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28 febrero- 1987 ABC fífcrarío Letras de carnaval ABC VII Pemán y el Carnaval ESDE que, hace ahora diez años, salió a la calle el coro de Los dedócratas los estudiantes se pusieron a cantar el tango y, con las libertades traídas por la UCD y no por el PSOE, hubo una extensa recuperación burguesa de la fiesta, que fue rescatada del oficialismo municipal de mayo y trasladada a su fecha tradicional de febrero, la gente cree qué todo Cádiz vivía antaño el Carnaval. Si por todo Cádiz se entiende el pueblo llano de los Callejones, de La Viña, del Mentidero y de Santa María, la creencia es cierta. Pero si por todo Cádiz se entiende, además, el consignatario de buques, y el socio del Náutico, y el abogado con despacho en la calle Ancha, y el médico con almirantes en la sala de espera, la verdad histórica es que este Cádiz de la burguesía estuvo siempre de espaldas al Carnaval. Lo cual cuadra con el rito de la subversión de reglas sociales en las Carnestolendas. El papel relevante del comandante de Marina era ocupado en la calle soberana por un albañil de Pópulo, chirigotero disfrazado de calafate; la levita del orden de la Restauración representada por el presidente de la Audiencia dejaba paso al cetro del pito de caña de Perico el de las Viejas Ricas. Por Carnaval era de buen tono social ausentarse de Cádiz. Que del mismo modo que dicen las crónicas del siglo XIII que Sevilla estuvo tres días vacía hasta que la ocuparon las huestes de Fernando III, las crónicas del XIX y de buena parte del XX señalan que las calles de Cádiz, en los tres días de Carnaval, no estuvieron vacías, sino conquistadas en plena soberanía por un pueblo disfrazado de médico modernista, de viejo cooperativo, de moro babuchero, de anticuario, de calesero, de mercader de Damasco, de profesor de la Escala de Milán, de jockey o de vendedor de erizos. D el- último año, Pemán cuenta en su cuaderno de coplas de la Tercera de ABC lo que ha ocurrido en los últimos tres mil. Para Pemán, las Cortes doceañistas fueron un coro de Cádiz: Los españoles serán justos y benéficos. Zas, zas, tres pataditas- escribe é l- y entra por tanguillos. Pero hay, sobre todo, un monumento literario que Pemán dedica al Carnaval, y a cuya luz podemos ahora interpretar que muchos de sus artículos eran, en realidad, tangos, como aquella Nieve en Cádiz y que Séneca era él qué iba de punta en una chirigota provincial que podría haberse titulado Los viñeros de Jerez de la que era omnipotente letrista, músico y director el propio don José María. El monumento literario que Pemán dedica al Carnaval gaditano es una farsa escénica y se llama La viudita naviera No es azar que Pemán utilice en esa farsa, tan latina, tan aristofanesca, a la chirigota a modo de coro griego para subrayar la acción teatral. Ni es tampoco azar, sino magia histórica de Cádiz, como Hércules o como 1812, que quien llevara al teatro esa chirigota de la viudita que se va a casar por poder... por poder tener marío no fuera otro que Paco Alba. Paco Alba y Pemán unidos en el escenario. Sólo faltaba que don Emilio Castelar se bajara de la estatua del tipo de Los tribunos que representa en la plaza de Candelaria y se pusiera a cantar el tanguillo de la pérdida y hundimiento del Difunto Carmelo Que para mí que Castelar lo cantó cuando La viudita fue representada por esos escenarios y ahora, cuando sigue siendo representada en la memoria musical de un pueblo. Porque en La viudita no solamente está todo Cádiz, con sus viudas y solteritas, embarcados, cursis, pimpis, frescales, vapores que van a La Habana y catalejos que los ven venir Estas palabras de Pemán, escritas en la Autocrítica de la obra, son, en realidad, la presentación de una agrupación en el Falla. Pemán mete en La viudita el corista que en su tiempo no pudo ser, porque el Carnaval, entonces, en la clase social a la que pertenecía don José María, estaba mal visto. Esa misma introducción, a modo de pasodoble de presentación o de tango de coro con explicación de los tipos de la agrupación en años anteriores, está pidiendo a gritos aplausos del Falla. Vapores que van a La Habana y catalejos que los ven venir es una frase de tal gaditanismo carnavalesco que hay que parar de leer y decir por lo bajito: -Ole... Porque ahí está Torre Tavira, y La Caleta, y el guiño del faro de San Sebastián, y el piropo a la ciudad que Cádiz hace tres mil años que se dedica a sí misma, con el explicable pretexto del Carnaval. Para Pemán, como para muchos, Cádiz es la ciudad soñada, la Itaca. Para buscarla, deja la casapuerta de la plaza de San Antonio y se va al barrio de La Viña, con el pueblo. Como Alberti, Pemán siempre le llama Cádiz a todo lo dichoso Y su dicha fue anticiparse a los tiempos y descubrir, como con Los dedócratas hizo la progresía, la inmensa capacidad de creación y de gracia que tiene el pueblo de Cádiz. Al fin y al cabo, don José María estaba tan placeado por los clásicos que reencontraba en el tiri- ti- tran- trán- trán la perdida huella de un pie métrico latino, y que hallaba en el mediterráneo y sincopado ritmo del cuplé de un coro la esencia de una oda griega. Porque don José María Pemán sabía que Hércules era gaditano! El Séneca, representando en el Carnaval de La viudita el tipo de Antoñito el de los Desavíos, chirigotero, le habría dicho: -Sí, don José. Hércules fundó Cádiz. ¿Y sabe usted cómo la fundó? ¡Con dos leones! ¡Qué dos... leones le echó el gachó! Antonio BURGOS De aquí la premonición de don José María Pemán en su tratamiento literario del Carnaval de Cádiz. Pemán fue el primer intelectual gaditano que subió a la carroza de Los dedócratas para acompañar al pueblo en el repeluco de la falseta de un tango, en la gran excepción coral de Cádiz- como él escribió- en esta Andalucía donde un hombre solo se basta para matar un toro o cantar una copla Pemán fue el primer señorito de la plaza de San Antonio que no se marchó a Madrid, a ver teatro, por Carnaval, ni que echó las trancas en la casapuerta para que no entrara la gentuza sino que hundió las raíces de su drago literario en los lavaderos de los Callejones, para escribir con la tiza de Antonio Rodríguez la teoría estética de una ciudad desde la cercanía, en el tiempo en que, desde la lejanía de la otra España, Rafael Alberti la iba inventando en un mapa de la bahía que volando le llevaban las olas. El nombre de José María Pemán aparece como el del primer escritor que se acerca al Carnaval y que lo incorpora a su obra. ¿Qué es el etcétera, etcétera, etcétera del Don Simón, sino el estribillo verderón de un cuplé? Sus Terceras de ABC están llenas de recursos popularísimos por carnavalescos. Pemán entra por la Historia de España con el poderío del letrista de un popurrí. Si el chirigotero cuenta lo que en Cádiz ha pasado en