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VIERNES 27- 2- 87 VEINTICINCO ANOS DE LA MUERTE DE JULIO CAMBA ABC 41 Algunos errores sobre Camba OBRE el gran escritor pontevedrés Julio Camba se han acumulado una serie de errores e inexactitudes que quizá sea oportuno señalar. Justamente el error de más bulto es el que durante mucho tiempo ha señalado la fecha de su nacimiento como la del 4 de noviembre de 1882, que es la de nacimiento de su hermano mayor, también literato, Francisco, mientras que la de Julio fue el 16 de diciembre de 1884 y ambos en lo que se llamaba el puerto de Villamaior (o calle de Villamayor) que correspondía a la parroquia de Santa María de Caleiro (donde ambos fueron bautizados, y perteneciente al municipio de Vilanova de Arousa (o Arosa) en la provincia de Pontevedra, no lejos de la capital. Ignoro quién fue el primero en establecer el error, pero ya en 1931, en el tomo II del apéndice de la Enciclopedia Espasa (pues no figuraban los hermanos ea. el cuerpo de la obra) se señala el año 1882 como el de nacimiento de Julio, y tal error ha tenido una gran difusión hasta tiempos muy recientes. En una entrevista celebrada con el escritor y publicada en ABC el 14 de agosto de 1958 decía Julio: Yo nací en mil ochocientos ochenta y cuatro y no en mil ochocientos ochenta y dos, como se empeñan en poner equivocadamente en mis biografías. No es que esto de la edad me importe mucho, créame, pero tampoco me hace mucha gracia el que a estas alturas le echen a uno al coleto años así porque sí. Es notoria la despreocupación del propio escritor hacia esos detalles, pues ese mismo año 1958 se publicó en la Colección Austral una nueva obra suya, Millones al horno, y en la solapa de la cubierta aún se sigue estampando que nació en 1882, como en todas las anteriores obras y ediciones publicadas en la popular colección, aunque a partir de 1960 se ha corregido la fecha en las correspondientes solapas. El propio Camba cuenta, a mi entender con cierta guasa, que en el libro El concepto con- S temporáneo de España, publicado por el Hispanic Institute en New York y que recoge textos de varios autores, se dice que se fue a los trece años, oculto en la bodega dé un barco, pero añade Camba: ¿Que persona de mi pueblo no se iba por aquel entonces a Buenos Aires oculta en la bodega de un barco cuando cumplía los trece años? Buenos Aires era en aquellos tiempos para nosotros un paseo tan habitual como el de las Sinas o el del Montiño (Mis páginas mejores. Madrid, 1958) Aunque otros autores han tomado al pie de la letra lo de los trece años, no parece probable que Julio haya marchado antes de 1901, y consta que estaba en Buenos Aires por San Juan de ese año, y en el relato El destierro (Madrid, 1907) dice que en la época de estas andanzas tenía yo unos dieciséis años lo que corresponde exactamente a 1901, pues en diciembre compliría diecisiete. Más divertido es el cambio de sus apellidos cuando desde Buenos Aires fue expulsado por anarquista y repatriado en un barco con otros españoles por cuenta del Gobierno argentino. El mismo Camba lo cuenta en el artículo La isla de Arosa (recogido en el libro Playas, ciudades y montañas. Madrid, 1916) Cuando vine de América, expulsado, se me ocurrió un día ir a visitar la isla de Arosa. Hace ya cinco o seis años y todavía recuerdo, con una leve sonrisa cyranesca, la impresión de terror que produje en la isla. Detrás de mí oía con frecuencia el tímido cuchicheo de las mujeres y los niños: ¡El anarquista, el anarquista! El anarquista era yo. Los periódicos habían publicado mi historia en la sección telegráfica, con fecha de Cádiz y de Barcelona, el puerto en que desembarqué. ¡Una historia de la que el protagonista se iba enterando a medida que la leía! Confieso que aquellos episodios, fantásticamente relatados para producir la emoción de toda España, me llenaban de orgullo. Un orgullo que sería tan grande como el de César o el de Napoleón si las erratas no hubiesen venido a acibararlo. ¡Triste suerte la de mi apellido en manos de unos cajistas que no lo conocían! El Imparcial me liamana Julio Canela, y el Heraldo de Madrid, Canoba. Nada tan ignominioso, sin embargo, como el apellido que me adjudicó El País, de cuyo carácter radical no podía esperar ningún revolucionario una errata tan ofensiva: ¡Julio Caníbal! Si pasamos de la biografía a la obra, no escasean los errores ocasionados fundamentalmente por la triste irresponsabilidad con que se trueca la normal recogida personal de datos por la alegre fantasía improvisadora. Lo que me irrita es la leyenda blanca de que Camba, después de regresar de Buenos Aires, fija sus impresiones sobre cuartilla y muchas de ellas van a aparecer en el Diario de Pontevedra que recoge A. C. R. (Ángel Carmona Ristori) en el Suplemento 1961- 2 de la Enciclopedia Espasa (Madrid, 1966) convirtiendo el muchos de ellos en abierta colaboración, y M. Pérez Ferrero lo admite con pequeñas variantes (Algunos españoles. Madrid, 1972) y Socorro Girón aún le añade un error, como veremos en seguida (Julio Camba, escritor novecentista. Vilanova, 1984) En Diario de Pontevedra, aparte de algunas poesías poco conocidas (en castellano y gallego) publicadas antes de su ida a Argentina, no publicó Julio Camba absolutamente nada, aunque en 22 de mayo de 1905 haya reproducido un artículo de El País, y de diciembre 1912 a marzo 1913 otros tomados de La Tribuna. La pintoresca afirmación que hace Socorro Girón de que El destierro se publicó en el Diario de Pontevedra es totalmente falsa y se le ve el plumero cuando dice que en la sección El cuento semanal cuando lo cierto es que vio la luz en el número 43 (25 octubre 1907) de la conocida colección de relatos que se publicaba en Madrid con aquel título, que nada tiene que ver con el diario de Pontevedra. Para terminar, la guinda que faltaba a la indigesta tarta: nada menos que un libro con sus precisas característidicas (Las alas de Icaro. Madrid, 1913) se da como de Julio Camba, atribución que repiten infatigablemente otras biografías, cuando lo cierto es que ese libro no existió y sin duda se tfata de una confusión con otro de parecido título (Los nietos de Icaro. Madrid, 1911) de su hermano Francisco, con el que ni siquiera coincice en el año de edición. Antonio ODRIOZOLA sátira sin veneno ABC, que fue su periódico durante tantos te, por un artículo publicado en este periódico años, y en otros diarios. Camba, que vino- Plumas de avestruz obtuvo, en 1952, muy joven a Madrid, pronto dejó discurrir su el premio Mariano de Cavia. sátira sin veneno por tertulias y redacciones, Se adscribió al modernismo de la mano de Julio Camba, viajero infatigable, vivió anclaRubén Darío, los Machado, Valle- lnclán y Ba- do en la habitación del hotel durante trece roja. Fiel admirador de Galdós, quien, por años. Sólo la abandonó cuando una trombocierto, tenía hacia él afectos auténticamente sis cerebral le clavó las garras, y sus amigos paternales, marchó a América, y al volver, fue le llevaron engañado a la clínica. enviado, por La Correspondencia EspañoCuenta el padre Félix García, su confesor, la a Constantinopla. Estuvo ocho años se- que aceptó la muerte con admirable y resigguidos viajando por e! mundo aprendiendo nada melancolía. En su hora definitiva sintió francés, inglés, alemán, italiano, turco, griego, la reviviscencia de la fe primera, limpia y claruso... Ingresó en la Redacción de ABC y co- ra de la niñez. Esa niñez aventurera que le menzó a publicar, recopiladas en libros, las llevó, a los trece años, a embarcarse como crónicas que había ido enviando a La Co- polizón en la bodega de un trasatlántico que rrespondencia El Mundo La Tribuna o se dirigía a Buenos Aires. Una vez allí, y se El Sol Como corresponsal de ABC estuvo gún contaba él mismo: Me dediqué, a las en Francia, Alemania, Inglaterra, Portugal y pocas semanas, a escribir artículos tremeEstados Unidos hasta su regreso a España bundos en los periódicos. Me tomaron por un en 1949. El 8 de julio de ese año se instaló anarquista terrible. Me comía a los hombres en el que sería su hogar definitivo: la habita- crudos. Las autoridades me preguntaron: ción 383 del hotel Palace, de Madrid. Tras un ¿Usted qué es? Anarquista, dije, echándoles prolongado silencio, su firma vuelve a apare- mis trece años a la cara como pudiera decir cer en las páginas de Arriba Precisamen- Napoleón o el rey de Abisinia.