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X ABC ABC ÜTcrar ío tener una guadaña, pareciera la muerte de los rocines. Demostraba abstinencia en su aspecto y echábansele de ver las penitencias y ayunos; sin duda ninguna, no había llegado a su noticia la cebada ni la paja. Lo que más le hacía digno de risa eran las muchas calvas que tenía en el pellejo, pues, a tener una cerradura, pareciera un cofre vivo. La bercera- q u e siempre son desvergonzadas- empezó a dar voces: llegáronse otras y, con ellas picaros, y alzando zanorias garrofales, nabos frisones, berenjenas y otras legumbres, empiezan a dar tras el pobre rey. Yo, viendo que era batalla nabal y qué no se había de hacer a caballo, comencé a apearme; mas tal golpe me le dieron al caballo en a cara que, yendo a empinarse, cayó conmigo en una- hablando con perdón- privada. Púseme cual v. m. puede imaginar. Ya mis muchachos se habían armado de piedras, y daban tras las revendederas, y descalabraron dos. Yo, a todo esto, después que caí en la privada, era la persona más necesaria de la riña. Vino la justicia, comenzó a hacer información, prendió a berceras y muchachos, mirando a todos qué armas tenían y quitándoselas, porque habían sacado algunos dagas de las que tratan por gala, y otros espadas pequeñas. Llegó a mí, y viendo que no tenía ningunas, porque me las habían quitado y metídolas en una casa a secar con la capa y sombrero, pidióme como digo las armas, al cual respondí, todo sucio, -que, si no eran ofensivas contra las narices, que yo no tenía otras. Y de paso quiero confesar a v. m. que, cuando me empezaron a tirar las berenjenas, nabos, etcétera, que, como yo llevaba plumas en el sombrero, entendí que me habían tenido por mi madre y que la tiraban, como habían hecho otras veces y así, como necio y muchacho, empecé a decir: Hermanas, aunque llevo plumas, no soy Aldonza de San Pedro, mi madre como si ellas no lo echaran de ver por el talle y rostro. El miedo me disculpa la ignorancia, y el su cederme la desgracia tan de repen te, 28 febrero- 1987 Francisco de Quevedo EL BUSCÓN (1604) La batalla nabal Una vieja y co Como el resto de las literaturas europeas, la española está también profundamente marcada por las formas carnavalescas. Desde el Arcipreste de Hita a Pablo Neruda, desde los dramaturgos primitivos a Valle- Inclán y Camilo José Cela, o muy recientemente en la obra de Luis Mateo Diez- piénsese en el desenlace de La fuente de la edad el juego de máscaras y disfraces y la reversión del orden establecido han seducido a nuestros poetas, autores dramáticos o articulistas. L LEGÓ- p o r no enfadar- el tiempo de las Carnestolendas, y trazando el maestro de que holgasen sus muchachos, ordenó que hubiese rey de gallos. Echamos suertes entre doce señalados por él, y cúpome a mí. Avisé a mis padres que me buscasen galas. Llegó el día, y salí en un caballo ético y mustio, el cual, más de manco que de bien criado, iba haciendo reverencias. Las aneas eran de mona, muy sin cola; el pescuezo, de camello y más largo; tuerto de un ojo y ciego del otro; en cuanto a edad, no le faltaba para cerrar sino los ojos; al fin, él más parecía caballete de tejado que caballo, pues, a CERCÁNDOSE viene un tiempo de Dios santo: fuime para mi tierra por folgar algund quanto; dende a siete días de Quaresma: tanto puso por todo el mundo miedo e grand espanto. Estando a la mesa con Don Jueves Lardero, De la pelea que ove DÜ troxo a mí dos cartas un ligero trotero; dezirvos he las notas: servos he tardinero, gallinas e perdizes, con ca las cartas leídas dilas al mensajero. ánades e navancos e g De mí, santa Quaresma, sierva del Salvador, fazían su alardo cerca c enbíada de Dios a todo pecador, Éstos traían lancas di a todos los a 5i prest. es e clérigos sin amor, espetas muy conplidos salud en Jhesú Cristo fasta la Pasqua Mayor. escudávanse todos con Sabed que me dixeron que ha cerca de un año en la buena yantar ésto que anda Don Carnal sañudo, muy estraño, En pos los escudado; astragando mi tierra, faziendo mucho daño, las ánsares, cecinas, ce vertiendo mucha sangre, de lo que más me asaño piernas de; puerco frese E por aquesta razón, en vertud de obedTengía, luego en pos de aquést vos mando firmemente, so pena de sentencia, las puestas de la vac que por mí e por mi Ayuno e por mi Penitencia allí andan saltando e áí que l desaíedes luego con mi carta de creencia. luego los escuderos, rrn Dezidfe de todo enlodo que, de oy en siete días, que dan de las espuefa la mi persona mesma e las conpañas mías Venié una mesnada r iremos pelear con él e con sus porfías: muchos buenos faisané creo que no s nos tenga en las carnecerfas. venién muy bien guamil Dadla al mensajero esta carta, leída, trayén armas estrañas liévala por la tierra, non la traya escondida, eran muy bien labrad que non diga su gente que non fue apercebida. ollas de puro cobre tray Dada en Castro de Ordiales, en Burgos rescebida. por adáragas calderas; Otra carta traía abierta e sellada, real de tan grand pregic una concha muy grande de la carta colgada: Vinieron muchos gam aquél era el sello de la dueña nonbrada; Señor, non me escuae la nota es aquesta, a Carnal fue enbTada: que ya muchas vegada De mí, Doña Quaresma, justicia de la mar, usado só de lid, sienpre alguacil de las almas que se han de salvar, Non avié acabado de a ti, Carnal goloso, que no f coidas fartar, ahévos ado viene muy I enbíote el Ayuno por mí desafiar: Omíllom 1 diz, señor desde oy en siete días, tú e tu almohalla por te fazer servicio ¿m que seades conmigo en canpo, a la batalla; Vino presta e ligera a fasta el Sábado Santo darvos he lid sin falla: Señor diz, a la duei de muerte o de lisión non podrás escapalla. dalle he sarna e divieso Leí amas las cartas, entendí el ditado, más querrá mi pelleja q vi que venié a mí el un fuerte mandado, Vino el cabrón monté cá non tenía amor nin era enamorado; deziendo sus bramuras a mí e a mi huésped púsonos en coidado. Señor diz, a la duei Do tenía a Don Jueves por huésped a la mesa, levantes bien alegre, de lo que non me pesa, diz: Yo só el alférez contra esta malapresa: yo justaré con ella, que cada año m sopesa. Diome muy muchas gracias por el mi buen conbid, fuese e yo fiz mis cartas: díxele al Viernes: Id a Don Carnal mañana, todo esto le dezit, que venga apercebido el martes a la lid. Las cartas rescebidas, Don Carnal argulloso mostró en sí esfuerce pero estava medroso: non quiso dar respuesta, vino muy acucioso, troxo muy grand mesnada como era poderoso. Desque vino el día del plazo señalado, vino Don Carnal ante: está muy esforcado, de gentes bien guarnidas, muy bien aconpañado: serié Don Alexandre de tal real pagado. Puso en la delantera muchos buenos peones; A Arcipres Libro de buen 7