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VIERNES 27- 2- 87 L sur de Inglaterra, al este del antiguo obispado de Mondoñedo, al n o r t e del Reino de León y al oeste de la Universidad Menéndez y Pelayo, en el país más endiabladamente montañoso del Estado de las Autonomías, pero en un llano llamado Llanera, había una fábrica de cerámica de principios de siglo cuyas fantásticas chimeneas de ladrillo rojo un día dejaron de humear. Desde la ventanilla de Iberia, poco antes del brusco aterrizaje en Ranón, aquel viejo complejo industrial de tonos rojizos que asomaba su apagada belleza industrial en medio de la lujuria verde era una tentación estética demasiado fuerte. Porque de la misma manera que una tarde, de repente, al joven Aifanhuí de Sánchez Ferlosio se le puso la mirada vegetal, otra lejana tarde, también de repente, se me puso la mirada industrial. Quiero decir: empecé a admirar con el mismo fervor que admiraba el prerrománico, el románico o el barroco aquellas descomunales chimeneas, factorías, hornos, castilletes, grúas, almacenes, arquitecturas humeantes de hierro y ladrillo, los grandes restos monumentales del gótico industrial tardío que cambiaron la faz de mi tierra. Y lo que veía allá abajo, antes de aterrizar, era una combinación perfecta de las dos grandes miradas. La fábrica me seducía tanto como cualquier monumento asturiano del XVI o del XVIII. Pero si desde el avión era todo un espectáculo, desde la carretera la vieja cerámica quebrada se nos convirtió en una obsesión. No es un nos mayestático. Hablo en plural porque éramos y somos cinco: Víctor Manuel, Chus Quirós, Ana Belén, Rodrigo Uría y no sé ái el arriba o el abajo firmante de esto, que es la primera vez que lo hago aquí. Un día íbamos los cinco a ciento y pico por hora y frenamos en seco ante la factoría abandonada como se frena en las películas de la serie B ante un semáforo en rojo. En realidad, aquel espléndido conjunto de arquitectura fabril era lo más parecido del mundo a los célebres semáforos de información del mítico grupo Site para la Best Products. Cerca de 20.000 metros cuadrados de espléndida arqueología industrial, en medio de unos 150.000 metros cuadrados de intensa mirada vegetal. Había que hacer algo con todo aquello y, sin encomendarnos ni a Dios ni al diañu, lo hicimos. Descolgamos con muchos sudores (algunos fríos) el desvencijado letrero de Se vende En su lugar colocamos otro en el que se lee: Factoría Cultural Multimedia Queríamos decir algo muy sencillo, que es moneda corriente en la mayor parte de los países civilizados desde hace dos o tres décadas, aunque por estos alrededores el mensaje todavía suene a chino: transformar un viejo complejo industrial en un vanguardista complejo cultural. Ejemplos no faltan, ya digo. Una antigua fábrica de chocolate de San Francisco es ahora ese célebre centro de cultura y ocio llamado Ghirardelli Square. La factoría de torpedos de Alejandría, junto al kennediano río Potomac, ha sido convertida en un centro para las artes. La Escuela de Diseño Arqui tectónico de Rhode Island surgió de una herrería. El Museo de Arte Contemporáneo de Burdeos fue una fábrica del siglo XIX. ASTURIAS A B C 65 A UN POSIBLE FUTURO CULTURAL fue que en este país no sólo no existen precedentes, como ocurre por ahí afuera, sino Por Juan CUETO que encima se tratara de un proyecto privado en casi toda su totalidad. Contra esas dos De esa clase de rehabilitación se trata. Nada más y nada menos. Rescatar para la inercias hubo que luchar. Y luchar como necultura viva una fábrica muerta: la vieja y be- gros; mejor dicho, como indianos. Pero ya lla cerámica de Llanera. Con planetario, casa pasó lo peor, la larga travesía del desierto explicativo. Ya nos hemos quitado de encima el de las ciencias y las técnicas, centro de diseño, tofts para artistas y profesionales, comple- sambenito de utópicos y, lo que es más injo hostelero, una gran sala de exposiciones creíble, el de faranduleros. Antes de un año, las chimeneas de la factoría de Llanera echa (el antiguo horno) de 2.000 metros cuadrarán al aire del país astur sus primeros humos dos, una magnífica nave construida por el ingeniero Sánchez del Río reconvertida en sala culturales. Eso sí, mentiría si dijera que en polivalente con capacidad para 3.000 perso- todo este tiempo no me acordé mucho del nas, museo de coches, hotel y lo que surja, consejo que de pequeño me daba mi tía María, una terciaria dominica que también era que ya es más de los que los cinco imaginábeata de la Institución Libre de Enseñanza: bamos al principio de la aventura. Nunca haga- s nada, Juanín, por primera vez. Al menos, la Factoría Cultural de LlaneNuestro gran inconveniente en todo este tiempo (año y pico desde que frenamos en ra servirá para que otros no lo hagan por priseco frente ante las chimeneas apagadas) mera vez.