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II ABC ABC Ü 7 crarío -Letras de carnaval Vivimos en plena recuperación de los Carnavales. Prohibida durante años, o tolerada en algunos lugares, la gran fiesta popular ha vuelto con nuevos bríos. Al menos eso piensan algunos, pues no faltan quienes consideran que se trata de un fenómeno puramente artificial. Al Carnaval como fenómeno antropológico y literario, como hecho cultural de primer orden, dedicamos hoy páginas especiales en nuestro ABC Literario. Además del articulo en Tercera de Julio Caro Baroja, se incluyen trabajos de Fernando Lázaro Carreter, Francisco Nieva, Fernando Quiñones, Bernabé Sarabia, Antonio Burgos, Luis Mateo Diez, Jesús Ferrero y Lourdes Ortiz, así como una selección de textos clásicos alusivos al Carnaval. 28 febrero- 1987 Mundo carnavalesco y literatura L A categoría de los carnavalesco se ha instalado con fuerza en los estudios literarios, desde que fue conocida en Occidente la hoy famosa obra del gran crítico soviético Mijail Bajtin sobre Rabelais y la cultura popular de la Edad Media y del Renacimiento (1965) traducida a todos los idiomas; al español, en 1971. Sostiene en ella que una gran- parte de los fenómenos observables a lo largo de toda la historia literaria se deben a la irrupción constante, desde las Saturnales romanas y aún desde antes, de una fuerte carnavalización, en pugna con los géneros canónicos y nobles vigentes en cada momento. La brillantez expositiva de Bajtin, si rica erudición, y la facilidad con que sus conclusiones son aplicables a obras concretas de todas las lenguas, han seducido a multitud de críticos, que, sin cesar, y abusivamente a veces, atribuyen a los más diversos textos tal origen mediato o inmediato. El lo señala, desde la sátira menipea y los diálogos socráticos, hasta Dostoievski, pasando por Rabelais y Cervantes, y llegando hasta nuestros días. Si bien reconoce que, desde el siglo XVII, el influjo del Carnaval sobre el arte verbal no es directo, sino a través de obras anteriores que habían sufrido una carnavalización determinante de actitudes ante la vida, formas de lenguaje y géneros muy diferenciados. Bajtin (1895- 1975) cuyas obras pueden leerse en español casi en su totalidad, es genial y enigmático. Fue un profesor oscurecido por el régimen soviético, aunque marxista fervoroso. Hasta 1940 no pudo enseñar en una Universidad; hasta 1946 no se le permitió doctorarse (precisamente con la tesis sobre Rabelais que lo haría mundialmente famoso) Ni siquiera quiso publicar con su nombre varios de sus libros, por negarse a introducir correcciones que oficialmente se le imponían; discípulos suyos le prestaron el suyo, asumiendo como propias las rectificaciones impuestas. Hasta 1973 no se autorizó a revelar que las obras firmadas por Vlochinov y Medvedev, eran de su maestro Bajtin. Amigo de Marc Chagall en su juventud, padeció terribles enfermedades: osteomielitis desde los veintiocho años; dos lustros después le fue amputada una pierna. Se le condenó, por oscuras razones, a cinco años de campo de concentración (fue eximido por enfermo) y sufrió destierro en la frontera de Siberia. Se le permitió, al fin, aproximarse a Moscú, pero a un asilo de ancianos, donde murió. ¿Por qué esa cruel persecución a un hombre que ahora, visto al menos desde fuera, es gloria de la URSS? Parece que se debió a su profunda religiosidad cristiana- orto- doxa- ridiculizada por un periódico de Nevel, que daba cuenta de su actitud en un acto donde se habló de Dios y el socialismo escribía ese diario; El camarada Bajtin defendió esa mordaza de oscuridad que es la religión... Se inquietaba porque el socialismo no se preocupe de los muertos, y anunciaba que, en el futuro, el pueblo no nos lo perdonará Bastaría lo ocurrido a Bajtin para sentir horror ante un sistema político que aún sigue haciendo víctimas parecidas. Tal es el caso actual de uno de los más grandes semiotistas del momento, iuri Lotman, inmovilizado en su país, casi en su ciudad- T a r t u- impedido de publicar muchos de sus trabajos, y hasta de recibir libros, privado del contacto con los colegas extranjeros, y visto con recelo por sus próximos... Pero volvamos al Carnaval. La caracterización que de esta constante de la vida social hace Bajtin es de una gran exactitud. Se trata, ante todo, de un hecho para ser vivido, no para ser contemplado como espectáculo. Sus participantes son activos, y liberan en él una reprimida tandencia humana a la insurrección contra todo lo que consagra e impone la vida normal: el orden jerárquico en todas sus formas; la etiqueta y el atuendo; la mesura en gestos y lenguaje que, en tales fiestas, se trueca en excentricidad. Produce la amalgama de contrarios: lo sagrado y lo profano, lo alto y lo plebeyo, la agudeza y la estupidez, lo masculino y lo femenino. Parte importante de los ritos carnavalescos es la entronización de un rey grotesco (nada parecido a la bella que ahora montan en una carroza, máxima adulteración del festejo) y su destronamiento que, parodiando la institución del poder representa, a la vez, una rebeldía ante él, y un ansia permanente de cambio y renovación, frente a la estabilidad que desea la sociedad bien pensante. Junto a este rito, los escarnios y las profanaciones son manifestaciones máximas deí Carnaval. El cual, en el pensamiento bajtiniano, no se limita a los días que así se llaman en el calendario, sino a festejos muy variados que se han celebrado y se celebran en todo tiempo y lugar. Se trata de una actividad social que responde a una subversión permanente contra lo serio cotidiano, y que aflora con cualquier pretexto. Pueden añadirse muchos datos hispanos a los que, de otras procedencias, aduce Bajtin. Como los juegos de escarnio medievales en los templos, que prohibía a los clérigos Alfondo X, consistentes en danzas, pantomimas, mojigangas, oraciones contrahechas, sermones grotescos, canciones lascivas y diálogos bufos. Todavía los condenaba el Concilio de Aranda, en 1473. De aquella Edad era también la fiesta del obispillo -o del bisbató en Cataluñ a- que los estudiantes entronizaban el 6 de diciembre, y destronaban el Día de Inocentes. Más propia de Carnestolendas era otra entronizción, hecha también por colegiales: la del rey de gallos Designado por sus compañeros, desfilanba presidiéndolos a caballo, todos con espadas, v se dirigían a un lugar donde enterraban un gallo dejándole fuera la cabeza, o bien lo colgaban de las patas. La diversión consistía en ver quién lo de-