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EDITADO PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 28 DE FEBRERO 1087 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ODOS sabemos qué es personificar y también conocemos algunas personificaciones. Pero a mi juicio las más misteriosas son las del Tiempo, no el bueno o el malo, sino el Tiempo en devenir. Ese Tiempo que atormentaba a San Agustín y que a los filósofos, en general, les ha dado tanto motivo de cavilaciones. Los antiguos, los griegos y romanos, lo habían ya personificado de un modo total. Cronos o Saturno son el Tiempo convertido en padre terrible que se come a sus hijos y don Francisco de Goya utilizó la imagen clásica y lo representó o personificó de modo espantoso y amedrentador. Cronos tenía, sin embargo, sus fiestas, como Saturno las suyas: las Saturnalia o Saturnales. Se celebraban éstas en época invernal y eran ocasión de licencias; los esclavos gozaban de cierta libertad, también los niños. Se cambiaban regalos, se comían cosas especiales, se elegía un príncipe o rey burlesco, que daba leyes u órdenes también grotescas o ridiculas. Todo acaso para recordar los primeros tiempos en que los hombres eran más inocentes y felices. El ciclo saturnalicio es uno de los más oscuros de la Religión y Mitología romana. El de Cronos no lo es menos en la griega. Pero retengamos ahora la idea de la personificación del Tiempo y avancemos en él. Dividiendo éste en partes nos encontramos con que algunas de éstas han sido objeto también de personificaciones. En los menologios o calendarios medievales cada mes del año está representado por un hombre en trance de realizar un acto; y en el Libro de Aleixandre nos encontramos con que cada mes es Don lanero o Don Febrero etcétera. Son hijos o nietos de un año, más paternal y benévolo que el viejo Cronos. Pero aún hay más. En época medieval también nos encontramos con otra personificación que ahora nos interesa más: la de Don Carnal Este aparece, como es sabido, en el estupendo poema del Arcipreste de Hita, combatiendo con Doña Cuaresma Es decir, otros dos tiempos en la ordenación cristiana del calendario. Tiempo de Carnalidad, de placer, de insensatez, de inversión de valores morales, el primero. Representado por un hombre grueso, tragón, bebedor, lujurioso. Tiempo de espiritualidad y de ayuno y abstinencia, el segundo. Representado, a su vez, por una mujer delgada, asténica. En la lucha a Don Carnal le secundan toda clase de animales que se consumen en la buena vida. A Doña Cuaresma algunos pescados. Según otra imagen popular, ésta empuña un seco bacalao y unas hortalizas. Bruegel el mayor pintó un cuadro magnífico que representa la lucha memorable, que era conocida y familiar a todos los pueblos de la Europa cristiana occidental, así como su significado teológico. También su temporalidad. En castellano se habló así del Tiempo de Carnestolendas y hay una novela de Don Alonso de Castillo Solórzano que se llama precisamente Tiempo de ABC regocijo y Carnestolendas de Madrid La idea tiene equivalente en otras lenguas. Hay que abandonar la Carne, ni más ni menos: pero aprovecharse antes. Fastnacht es martes de Carnaval en alemán, Fasching zeit equivale a nuestro Tiempo de... Pero hay más. En castellano clásico era muy usual la palabra Antruejo para designar el Carnaval. Esta palabra viene de introitus que es también una introducción... a la Cuaresma. Los derivados antruejar o antruejada servían para designar la celebración de lo que, también en plural, se llamaban los Carnavales Pues bien, en algún texto este Antruejo arcaico se personifica también: es un santo burlesco, Sant Antruejo La intención satírica es clara en la creación de tal santo. Pero seguimos con el mismo método de personificación de un Tiempo determinado. De manera parecida, aunque sin gran expansión, se forjaron otros nombres como los de San Gorgomellaz y San Tragantón Ya no basta con personificar, hay que santificar, aunque sea en burla, pero siguiendo el sistema de que cada fiesta del año tenga su santo. Este santo no es un protector de hombres o animales, es un patrón del placer y de cierto desorden ordenado Durante el Carnaval, en efecto, se aceptan ciertas licencias. El hombre se puede disfrazar de mujer, la mujer de hombre, se realizan misteriosas inversiones de otro tipo, se dicen trabalenguas, se cantan canciones obscenas, se pronuncian sermones burlescos en que se sacan los trapos sucios de la comunidad. La Iglesia supone que del domingo a! martes de Carnaval se cometen muchos pecados y ha instituido las funciones de desagravio por los mismos. Es cierto que tras la máscara, el disfraz y la confusión se han realizado no pocas bellaquerías y aun crímenes. Los legisladores siempre tuvieron que imponer límites al exceso admitido. No. No todo ha sido regocijo durante el Carnaval, que, desde un punto de vista psicológico, es una fiesta en esen- REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID T SANT ANTRUEJO 0 TIEMPO DE CARNESTOLENDAS cía dionisiaca. Porque así como Dionysos tenía un aspecto jocundo y hasta grotesco, como se ye en Las ranas de Aristófanes, también tenía otro amenazador y terrible, que es el que se refleja en la tragedia Las Bacantes de Eurípides: un enigma dentro de la obra de aquel genio dramático. El Carnaval ha tenido muchas dimensiones y puede decirse también que ha sido motivo de inspiración para artistas, músicos sobre todo; y los músicos, por cierto, son los artistas que frente a lo que les ocurre a pintores, escultores y arquitectos, no manejan conceptos espaciales, sino temporales. Tiempos así, alegres o tristes en su contenido, tiempos misteriosos y románticos en que también se mueven raras personificaciones. Ahí están, en efecto, los personajes románticos del Carnaval de Schumann, Eusebins o Florestán. También los italianos, que dan forma al Carnaval de Venecia, virtuoso en Paganini, jocundo en Rossini. Pero hay también Carnaval romano, Carnaval de Milán, Carnaval de Pest. Cada ciudad tiene su Carnaval y a veces es melancólico, nostálgico. ¿Y hoy? Aquí en España parece que desde hace años existe una voluntad pública de rescatar la fiesta, el Tiempo de Carnaval, del descrédito en que fue cayendo, ya antes de la guerra y de darle significado dentro de esta sociedad en que vivimos. Creo que la empresa en las grandes ciudades será más difícil de llevar adelante que en poblaciones de tamaño regular, villas y aldeas. Por otra parte, hoy no se notan tanto los tiempos del año con un significado propio, especial. Muchos viven en Carnaval perpetuo, no en balde este nuestro es el tiempo de los travestís Otros se hallan sometidos a drogas y porros. No hace falta la ruptura con la vida cotidiana de modo reglamentado. ¿Cómo personificaremos nuestro Tiempo, el Tiempo que nos ha tocado vivir? Ni Don Carnal ni Doña Cuaresma ni Sant Antruejo nos valen. Desapareció el regocijo a plazo fijo. Si quisiéramos personificar nuestro Tiempo no será en figura de Cronos, ni de los meses del año, ni de los Carnavales clásicos. Será en forma de un hombrecito de los que van de piso en piso, cobrando a plazos la lavadora o el electrodoméstico de turno, con la consiguiente angustia dei consumidor abrumado por la velocidad de los plazos. Porque este Tiempo, ya lo han determinado venerables sociólogos, es el de la Velocidad, de la que, por cierto, no se ha hecho todavía (que yo sepa) una personificación. ¿Cómo representarla? Acaso como a una secretaria de hombre importante, corriendo de despacho en despacho con unos papelotes en la mano izquierda y un telefonillo en la derecha: figura poco Gruegeliana en verdad, a la que no se le puede dar el tratamiento de doña, más bien el de señorita. La señorita Velocidad y su novio el cobrador de ventas a plazos. PRINCIPE DE VERGARA, 29 MADRID I Julio CARO BAROJA de la Real Academia Española