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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 1 DE MARZO DE 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC buco de pamelas y altos quepis de guardias. Aún no coronaba el monumento el águila que debía simbolizar el largo vuelo del poeta sobre las naciones americanas. Naciones que el Atlántico meció cual cuna enorme: España os dio al criaros sus sueños de grandeza y de los planos líricos, en el grandor deforme, ella os abrió los ojos a Dios y a la Belleza. Se dijo entonces, y se repite ahora sin ningún fundamento, que la cantidad recaudada para la fundición del águila se le entregó a Rueda. Bochornosa miseria de la raza para con su poeta. El aguilucho actual, colocado muchos años después de la muerte del vate, tiene más de ave de corral que de águila soberana. Como la poesía que quería glorificar el paso del tiempo no le ha favorecido. Sin embargo, no murió pobre, y su fantasía, quizá celosa de la tumba que el obispo Pereira erigiera a Rubén Darío con el león abatido sobre la lira rota, nadie esta lira pulse, si no es el mismo Apolo, nadie esta flauta suene si no es el mismo Pan, ideó convertir en capilla fúnebre la humilde casa de Tabarca, la isla donde vivió en el litoral alicantino. Un largo testamento de codicilos y mandas explica minuciosamente cómo ha de ser el ataúd, dónde y de qué forma se ha de colocar, más la prohibición expresa de ser enterrado. Un sacerdote de probada virtud y no menor de cuarenta REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID A a p a r i c i ó n de Canciones y poemas antología concordada de la obra poética de Salvador Rueda con selección, texto, ensayo introductorio y notas de Cristóbal Cuevas, nos trae de nuevo el mediodía espectacular de la imagen, la luz fija y vasta en la palabra del maestro de Benaque. Junto a ese fulgor incesante la sombra apenas de otro poeta del que quiero hecer memoria, José Sánchez Rodríguez, también malagueño y olvidado en el auroral descubrimiento del nuevo siglo. Vuelto de las Américas, vive Salvador Rueda sus últimos años en una pequeña casa de la Coracha de Málaga, pegada al alto muro de la Alcazaba. ¿Olvidó el poeta el palacio prometido por el presidente de México, la mansión de saraos que en Buenos Aires le cediera el millonario Duran? En ese alto mechinal frente al Mediterráneo, vive decorosamente atendido por su sobrina Ana Vidal Rueda y allí recibe la visita respetuosa de los jóvenes poetas malagueños, cercano ya Litoral Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, José María Hinojosa, José María Souvirón, José Infante Lasso de la Vega. Les acompaña, siempre amigo, siempre fiel a la poesía, Bernabé Femández- Canivell. La casa, derribada al restaurar la muralla árabe, era modesta y de dos plantas. En la baja estaba la salita de recibir y arriba el dormitorio, con una vitrina donde guardaba los trofeos americanos, entre ellos la famosa corona, hoy en el museo de Málaga. Al atardecer llegaba la sobrina con un quinqué en la mano y esta aparición, la portadora de la luz, marcaba el fin de la entrevista. A diario acudía a su despacho de la Biblioteca Provincial donde lo encontraría Rafael Alberti y donde dio la notable respuesta: ¿Jiménez? ¿Ñervo? ¿Villaespesa? Poesía femenina. El Parnaso tiene ahora voz de mujer. No es extraño. De sus libros había dicho Julio Pellicer, el cordobés nostálgico, que eran la obra artística de un macho prepotente Almorzaba el poeta en una casa de comidas de la calle Camas, calle de figones y prostíbulos, Casa Laureano, que llegué a conocer con su aparador de nogal apretado de loza de Cartuja y naranjas. Por los muros de cal ahumados colgaban cromos modernistas con huríes de largos cabellos y escalinatas con pavos reales. La fotografía de don Salvador, como aún le recordaba la dueña del local, presidía aquella celebración de sombras. Otra fotografía conmovedora es la de la inauguración de su monumento, sencillo obelisco en una glorieta del parque de Málaga, que tantas veces él ritmó con su lira de seda: Ved su parque, maravilla de luz, colores y esencia... Allí está, humilde y agradecido, como en el poema de Vicente Aleixandre, el viejecito de verdad saludando inclinado a un pú- L LA LUZ Y LA SOMBRA años cuidaría la casita donde suplica y ruega se guarden sus cenizas. Casi el nombramiento de un capellán real. Deseo- dice literalmente- que me acompañe un pájaro en una jaula para seguir oyendo la divina armonía del mundo. Verdaderamente, como dijo Juan Ramón Jiménez, era un bendito de la mejor buena fe Si en el Parnaso hay sitio para todos, como proclamaba Caracola la revista malagueña de poesía, poco lugar ocupará el modesto escabel de José Sánchez Rodríguez, nacido en Málaga en 1875 y fallecido en 1940, autor de los poemarios Mis primeras notas Nocturnas Remembranzas y de algunas obras teatrales en verso y prosa. Amigo y seguidor de Rueda, gozó de la especial admiración juvenil de Juan Ramón Jiménez, que en una carta le dice: Usted es el único poeta andaluz que ha sentido la poesía andaluza; la Andalucía de Reina, de Rueda, de Reyes, es falsa. Usted solo ha hecho una Andalucía hermosa, real, melancólica, sinceramente sentida y escrita. En 1900 aparece su mejor libro, Alma andaluza con prólogo de Francisco Villaespesa. También para el poeta de Almería, Sánchez Rodríguez es el primero de los andaluces de su tiempo, y en ese prólogo dice cosas como éstas: ¡Cuántas lágrimas de ternura caerán sobre los páginas de este libro! Arrancar lágrimas... He ahí la mayor gloria a que puede aspirar el poeta. Ángel Caffarena, el infatigable editor de las colecciones malagueñas de poesía, rescató en un cuaderno parte de la obra de Sánchez Rodríguez; pero crecería tenaz, y piadosamente, el verdín del olvido si esa Alma andaluza no se adornara con un poema, llamado Epilogal de Juan Ramón Jiménez: Aún flota en la azul brisa la doliente poesía que lleva en sus arpegios alma de Andalucía, cual un perfume triste de rosas dolorosas encarnado en un cáliz de fabricentes rosas. Toda la carpintería del modernismo con sus mayúsculas, repeticiones, palabras claves como azul, arpegios, alma, cáliz, rosas, es manejada por Juan Ramón con sabia disciplina; tiene sólo diecinueve años. Dejó Sánchez Rodríguez sin publicar sus Poemas tristes Títulos como Las aves del dolor La ráfaga o El caminante lo acercan al Rueda amargo de los sollozos maternos. Todo un pálido cortejo de amores alejándose y donde gime, orquestal, la Quimera del Llanto de una tarde postrera Pablo GARCÍA BAENA f Oro en lingotes Monedas Krugerrand Diamantes Centro de Inversión del Oro y del Diamante, S. A. Torres de Jerez. Plaza de Colón, 2 Teléis. 419 68 91- 94- -MADRID- I