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ABC, póg. 34 TRIBUNA ABIERTA VIERNES 27- 2- 87 Malone calla, culpable al mismo tiementonces escripo, la hora de la elecbe. Nada más ción y la necesidad, la insoportable que el siImposibilidad de la noPor Juan María CALLES lencio. Ningún abismo escritura. El lector sólo más insondable para el Juan María Calles (Cáceres, 1963) obtuvo el último premio Adonais con su libro Silencio se adormece ante una escritor que la página celeste revelador de una sólida personalidad poética que engarza tradición e investiga- e s c r i t u r a insulsa y en blanco. Y ningún ción en unos versos de deslumbradora plenitud reflexiva. Publicamos a continuación su pri- -acartonada, ante la castigo más cruel para mer artículo, en el que el joven poeta se interroga sobre el misterio de la escritura, charlatanería vacua el lector que la literatuque se engalana con el ra como palabrería. Frente al discurso estúpi- carne y de conciencia puede servir. Será ne- dominio del género y del estilo, pero que no do sólo cabe el silencio absoluto. Siendo la cesario iniciar ese movimiento desde el peso asume su auténtica dimensión de abismo: la escritura un estado transitorio y no siendo el hacia la levedad, siguiendo la productiva ima- escritura como un viaje del que nunca se reescritor profesional de nada, estamos habi- gen de Kundera, olvidar el lastre de la res- gresa. tuados, contradictoriamente, a la continuidad ponsabilidad en la Historia y acercarse a la El grado 0,999... de la escritura. Sin esa inde la obra cuando lo excepcional es el he- levedad del abismo de la escritura, empuja- vitación, el libro cae de las manos como un cho mismo de la escritura (y no menos, en dos por un ligero y obsesivo pulso: la necesi- peso insoportable, se convierte en la patente este país anómalo, la publicación) ¿Una ano- dad orgánica. de clase que únicamente satisface estómamalía más en un país anómalo por excelengos. Por suerte, hay excepciones, son las cia? Objetivo: encontrar al culpable. Toda moral que conforman una escritura auténtica- norNo recuerdo haber venido, jamás podría implica la existencia de una culpa (y o vicemalmente deconstruyendo la literatura. marcharme. Peregrino en una tierra de nadie, versa) De algún modo, el poeta, el hacedor, Cuando no existe ese viaje a los infierextranjero sin futuro, abocado inevitablemente intuye el carisma del pecado de esa página nos queda una opción nueva y extraña, inhacia una minoría lectora, el poeta escruti- primigenia que lo impulsa hacia un territorio voluntaria y leve, una escritura cercana al na su deficiencia al tiempo que palpa la inso- desconocido. La hora del lector no es sino grado 0,999... el silencio. portable carga de su empeño. Una página en una- o t r a- desafortunada alegoría que vieO si no ¿qué diría una voz que hablara diblanco, un espacio roto. Cualquier vestigio de ne a sustituir, a posteriori, esa hora virginal y ciéndose yo? s LA ESCRITURA Y EL ABISMO los jóvenes de los años sesenta se alzaban en durísimas protestas, disconformes con muchas cosas, en centros universitarios como París, Berkeley y Lovaína; cuando el mayo francés hizo temblar los cimientos políticos del país galo, y cuando, asimismo, la masa estudiantil norteamericana seguía a Herbert Marcuse y daba la espalda a la vida muelle de su pueblo, algo verdaderamente importante estaba ocurriendo en el mundo. ¿Qué deseaban aquellos jóvenes? En París correría un grito que se hizo popular: ¡La imaginación al poder! En Estados Unidos se protestaba, sobre todo, por la guerra del Vietnam. En Bélgica era, entre otros motivos, la lucha entre francófonos y flamencos. En Praga (también había que tener presente la lucha de los jóvenes checos por liberarse de un régimen que los sometía a Moscú, algo que la izquierda calló, a la vez que se sentía gozosa por las revueltas en Occidente) en Praga- decía- asimismo, hubo tensiones y luchas callejeras, muy heroicas, como se deduce leyendo algunos libros de Milán Kundera. ¿Y en España? ¿Qué sucedía aquí? ¿Cómo se miraban, desde diferentes ópticas, las revueltas estudiantiles? Aquí, desde la rigidez del régimen y desde muchos sectores sociales, acomodados o amorfos, se criticaba con dureza esa actitud. Desde la izquierda, más ó menos organizada, en su quehacer clandestino del interior o desde las plataformas situadas en el exilio, se aplaudía y se apoyaba el comportamiento de los jóvenes. Incluso, como ocurre casi siempre, había sus manipulaciones, sus ayudas más o menos declaradas. Algo normal, después de todo. ¿Y qué ocurre ahora, veintitantos años después? Pues ahora, cuando de nuevo otra generación de estudiantes- l a mayoría con menos edad que la de entonces- sale a la calle, promueve huelgas totales y manifestaciones masivas, también oímos críticas airadas o, cuando menos, poco solidarias y llenas de incomprensión. ¿Qué desean estos c r UANDO LOS JÓVENES QUE VIENEN cosas para que vegetaran en su pasotismo; todo compensado por las muchas libertades, Por Rodrigo RUBIO a través de las que se conseguía más igualjóvenes de ahora? dicen. Y son palabras muy dad en los Sexos, crecía la homosexualidad, parecidas a las que pronunciaban gentes aco- los travestidos, el consumo de drogas y otras modaticias de los años sesenta, con la salve- variaciones para la ruina. dad, poco grata para el observador, de que De alguna manera- y sobre todo cuando muchos de estos protestones de hoy vieron aún vivía el viejo Profesor, tan cordial siemcon buenos ojos las revueltas de antaño. ¿Y pre con los muchachos- todo parecía atado por qué? Entre otras cosas, porque eran gen- y bien atado. Pero he aquí que de pronto la tes de la lucha antifranquista y todo lo que se mayoría de los jóvenes dejan a, un lado su hiciera en las Universidades o en las fábricas pasotismo, ven la realidad que les rodea- e n era válido para debilitar el régimen. la enseñanza y fuera de ella- y se organizan Ahora muchas de estas gentes, subidas en para la protesta. ¿Lo hacen por capricho? el quehacer del socialismo descafeínado que ¿Son hijos de papá aburridos, con dinero de nos gobierna, creen, al parecer, que nadie sobra en los bolsillos? ¿Son todos aharcos, tiene que protestar ya por nada. Llegan a de- verdes, ecologistas, añtiOTAN, etcétera? ¿Se cir incluso que los jóvenes, manipulados o dejan arrastrar por los grupúsculos ultras, los no, piden cosas imposibles. No quieren ver que berrean en el fútbol y están dispuestos a los problemas relacionados con la enseñan- la pelea callejera siempre? za, que son muchos y graves, pero menos No cabe duda que existe algo de todo eso, aún ese problema general y más profundo pero tampoco se puede afirmar, y menos que es la falta de perspectiva, cara al futuro, desde el Gobierno, como ha hecho su portaque tienen estas nuevas generaciones. Esto voz, Javier Solana, que la base de esos mochoca y desconcierta. Antes, pues, los jóve- vimientos y manifestaciones se deben a los nes tenían motivos para la protesta y ahora que persistan en su idea añtiOTAN. Quienes ya no. Uno cree, sin embargo, que cuando digan esto, o los que crean que los jóvenes, algo se mueve, en cualquier época, es por- en general, no tienen por qué protestar, caen que existen razones para que así sea. Los jó- en un error grave. Quizá el Gobierno sepa, venes de los sesenta querían otra política, aunque no lo diga, que existe un problema de una sociedad diferente, y encontraban dificul- fondo que trasciende incluso al de la ensetades para ello. Pero les quedaba la esperan- ñanza. Es el problema de futuro para esa juza de que su lucha callejera tenía una ventud. Y también se dirá el Gobierno (de ahí proyección de futuro, a diferencia de ahora que se haya dispuesto a negociar) que estos en que la protesta se basa, sobre todo, por- jóvenes de ahora mismo, tan crios aún, son que no ven salida clara para su propio futuro. la nueva sociedad que viene. Muchachos que La diferencia es sustancial y dramática. se cansan de ver crecer su carne sin una Por otra parte, el Gobierno socialista tam- proyección social y laboral. Jóvenes, por otra bién parece un tanto sorprendido e incrédulo parte, que ya- no baten palmas por banderas ante los movimientos masivos de los jóvenes o siglas más o menos acomodadas al vivir de hoy. Es como si ese Gobierno durmiera desde el poder. Son ásperos, protestan. Pero confiado, tanto como había hecho, desde to- ahí están, vivos, rebeldes, con las ideas muy das las movidas, para que los jóvenes tuvie- claras respecto a que ellos ahora tienen, paran conciertos de rock muchísimos bares radógicamente, los caminos más cerrados o para consumir cerveza (las litronas que se to- estrechos que los de otras generaciones. Esa man los chavales a morro) y otras muchas es la cuestión.