ha visto agravarse no pocos de sus viejos problemas y sumarse a ellos otros nuevos de enorme magnitud, derivados de la integración de España en la CEE. Más exactamente de que la integración se hizo én términos tales que el sector agrario resultó sacrificado, perjudicado en muy considerable proporción. Precisamente por ello la protesta coincide con el primer aniversario de la incorporación a la Política Agrícola Común; política que por la imposición de importaciones y de cuotas más reducidas en producciones determinadas va a cercenar posibilidades ciertas de nuestra agricultura y nuestra ganadería. ¿Qué piden, en suma, agricultores y ganaderos? Algo tan normal como el diálogo abierto, la negociación con el Ministerio de Agricultura. Algo tan comprensible y lógico como la concertación de una política agraria. Con todo, a salvo las razones de agricultores y ganaderos, no es posible dejar de establecer una evidente relación de sus movilizaciones, en carreteras y pueblos, con el proceso de conflictividad social y laboral que acosa al Gobierno desde muy distintos frentes. Y que encierra, sin duda, al menos en el propósito de grupos de izquierda radicalizada, un proyecto de peligrosa desestabilización, secundado por oscuros agentes. Como hemos reiterado en estas columnas, la crítica abierta y libre a un Gobierno debe hacerse normalmente en el ámbito parlamentario, por los distintos partidos de la oposición. Esto qs el juego democrático. Pero el recurso continuo a manifestaciones y movilizaciones de protesta, nunca exentas de violencia, es alarmante. Y entendemos por ello que a todos conviene una seria meditación que modere las actitudes extremadas y que reduzca la conflictividad a las proporciones en las que puede estimarse normal en una democracia.