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28 febrero- 1987 ABC HTcrarío ABC XI itínua tentación La obra cumbre de la lengua, el Quijote tiene una estructuración carnavalesca paradigmática, cifrada en la pareja del caballero y el escudero: el espíritu y la materia, la sobriedad frente a la glotonería, la aristocracia y el pueblo. La presente selección arranca del Arcipreste y su batalla de don Carnal y doña Cuaresma, ejemplo perfecto de oposición carnavalesca al que siguen otros textos de Quevedo y Clarín, en los que el Carnaval es referencia vertebradora non te podrá enpescer con todas sus espinabas. Vino su paso a paso el buen viejo lindero: Señor diz, a herrén me echat o al yuguero: non só para lidiar en carrera nin ero, carne Camal con la Quaresma mas fagote servigio con la mucha e cuero. Estava Don Tocino con otra gecina, cidiérbedas e lomos, finchida la cocina, s e capones, todos apercibidos para la lid marina; Jos ansarones; la dueña fue maestra: non vino tan aína. tos tizones. eón delantero, Como es Don Camal muy rico enperador fierro e de madero: e tien por todo el mundo poder como señor, grand tajadero: aves e animalias, por el su grand amor, enen primero. vinieron muy omildes, pero con grand temor. stán los ballesteros: Estava Don Carnal ricamente assentado, adosde carneros, a mesa mucho farta, en un rico estrado, los jamones enteros; d esas muchas viandas era bien abastado; ¡están los cavalleros: delante sí juglares como omne mucho onrado. Jechones e cabritos Estava delante sí su alférez omil, te grandes gritos; el inojo fincado, la mano en el barril: ios fresuelos fríseos, tañía a menudo con este añafil; losvinos bien tintos. parlava mucho el vino, de todos alguacil. t de infancones: Desque vino la noche, mucho después de cena, los lócanos pavones, que tenía cada uno ya la talega llena s. enfiestos los pendones, para entrar en fazienda con la dueña serena; laertes guarhigiones; adurmiéronse todos después de en ora buena i tenpradas e bien finas, Esa noche los gallos con grand miedo estuvieron, ir. por capellinas, velaron con espanto nin punto non dormieron: irtenes e cozinas: non avié maravilla, que sus mugeres perdieron; o t tenién las sardinas por end se alborocaron, del roído que oyeron. Faza la medianoche, en medio de las salas, elfuertejavalí: vino Doña Quaresma: ¡Dios Señor, tú me valas! ssefe aquesta lid a mí, dieron bozes los gallos, batieron de las alas, idié con Don Alf: fueron a Don Carnal aquestas nuevas malas. lorend valí. ezir bien su verbo, Como avía el buen omne sobramucho comido, ero el ciervo: con la mucha vianda mucho vino bevido, 10 el tu leal siervo, estava apesgado e estava adormido; fui por ende siervo? por todo el su real entró el apellido. ¡larde la liebre: Todos amodorridos fueron a la pelea, yo le metré la hiebre, pusieron las sus azes, ninguno non pletea; que de lidiar no f mienbre; la conpaña del mar las sus armas menea: brido alguno le quiebre. viniéronse a ferir deziendo todos: ¡Ea! con corc. os e torcazas, El primero de todos que ferió a Don Carnal, muchas amenazas: fue el puerro cuelloalvo e feriólo muy mal: i si conmigo la enlazas, fizóle escopir flema: esto fue grand señal; tovo Doña Quaresma que era suyo el real. Vino luego en ayuda la salada sardina, firió mjjy reziamente a la gruesa gallina: atravesósle en el pico e afogóla aína; después a Don Carnal falsól la capellina. Vinién las grandes mielgas en esta delantera, los verdeles e xibias guardan la costanera; buelta es la pelea de muy mala manera: cayé de cada cabo mucha buena mollera. De parte de Valencia venían las anguillas, salpresas e trechadas, a grandes manadillas, davan a Don Camal por medio de las costillas; las truchas de Alverche dávanle en las mexillas. Ay andava el atún como un bravo león, fallos con Don Tozino, díxol mucho baldón; si non por la Cecina, que I desvió el pendón, diérale a Don Lardón por medio del corácón. de Hita imor (S. XIV) Clarín Pipa (1886) A ciudad parecía muerta; no había máscaras, ni había ruido, ni mazas, ni pellas de nieve; Pipa estaba indignado con tanta indiferencia y apatía. ¿Dónde estaba la gente? ¿Por qué no acudían a rendirle el homenaje debido a sus travesuras? ¿No tenía él derecho a embromar, desde el zapatero al rey, a todos los transeúntes? Pero no había transeúntes. Le tenían miedo; se encastillaban en sus casas respectivas, al amor de la lumbre, por no encontrarse con Pipa, su víctima de todo el año, su azote en los momentos breves de venganza que el Carnaval le ofrecía. Además, Pipa no tenía fuego a qué calentarse; iba a quedarse como un témpano si permanecía tieso y quieto por más tiempo. Si pasara alma humana, Pipa arrojaría al sunsuncordia (que él entendía ser el gobernador) un buen montón de nieve, por gusto, por calentarse las manos; porque Pipa creía que la nieve calienta las manos a fuerza de frío. Lo que él quería, lo que él necesitaba, era motivo para huir de alguna fuerza mayor, para correr y calentar los pies con este ejercicio. Pero nada, no había policías, ni había nadie. No teniendo a quién molestar, decidió atormentarse a sí mismo. Colocó una gran piedra entre la nieve, anduvo hacia atrás y, con los ojos cerrados, desde alguna distancia, fue a tropezar con el canto; abriendo los brazos, cayó sobre la blanca sábana. Aquello era deshacer la cama. Como dos minutos permaneció el píllete sin mover pie ni mano, tendido en cruz sobre la nieve como si estuviera muerto. Luego, con grandes precauciones para no estropear el vaciado, se levantó y contempló sonriente su obra: había hecho un Cristo soberbio; un Cristo muy chiquitín, porque L Pipa, puesto que tuviera doce años, medía la altura ordinaria a los ocho. -Anda tú, arrastrao- gritó desde lejos la señora Sofía, lavandera- anda tú, que así no hay ropa que baste para vosotros; anda, que si tu madre te viera, mejor sopapo... Pipa se ¡rguió. ¡La señora Sofía! ¿Pues no había olvidado que estaba allí tan cerca aquella víctima propiciatoria? Como un lobo que en el monte nevado distinguiese entre lo blanco el vellón de una descarriada oveja, así Pipa sintió entre los dientes correr una humedad dulce, tal vez una broma pesada tan a la mano, como caída del cielo. Todo lo tramó bien pronto, mientras contestaba a la conminación de la vieja sin una sola palabra, con un gesto de soberano desprecio, que consistía en guiñar los ojos alternativamente, apretar y extender la boca enseñando la punta de la lengua por uno de los extremos. La entrada de Pipa en la taberna de La Teberga fue un triunfo. Se le recibió con rugidos de júbilo salvaje. Su disfraz de muerto enterrado pareció del mejor gusto a los de la tralla, que en aquel momento fraternizaban sin distinción de coches. Pipa vio, casi con lágrimas en los ojos, cómo se abrazaban y cantaban juntos un coro, un delantero del correo y un zagal de la ferrocarrilana.