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SÁBADO 28- 2- 87- ESPECTÁCULOS -ABC, pág. 83 Madrid entró enCarnaval por No ensuciéis la libertad, boca y gracia de Concha Velasco porque es la madre de todos Ana Obregón: Yo que la musa soy, un beso os doy Madrid. Jaime Alarcón Nunca se vio la gran actriz Concha Velasco en situación semejante, encaramada en el balcón de la Casa de la Panadería para invitar, nada menos que en verso rimado, al pueblo de Madrid a despedir el semblante triste del invierno y recibir a don Camal por calles y plazas, que, en buena hora, augura ya la primavera. El clima cooperó con el Ayuntamiento y apenas hizo frío, lo que contribuyó a que millares de madrileños llenaran la Plaza Mayor de la Villa para recibir, en bulliciosa bienvenida, a esta nueva edición de las fiestas centenarias del Carnaval. La muchedumbre de madrileños, y algún que otro visitante, llevaba ya largo tiempo aguardando, pese a la puntualidad con que comenzó el acto. Y se vi recompensada con creces. En un émulo de la profesión de actrices de las bellas pregoneras, muchos portaban los más artísticos disfraces y maquillajes. Mientras, el interior de las dependencias del Ayuntamiento era un poco el reflejo del bullicio carnavalero exterior, puesto que a los uniformes de gran gala- con casco de plumas- de los guardias se sumaban atuendos de bomberos, chulapos, cardenales y damas decimonónicas. El ambiente, no cabía duda, era de fiesta. Concha Velasco, que se declaró totalmente novata en el quehacer de pregonera, tenía que acabar pronto su intervención en el balcón de la plaza de la Panadería para partir a cumplir con sus deberes en la función de las diez y media. Pero no se dejó arredrar por ello y leyó, con fuerte voz, un largo e irónico pregón en verso que entusiasmó al auditorio. Su intervención tocó, entre alegres alusiones, los principales temas que han afectado al madrileño de a pie en los últimos tiempos. Así, por los altavoces de la Plaza Mayor pasaron las antiguas y las modernas farolas de la cercana Puerta del Sol y el desmontaje del scalextric de Atocha, para ser seguidas por invocaciones al disfraz, la chirigota, el baile, la alegría, el canto y el beso. También la musa Ana Obregón encandiló al gentío, en especial cuando al concluir su saludo se despachó con un y yo que la musa soy, a todos un beso doy Y entre lejanos besos al personal y un recorido pseudo- poético por todos los barrios y distritos, coreado por auténticos alaridos, quedó inaugu- rado el Carnaval. Mingóte, pregonero del Carnaval de Ciudad Real Ciudad Real. Jesús María Zuloaga, enviado especial El Carnaval es libertad y la libertad es sagrada. Cuidad la libertad como si fuera vuestra madre. No la ensuciéis, no la prostituyáis, no ofendáis a los demás abusando de vuestra libertad- dijo Antonio Mingóte- porque también la libertad es la madre de nosotros y a todos sienta mal que les falten. a la madre. Así pregonó Antonio Mingóte, Antonio Mingóte dijo más adeel genial dibujante y recientelante que el Carnaval es el anunció de la primavera! Con el Carmente elegido académico, el naval se despide ese individuo Carnaval de Ciudad Real de este de orden, mal encarado y antipáaño. tico que es el invierno y ya se ve Antonio Mingóte centró su preadornar a lo lejos la primavera, gón en los temas de la primaveesa muchacha alegre y florida ra, la risa, el Carnaval y la liberque viene a reanimarnos con sus tad. Este es el tiempo de la muslos al aire, como hace cada risa. Los que estén contentos año después del mortecino inque se rían con su alegría. Los vierno, cuando no se ve ni muslo que estén tristes que se rían de ni para un remedio y si se ve alsu tristeza, que muchas veces la guno lo único que se nos ocurre tristeza es sólo una manera de es taparlo con una manta para darse importancia y no hay nada que no se enfríe. Alegraos, mumás cómico que nosotros mischachos. La primavera está a la mos cuando nos miramos por vuelta de la esquina. ¡Viva la pridentro y vemos que muchas comavera! sas nos parecen importantes Mingóte, que con anterioridad sólo por ser nuestras. Riámonos había recibido el título honorífico de nosotros mismos. ¡Viva la de hermano mayor de la Herrisa! aconsejó Antonio Mingóte. mandad de Cabezones de CiuMás adelante señaló que no dad Real e investido con los atrise debía confundir la alegría con butos de la Hermandad: el bluel gamberrismo ni la juerga con són manchego, la boina y la la ordinariez, y mucho menos la garrota, así como el correspongimnasia con la magnesia, que diente título, concluyó su pregón aquí nadie se chupa el dedo. deseando a los ciudarrealeños Vamos a respetar- añadió- a que el Carnaval de este año los demás no para que ellos nos sea para todos feliz e inolvidarespeten, que eso puede imporble, pero sólo hasta el año próxitarnos un pimiento, sino para mo respetamos a nosotros mismos. Se acabó el aburrimiento! Nunca tuve la ocasión, mis queridos madrileños, de hacer en vida real el papel de pregonero, y estoy un poco asustada, de verdad, os lo confieso, porque para mí esta tarde es una noche de estreno, y el balcón un escenario donde corre mucho fresco (dicho con buena intención, por razones de termómetro, y sin ánimo de críticas a concejales tan serios) Pero me ha dicho el alcalde que, aunque gritones, sois buenos con los artistas que vienen al festín carnavalero y que, al final, aplaudís sin reparar en defectos, o sea, que estoy tranquila y ya no siento los nervios. Iba a venir disfrazada de farol o farolero, pero por si a Espelosín le irritaba el cachondeo me he vestido de paisano, que siempre me queda tiempo de elegir el fernandino, el barroco u otro modelo, aunque conste que, en la obra que ahora mismo estoy haciendo, canto en la parte final Farolito verbenero un homenaje a Madrid, a sus gentes y a su pueblo. Pero el disfraz más bonito, más difícil y más bello es disfrazarse de Atocha sin escalextric aéreo, y vestirse de glorieta en pleno mes de febrero para olvidar en seguida, aquellos puentes horrendos que no nos dejaban ver ni la estación ni el Museo. En fin, que allá, cada uno se ponga sobre su cuerpo aquello que le apetezca con tal de que esté contento: una falda almidonada o una capa de su abuelo; estolas de ios romanos o túnicas de estilo griego; chorreras del dieciocho o jubones del medievo, caperuzas, calzas, sayos, guardainfantes y alzacuellos, jubones y miriñaques, polisones y baberos, o esas cosas plateadas de astronauta en los cielos, con escafandra de antenas y zapatos de cemento. Poneos un antifaz, unas gafas o un sombrero, y marchad con alegría por las plazas y paseos, que ha llegado don Carnal y ha comenzado el festejo. Que los vecinos se enteren: ¡Se acabó el aburrimiento! Divertirse es un deber. Se prohibe hacer el muermo. Desfilen las chirigotas, suenen flautas y cencerros, bailen los que tengan ganas, canten jóvenes y viejos, que bese el que quiera un beso, y salte el que tenga fuerzas, y duerma el que tenga sueño, que nada es obligatorio y todo el mundo es muy dueño de subirse a una carroza o de una ventana verlo. Y cuando ya a la sardina se le prepare el entierro- con la mano no se puede, con la boca habrá que hacerlo funerales de la fiesta que ahora parecen tan lejos de verdad, me gustaría que os quedara un buen recuerdo y que, a lo largo del año, al evocar el evento, al hablar con otras gentes y comentar el pretérito, dijerais: ¡Qué alegre fue el carnaval madrileño! Concha VELASCO