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VIERNES 27- 2- 87- OPINION ¿ABC, pág. 15 L debate sobre el estado de la nación, en su vertiente económica, se había producido en un momento clave. Todos, de mejor o peor grado, han acabado por comprender que un coste obligado de la democracia- y la alternativa no es deseable- es el atenuar exigencias y magnificar concesiones en los momentos elect o r a l e s Fue d o l o r o s o porque es muy difícil que volvamos a encontrarnos en una situación que, como la de 1986, de modo simultáneo, esté dirigida por las cuatro varitas mágicas de la baja del precio del petróleo, de la caída considerable del dólar, de la formidable disminución en los precios de las materias primas y los alimentos y de la reducción de los tipos dé interés. Por eso, el mundo de la economía se dispuso a escuchar el mensaje del Gobierno con el mejor de los talantes imaginables. Lo hacía desdé la seguridad de que nos esperan en este sentido momentos muy difíciles. Los tipos de interés en España tienden a crecer; los salarios, a causa de los resultados electorales sufridos por UGT, van a negociarse en el clima de ruptura del Acuerdo Económico y Social, con el riesgo de algún impulso al alza de los costes laborales por unidad de producto; las ayudas europeas a nuestra agricultura tendrán unos saldos netos negativos; el paro permanecerá en el umbral de los tres millones de personas; el gasto público previsto por el presupuesto de 1987 no dejará de plan- tear problemas; en fin, la Seguridad Social parece ser un pozo sin fondo para engendrar agobios financieros, y el déficit de la balanza comercial no tendrá arreglo de momento. He ahí un haz de agobios, no exhaustivo, que de a l g ú n modo requiere toda una política económica de conjunto. En definitiva, ya sin ataduras electorales, el mundo económico buscó una señal de que se sabía hacia dónde se c a m i n a b a ¿Vamos a crear otra agricultura, o es preferible vivir en los escombros de la que termine por resultar del choque con Europa? ¿Vamos a mantener, al modo de Gran Bretaña, los anquilosados sectores industriales que reciben el nombre de maduros en el léxico actual, o hacemos un E EL DEBATE ECONÓMICO esfuerzo para que aparezca entre nosotros un nuevo y ágil mecanismo productivo i n d u s t r i a l al modo que reaccionaron los italianos? ¿Qué nos proponemos hacer de cara a un problema tan ineludible como es la articulación de nuestra economía con la portuguesa? ¿Qué es admisible y qué no en la reconstrucción de nuestro maltrecho Estado Providencia? ¿Apostamos de una vez por el sector servicios? ¿Iniciamos unos nuevos modos fiscales al compás de la precisa reforma de la reforma tributaria? ¿Por dónde ha de caminar la reelaboración de un nuevo plan energético? ¿Para qué continuar? En lo económico, en el Congreso de los Diputados, todo se orientó hacia la exhibición de una curiosa mezcla de complacencia, de minimización de problemas, y de ausencia de soluciones a medio plazo. No se puede competir con Europa en esta situación de oscuridad Empresarios y sindicatos esperan una dirección, una verdadera política económica. ARIOS meses después del estallido del Irangate está claro que la Administración americana actuó sobrepasando los límites de la ley al menos para rozar esos m á r g e n e s donde el hombre poco escrupuloso se mueve en una zona gris una zona en la que pueden difuminarse ciertas infracciones, a condición de emplear un código tolerante respecto a la fuerza implacable de la ley. La Comisión Tower no lo ha creído así. El respeto de la ley se mantiene intangible, sin deslizamientos hipócritas. La ley será dura, pero es la ley y, en este sentido, es necesario reconocer que el comportamiento presidencial traspasó las fronteras del código con cierta desenvoltura en la que existe una responsabilidad mucho mayor de sus colaboradores que del propio presidente. Pero la exigencia de responsabilidades y comportamientos particulares de funcionarios desaprensivos no puede ni debe inutilizar a V FIN DEL MÁNGATE L A oposición ha carecido del instinto político y del valor cívico necesarios para terciar como debía en el caso Yoldi, aunque en ello- obligado es reconocerlo- -ha sido coherente con la inhibición precedente de la casi entera clase política. Como prácticamente nadie hizo lo que debía, se han establecido las condiciones suficientes para que un acusado de gravísimos delitos de terrorismo usara tribuna parlamentaria. Esa falta de valor cívico a que aludimos se ha combinado, como síntoma general, con torpezas como la cometida por la directiva del Club Siglo XXI, al invitar a un conspicuo representante de Herri Batasuna. Pero ello, por fortuna, ha tenido su contrapunto en la reacción de algunas fuerzas sociales y en actitudes como la de José María Cuevas, al darse de baja en esa entidad como protesta, seguida de la misma manera por otros socios. EL VALOR CÍVICO Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC de Sevilla Francisco Giménez- Alemán Subdirector: Antonio Burgos ABC Subdirectores 0. Valcárcel, J. Vila, J. Javaloyes, M. Adrio, R. de Góngora, J. Amado Jefes de Redacción: J. A. Gundín (Continuidad) J. C. Azcue (Internacional) B. Berasátegui (Sábado Cultural) A. Fernández (Economía) J. I. G. a Gajrón (Cultura) A. A. González (Continuidad) R. Guíen- ez (Contra dad) L Lz. Nicolás (Reportajes) C. Mantona (Continuidad) J. L. Martín Descalzo (Sociedad) J. 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Apañado 43 Prensa Española, S. A. un presidente en sus funciones ejecutivas. Si existieron imprudencias, semejantes faltas deben reducirse a su dimensión justa. La Comisión Tower reconoce con elogiable objetividad que el destino desconocido de los pagos iraníes no pueden encontrarse en el bolsillo de los contras nicaragüenses, ni mucho menos que el presidente Reagan ordenase la operación como arbitro supremo. Y aquí es donde parece que el informe de la Comisión tiene valor definitivo. La negligencia del Presidente ante el abuso de sus colaboradores podría admitirse como indiscutible. Pero entre la negligencia y la complicidad, en el mejor de los casos, existe una diferencia que la Comisión Tower no ha querido- -no ha podio d o- franquear. Ninguna prueba, dice el iaforme, existe de que Reagan estuviese al corriente de unas desviaciones de fondos precisas y determinadas. Queda en cambio claramente establecido que el presidente Reagan intentó desde el primer momento clarificar el escándalo montando para ello los mecanismos de investigación necesarios. Reagan pudo ser negligente, pero no ha sido nunca ni embustero ni encubridor. Como balance del escándalo, puede decirse que existió sin duda una venta de armas ilegal con el pretexto de salvar la vida de un número determinado de rehenes. Que los fondos obtenidos de estas ventas no tuvieron destino evidente y que en toda la confusa operación determinados individuos adoptaron decisiones colocadas al exterior de sus atribuciones legales. También parece probado que el intento de sacrificar al presidente, pretendido por tantos de: nunciantes, no pudo ser alcanzado. El prestigio de Ronald Reagan ha sufrido, sin duda alguna durante el proceso, y su ligereza puede costarle cara al Partido Republicano, pero no ha sido desleal ni embusterio. Irangate no fue Watergate. Porque quizá, en el fondo, ciertos fiscales aficionados pret e n d í a n mucho más que obtener la verdad, pura y simplemente, hacer de Reagan un segundo Nixon. Y esto, con toda evidencia, no ha sido posible.